Rilke, poeta apátrida europeo

Artículo publicado el 28 de Agosto de 2007
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Artículo publicado el 28 de Agosto de 2007
Nacido en Praga en 1875 y enterrado en Suiza en 1927, el poeta Rainer Maria Rilke, vivió en primera fila la descomposición de la Europa de los imperios y las aristocracias venidas a menos.
Surgido de una familia de la elite austrohúngara, pasó media vida viajando por todo el continente al ritmo que le marcaba su salud de naturaleza frágil y enfermiza, así como sus amistades siempre mimadas mediante una prolífica actividad epistolar. Alemania, Francia, Italia, Suecia, Bégica, Holanda España, Rusia, Suiza, etc., fueron varios de los países que acogieron a este escritor que apenas regresó a su ciudad natal. Tras la I Guerra Mundial y la desintegración del Imperio Austrohúngaro, se convirtió en un apátrida. De ahí que pueda considerarse uno de los primeros poetas puramente europeos de nuestra época, un individuo desapegado de las pasiones nacionalistas de sus coetáneos.

Tras la I Guerra Mundial y la desintegración del Imperio Austrohúngaro, se convirtió en un apátrida. De ahí que pueda considerarse uno de los primeros poetas puramente europeos de nuestra época, un individuo desapegado de las pasiones nacionalistas de sus coetáneos.

Castillo de Duino, en Italia, donde Rilke pasó largas temporadas (Foto, Deanz/Flickr)Castillo de Duino, en Italia, donde Rilke pasó largas temporadas

De hecho, desde muy joven, consideraba al Artista como un ser sin “más patria que sí mismo”, rechazando que se pudiera catalogar a los creadores como de una nacionalidad o de otra: “Que el Arte, en su cumbre, no pueda ser nacional hace que cada artista nazca, hablando con propiedad, en el extranjero”, le escribió a la poeta rusa Tsvetaieva. No sorprende, pues, que este praguense que solía escribir en alemán, también usara sin complejos la lengua francesa para componer sus versos, practicando un multilingüismo excepcional en la Historia de la Poesía europea, algo que más tarde, en los sesenta del siglo XX, poetas como Paul Celan desacreditarían afirmando “no creer en el bilingüismo en poesía”. Pocos son, en efecto, los versificadores europeos que han decidido –anecdóticamente, además- expresarse en varios idiomas: Samuel Beckett, Rafael Alberti… Ahora bien, lo que hace de Rilke un poeta moderno es su concepción de la vida del artista como una experiencia volcada hacia el descubrimiento del mundo interior propio antes que como una búsqueda del reconocimiento exterior. Su concepción individualista de la soledad en la que se encuentra el Hombre en todo momento de su vida, ha marcado a generaciones enteras de poetas en el siglo XX hasta nuestros días. Sus cartas al joven poeta alemán Kappus –tan relevantes en la Historia de la literatura como sus poemas- nos descubren un sencillo manual acerca de la actitud que, a su entender, todo artista debe educar en sí mismo para completar su desarrollo como tal.

A continuación transcribimos 2 de los poemas que Rilke escribió, menguando ya su vida, en francés.

Nuestra penúltima palabra igual es miserable, pero ante la conciencia-madre la última bella será. Pues es menester que se resuman todos los esfuerzos de un deseo que ningún regusto de amargura sabría contener. ******* Detengámonos un poco, charlemos. Soy de nuevo yo, esta tarde, quien se expresa, Es de nuevo usted quien me escucha. Más tarde, otros jugarán A ser compañeros de ruta Bajo estos hermosos árboles que nos prestamos.