Ritmo latino en la cumbre de Viena

Artículo publicado el 10 de Mayo de 2006
Artículo publicado el 10 de Mayo de 2006

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Del 10 al 13 de mayo, Viena acogerá la 4ª Cumbre UE-Latinoamérica. La sociedad civil movilizada pone el acento en la lucha contra la pobreza y el acceso a los recursos naturales.

La ola de elecciones ganadas por candidatos de izquierda en Latinoamérica puede ser un caldo de cultivo favorable para reorientar el partenariado entre el subcontinente americano y la UE, centrado desde los años noventa en acuerdos comerciales. Por lo demás, la gran movilización internacional en 2005 contra la pobreza -con la participación directa de más de 15 millones de personas- tras el llamamiento mundial contra esta lacra, ha demostrado la capacidad de los ciudadanos europeos de hacer presión sobre los gobiernos para que respeten sus compromisos con los países en desarrollo.

Más allá de los encuentros habituales entre Jefes de Estado y líderes económicos, la Cumbre de Viena viene marcada por una cooperación cada vez más estructurada de las sociedades civiles europeas y suramericanas y la organización de una contra-cumbre que agrupará a más de 1.000 participantes. El foro euro-latinoamericano, que comprende a sindicatos y organizaciones no gubernamentales del terreno del medioambiente, los Derechos Humanos y la ayuda al desarrollo ha definido una serie de propuestas en una declaración, entregada a los Jefes de Estado y de Gobierno que pasarán por la cumbre.

Pretenden la creación de un fondo de solidaridad bi-regional centrado en la lucha contra la pobreza extrema en América latina. Un informe del Programa de naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD) publicado el año pasado subraya la relación directa entre el aumento de la pobreza y la debilidad del Estado de derecho en Latinoamérica. La UE, que otorga el 40% de la ayuda al desarrollo recibida por los países de Latinoamérica y el Caribe, opera un rol crucial. Sin embargo, un documento publicado a principios de abril de 2006 por ONG europeas muestra que los principales países europeos respetaban poco sus compromisos de consagrar el 0,7% de su riqueza nacional a la ayuda al desarrollo. Es más, el texto afirma que los principales Estados de los 25 inflan artificialmente sus cifras de ayuda al desarrollo, incluyendo gastos que no tienen que ver con la lucha contra la pobreza, como acogida de estudiantes extranjeros, gastos de servicios de acogida a inmigrantes o anulación de la deuda pública de Irak.

Acabar con el doble discurso

Otro tema fundamental que preocupa en Latinoamérica es la preservación y el acceso a los recursos naturales. La reciente naciolnalización del gas en Bolivia, apoyada por el 90% de la población, demuestra los efectos de la ausencia de acceso a los recursos básicos entre los más desfavorecidos. Los países de la UE deben por fin abandonar su doble discurso: animar por un lado la constitución de campeones nacionales para asegurar la independencia energética de Europa y por otro insistir en que las multinacionales europeas acrecenten su control de los mercados de la electricidad, del gas o del agua en Suramérica. Si la Unión desea realmente un partenariado estratégico con América latina, ¿acaso no debe tratar este acuerdo de consolidar su independencia respecto a las otras zonas del mundo?

Para luchar contra el doble rasero y presionar a los Jefes de Estado y de Gobierno, las ONG van a llamar durante la cumbre a “tejer alternativas”. A través de la puesta en pie de tribunales populares que vigilen las violaciones a los Derechos Humanos, o por ejemplo el corte de suministro de agua por parte de ciertas multinacionales, la contra-cumbre quiere pasarle el mensaje urgente a los Jefes de Estado de parte de la sociedad civil: la lucha contra la pobreza y el respeto a los Derechos Humanos son las verdaderas preocupaciones de los ciudadanos y deben constituir el cimiento de un nuevo partenariado.