Ricky, de François Ozon: Un niño volador con aires de Buñuel

Artículo publicado el 7 de Febrero de 2009
Artículo publicado el 7 de Febrero de 2009
El amor te da alas para volar. El dicho se toma de forma muy literal en la nueva película de François Ozon. El director, conocido gracias a su película 8 Mujeres, muestra en Ricky un realismo muy sobrio que se desvanece hasta llegar a ser Peter Pan en la Tierra de Nunca Jamás

Dicen que la Berlinale retorna a sus raíces políticas. Los Roling Stones has dejado el escenario por luchas contra bancos corruptos y capitalismo salvaje. François Ozon no sigue la tendencia o, por lo menos, no completamente. La película empieza en una fábrica francesa, donde Kathie (Alexandra Lamy), madre soltera, se enamora de Paco (Sergi López), un obrero español que se ha unido al equipo. Es amor a primera vista y el fruto de su pasión se llama Ricky. Sin embargo, no es tan fácil vivir juntos para todos los miembros de esta familia de retales, especialmente porque Ricky es un bebé muy inusual. ¡Tiene alas como un ángel!

Cuando se descubre este hecho tan peculiar, Ozon cambia completamente la narración y lleva al espectador a una montaña rusa de estilos y géneros. Desde el drama a la comedia, desde la fantasía al absurdo, el director le rompe al público cualquier expectativa. Y funciona bastante bien, gracias a una asombrosa Alexandra Lamy, hasta ahora conocida en filmes de comedia ligera. En Ricky consigue adaptar su papel a distintas situaciones y a la vez permanecer como un carácter integral. En cambio, Sergi López retrata, una vez más, a un personaje superficial, con gran temperamento y un corazón gentil.

Hasta el final de la producción, François Ozon no tuvo el éxito nada claro. “Se me ocurrió la idea para el guión leyendo una historieta de Rose Tayman. La primera reacción fue pensar que era una inspiración para los hermanos Dardenne o para una película de Disney”, dice el director con una sonrisa astuta. De pronto, encontró su toque, mezclando realidad con ficción, como en Swimming Pool. Cuando Ozon habla de sus personajes, mundos soñados y las alas de Ricky -que representan para él el poder de escapar de la realidad-, evoca el mundo surrealista de Luis Buñuel: “Las películas sueñan como si fueran reales y la realidad como si fuera ficción”. La frase de Buñuel describe Ricky perfectamente. La película es una maravillosa y poética historia y a la vez una auténtica crítica social. O, de una forma más pintoresca, Ozon nos muestra una yegua vieja con aires de unicornio.

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