Risas sin fronteras

Artículo publicado el 24 de Agosto de 2015
Artículo publicado el 24 de Agosto de 2015

Vivimos rodeados de malas noticias: desastres naturales, guerras civiles, zonas de conflicto... La necesidad de ayuda humanitaria de comida o medicinas. Pero, ¿cómo ayudar a sanar almas? Cafébabel se reunió con Kevin Brooking, co-fundador de Clowns et Magiciens Sans Frontières (CWB-Belgium), que nos habló de cómo dibujar sonrisas en las caras de las personas que más lo necesitan.

Una ceremonia que crea felicidad

¿Quiénes son Payasos y Magos sin Fronteras?

Cuando fundamos Payasos sin Fronteras en Bélgica, ya existían en Francia, EE.UU. y España, así que fuimos los cuartos en hacernos miembros. Se unió un mago al principio, por eso nos llamamos Payasos y Magos sin Fronteras, y había otro payaso y artista de las marionetas. Lo comenzamos los tres cuando volvimos de Gaza, donde habíamos hecho un taller de una semana. Nos conmovió ver lo que significa el intercambio de ideas a través del arte y la cultura, al enseñar teatro y circo, para comunicar y dar voz a las personas.

Entonces, ¿qué hacéis exactamente?

Depende del proyecto. Cada uno es diferente porque tenemos distinto público y distintos motivos por los que ir —a las que llamamos «giras»—. Hemos actuado en campos de refugiados donde nuestro público era de hasta 2.000 personas, así que necesitábamos imágenes y espectáculos del tamaño suficiente para comunicarlos a tal audiencia. También pensamos en el motivo por el que estamos allí, su contexto. Por ejemplo, la última gira fue en Nepal después del terremoto. Los artistas tuvieron que preparar un espectáculo ligero que pudiesen llevar en sus mochilas porque iban a viajar por pueblecitos destruidos a los que solo se podía acceder por senderos. A veces caminaban por la montaña hasta cuatro horas, por eso necesitaron llevar atrezzo ligero que era a su vez para un público de 300-500 personas.

Una gira no es cosa de risa

¿Cómo se planea y se lleva a cabo una gira?

Siempre tenemos asociados locales de ONG internacionales con las que trabajamos sobre el terreno. Cuando fijamos un país que visitar, nos comunicamos con ellos y entonces organizamos las giras; ellos saben al detalle a dónde tenemos que ir. Por ejemplo, en Nepal se habían creado zonas para niños porque sus padres estaban reconstruyendo casas, pueblos, escuelas. Necesitaban estas zonas donde los niños estuvieran seguros y donde pudieran recuperarse del trauma. Los asociados conocían de primera mano que estos eran los lugares perfectos donde Payasos sin Fronteras podría ir a actuar.

¿Cuáles son los mayores retos a los que os enfrentáis?

Tan sencillo como ensayar en diciembre, aquí en Bélgica en una sala sin calefacción, un espectáculo de cuerdas, practicando los saltos para la actuación en Burundi. Claro que, ensayando en una sala sin calefacción, podíamos estar saltando todo el día, así entrábamos en calor. Pero cuando llegamos al primer espectáculo en Burundi, donde hay clima tropical, caímos al suelo agotados y comprendimos que no podríamos saltar la cuerda como en el invierno belga. Así que tuvimos que acortarlo a la mitad. Son cosas en las que no caes cuando estás ensayando, pero de los errores se aprende. Solemos cambiar el 50% del espectáculo.

También encontramos cosas maravillosas que añadir al espectáculo. En uno en Nepal hicimos caminar sobre la cuerda a una marioneta con forma de niño, y a la gente le encantó este fabuloso enfoque. Una estupenda titiritera dio vida a aquel muñeco. Su fragilidad creó una imagen con la que la gente conectó.

Cómo tomarse en serio a un payaso

¿Qué me dices de la parte administrativa de la gira? ¿Alguna vez habéis tenido problemas con las autoridades locales?

Se dan distintos casos. Un caso es tener los permisos legales para ir al pueblo; si vas sin documentación o no eres bien recibido, te puedes ver envuelto en un problema de jerarquía. Por eso son tan importantes algunas visitas de cortesía. De hecho, se nos denegó el acceso a una zona de Burundi porque el líder de la comarca estaba ausente y la segunda persona en la jerarquía no podía asumir el riesgo de dejarnos pasar. Tuvimos que llamar a la embajada belga, que se puso en contacto con el líder de la comarca y al final nos dejó pasar y actuar.

