Revolución en el país de los proletarios

Artículo publicado el 15 de Junio de 2004
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Artículo publicado el 15 de Junio de 2004

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Los mercados laborales de los nuevos miembros de la Unión Europea han conocido mutaciones rápidas que podrían forzar a sus trabajadores al exilio. La evolución del nivel del empleo local se vuelve preocupante.

Los antiguos países comunistas emprendieron amplias reformas con el objetivo de transformar sus economías socialistas planificadas en economías de mercado. Estas restructuraciones llevaron a profundas mutaciones económicas y sociales, modificando de forma duradera y visible las características de los mercados laborales nacionales. Estas introdujeron sobre todo diferencias regionales cada vez más marcadas, en países donde, por otra parte la especialización sectorial es históricamente muy implantada, y el desempleo creciente, en áreas donde era casi nulo hace quince años. Frente a estos desafíos ante los que los nuevos miembros de la UE no estaban preparados, y por culpa de las diferencias de ingresos y sueldos, sus vecinos del Oeste llegaron a temer flujos masivos de inmigración, haciendo de este tema uno de los mayores debates precursores a la ampliación.

Mutaciones

La principal mutación de los mercados del empleo de los nuevos países tiene que ver con la parte que ocupa cada sector de actividad. Todavía importante, el sector primario recogía el 21,2% del empleo en 2001, mientras que el sector industrial veía su presencia reducirse (31,4% del empleo) y el sector de los servicios estaba todavía subdesarollado (47,4%). El paro apareció masivamente y en muy poco tiempo (aunque hoy se observa una ligera caída), transformándose en un asunt realmente preocupante. La parte de población activa (compuesta de muchas más mujeres que en Europa occidental) no disminuyó, mientras que el número de empleos caía fuertemente al comienzo de la transición. El desempleo pesa mucho, sobre todo sobre un sistema de protección social que apenas arrancó: el paro de larga duración representa una parte muy importante del paro global y alcanzaba el 63% de la población en busca de empleo en Eslovénia en 2000. Las políticas de empleo no logran controlar esta plaga, y se ven obligadas a prestar menos atención a otros asuntos que hubiera sido mejor desarrollar, como la formación contínua.

El trabajo independiente por su parte sube ligeramente. No deseado hasta hace poco, era casi inexistente, menos en Polonia, donde la preponderancia del sector agrícola lo había hecho posible. Hoy, se percibe con razón como un indicator de dinamismo de la innovación conectado con la esperanza de una mayor creación de empleo, se vé vivamente apoyado. Partiendo de esta observación, los economistas se preguntan sobre las consecuencias de eventuales flujos migratorios de los diez nuevos miembros hacia la antigua Europa de los Quince…

Migraciones limitadas

Según varias fuentes, sobre todo institutos alemanes como el Institut für Arbeitsmarkt- und Berufsforschung (Instituto de investigación sobre empleo) y austríacos, pero también investigadores europeos en el marco de un importante trabajo realizado para la Comision Europea, se estima que el número de residentes extranjeros originarios de los diez nuevos miembros debería aumentar a razón de 335000 personas al año después de la introducción de la libre circulación de los trabajadores. Este número podría reducirse a menos de 150000 personas diez años más tarde, y se calcula alcanzar el tope de la población de los países miembro que fueron parte del bloque comunista de aquí a treinta años, con un 3,5% de la población total de la antigua Europa de los Quince. Los que expresaron sus inquietudes sobre los flujos masivos de «trabajadores del Este» y temen igualmente las repercusiones consecuentes sobre los niveles salariales, pueden entonces quedarse tranquilos. Está demostrado que una aumento del 1% de la parte de extranjeros en una rama de actividad, disminuye los salarios en un 0,25% en austria y en un 0,6% en Alemania. Estamos, Además, ante una inmigración distinta de las demás: suele ser temporal.

Hay que recordar que las regiones de destino de estos flujos migratorios son países envejecidos como Alemania, necesitadas tarde o temprano de una mano de obra extranjera, joven y cualificada. Éste debería ser el perfil de las personas susceptibles de inmigrar en los próximos años (las personas menos cualificadas teniendo ya la posibilidad de trabajar en países vecinos gracias a acuerdos bilaterales). En detrimento, por cierto, de sus respectivos países.

Los perdedores: los países de origen

Si el debate se ha centrado sobre las consecuencias de los flujos migratorios en el oeste, estos flujos pueden ser sobre todo nefastos sobre el mercado del empleo en los nuevos Estados miembro. Por una parte, las poblaciones de estos países van a envejecer también; por otra, las restructuraciones vigentes necesitan individuos bien formados y capaces de adaptarse rápidamente a las nuevas exigencias del mercado. En cambio, son estas personas las que emigrarán, obstaculizando así las políticas emprendidas, y empeorando la situación económica y el paro a nivel nacional. llegará el día en el que los economistas europeos se interesen por estudiar, para prevenirlos, tales efectos nefastos para las economías nacionales en plena mutación de los nuevos miembros. Porque es efectivamente el nivel de empleo en estos países, y la perspectiva de ver disminuido el paro, lo que reflejarán sus rostros en los veinte próximos años.