Tuvimos otro incidente cuando fuimos a Chad a actuar en un campo de refugiados. Primero hicimos unas visitas de cortesía a las principales aldeas en las que se encontraban estos campos, al jefe del campo de refugiados y luego al jefe de policía o militares. Necesitábamos la debida autorización, pero es que ellos ni siquiera sabían lo que es un payaso. En francés payaso se pronuncia "clun". Así que la primera pregunta que nos hizo un militar cuando nos presentamos en francés como Clowns Sans Frontières fue "What's a clou?" —¿qué es clou?— (clou significa 'clavo', pero en francés se pronuncia 'clu', similar a la pronunciación francesa de payaso). "Are you clooners? Are you nails?" —¿sois clavos?—, y contestamos "No, no somos clavos, ¡somos payasos!". Entonces hicimos a él y a todos un truco de magia y comenzaron a reír. Así cambió el tono de la conversación. ¡Fue muy divertido!

La ayuda humanitaria se suele asociar a lo material. ¿Alguna vez os han tratado con escepticismo por lo que hacéis?

Hemos encontrado diferentes reacciones ante nuestra labor. Llevamos ayuda, pero no en forma de objeto. En una escuela donde actuamos en Burundi nos dijeron: "Bien, ya habéis actuado, ¿qué nos vais a dar? ¿Dónde están los juguetes?". Y les contestamos: "Bueno, ¡nosotros somos los juguetes!". Los niños lo entienden. Ellos ven el espectáculo, les gusta y se acuerdan cuando volvemos. Algunos (payasos) han vuelto y se han encontrado con que aún cantaban las canciones del espectáculo meses después. Nuestra labor también da sus frutos, pero de manera sutil. Nos surgen muchos retos y frustraciones al sentir que no hacemos suficiente. Nunca es suficiente. Ves a los críos jugar al fútbol con bolsas de plástico atadas y piensas "¿Qué costará traer una caja llena de balones desinflados, hincharlos y repartirlos?". Y entonces es cuando te das cuenta de que podrías traer esas cosas, hacer tu espectáculo, hacer todo lo posible y aún así no sería suficiente. Ahí es donde se encuentra el desafío.

Sin fronteras

Hacéis muchas giras internacionales. ¿Dónde pueden los belgas ver espectáculos de los Payasos y Magos sin Fronteras de su país?

Tenemos también un proyecto belga con diferentes enfoques. Hicimos un maravilloso proyecto llamado "Payasos en prisión"; los payasos iban a la cárcel en días de visita. Cuando madre e hijo van a visitar al padre a la cárcel se puede dar un momento difícil, así que creamos un pequeño espectáculo al que pudieran asistir los niños con sus padres y así romper el hielo. Hacemos espectáculos para familias sin hogar —en centros para personas sin hogar— y hemos actuado en centros de refugiados, y cada año actuamos en el Petit-Château. A veces, en Bélgica, los refugiados encuentran amparo en las iglesias, así que hemos actuado también allí. ¡Es una experiencia increíble! Trabajamos en todas partes, no solo en el extranjero.

Rompiendo barreras

Hoy en día, en el mundo hay más refugiados que en ningún otro momento de la historia, incluyendo la II Guerra Mundial, un total de 60 millones (Nota: datos de la ONU). Es una cantidad increíble de desplazamientos, traumas e inestabilidad. La integración es uno de nuestros objetivos, crear espectáculos donde los niños locales y los refugiados jueguen juntos. Cuando actuamos en Indonesia después del terremoto, que causó un montón de minusvalías, parálisis y amputaciones debido al derrumbamiento de edificios, Unicef nos propuso hacer un espectáculo con los niños discapacitados, pero involucrando a las escuelas locales. De ahí aprendí que la interacción es una manera muy potente y valiosa de usar nuestras actuaciones para reunir y dar a conocer a personas. ¡Estamos rompiendo barreras, no tenemos fronteras!

Si piensas que merece la pena ayudar a que los Payasos transmitan alegría, echa un vistazo a su página web y a su página de Facebook.