Roger Woolger: Jung, reencarnarse y chamanes

Artículo publicado el 25 de Abril de 2008
Artículo publicado el 25 de Abril de 2008
Encuentro con este psicoterapeuta inglés, de 63 años, que conjuga la teoría junguiana con la filosofía oriental. Según él, las vidas pasadas nos ayudan a resolver nuestras neuras.

París, mediados de marzo. Me encuentro en una casa de principios del siglo dieciséis en el corazón de Marais, el barrio judío. El reloj de la cocina marca las cuatro. Es la hora de la cita con Roger Woolger. Su habitual taza de té hirviendo está lista, pero no lo escucho llegar. Espero, de todas maneras no ha sido difícil tener un encuentro con él. No he tenido que hacer llamadas por teléfono, ni coger el metro para atravesar la ciudad. El destino ha hecho que nos encontráramos, hace unos meses, cuando crucé el umbral de este edificio. Roger y yo vivíamos al lado e, indudablemente, no es el tipo de vecino que esperaba encontrarme. Es un distinguido señor inglés de mediana edad, con las mejillas sonrosadas y un aspecto amable que recuerda al cabeza de familia de las series americanas de los años ochenta.

A pesar de las apariencias, Roger Woolger es un psicoterapeuta junguiano, que basa su trabajo en la búsqueda de las vidas pasadas que, según afirma, influyen en nuestro presente.

En una jaula, desnuda y encadenada

Woolger estudió psicología e historia de las religiones en Oxford y en Londres. Empezó su carrera con unas prácticas en el Instituto Jung de Zúrich para evolucionar, con los años, hasta fusionar la psicología occidental con la reencarnación. ¿Cómo? Nuestra vida tiene memoria de aquellas pasadas, que dejan grabadas en los ojos los traumas de ayer. Este método, llamado Deep Memory Process, ayuda a pacientes que sufren ansiedades injustificadas, inseguridades y también molestias físicas. Permite, de hecho, visualizar los dolores soportados en las vidas pasadas y hacerlos revivir bajo la forma de psicodrama. Muchos sufren fobias. Fobia al abandono, a los espacios abiertos, al fuego, a volar.

“Una vez vino a verme una mujer que tenía miedo a salir de casa. Estaba tan aterrorizada por la gente que hacía que le llevasen la compra a su casa”, me explica. Aparentemente, puede parecer una psicosis, pero en mi profesión se buscan las imágenes irracionales, las raíces de las historias que habitan en el inconsciente. Al principio de cada sesión, Roger utiliza algunas frases para acompañar al paciente en la focalización de su miedo. No se trata de hipnosis real, sino de una regresión que permite visualizar las vidas anteriores. “En este caso”, continua, “mi paciente se reencontró siendo una esclava negra. Estaba en una jaula de madera en un mercado, totalmente desnuda y encadenada. Después, la escena se desplaza a una plantación, donde era continuamente violada por los dueños”. La verdadera razón de su miedo no era la muchedumbre, sino la mirada de la gente. Una vez visualizado el origen de la fobia, el doctor Woolger intenta que el paciente tome conciencia de que la experiencia que lo traumatiza pertenece al pasado, no al presente, y emprende el proceso para restablecer la autoestima.

El holocausto y la universidad

Entre los problemas tratados por Woolger está también la depresión, un mal que en el viejo continente, según la Comisión Europea, afecta al 4,5% de la población. Me habla de una mujer inglesa que la sufría desde siempre, sin que en su vida hubieran motivos que justificaran este malestar: “Algunas veces, para llegar a las causas desencadenantes, hace falta sumergirse en profundidad y detenerse en los detalles insignificantes”, dice mientras juega con la cucharilla. “Empecé a hacerle hablar de su vida, hasta que me contó la partida de su hijo a la universidad. No había ninguna emoción particular en su voz, pero la invité igualmente a revivir aquel día, manteniendo los ojos cerrados”. La llegada a la estación, las maletas en el tren, la ventanilla bajada y el hijo que se despide diciéndole que se volverán a ver en navidad. Después, los sollozos. ¿Qué ocurre? “Siento que no volveré a verlo nunca más”, dice la mujer entre lágrimas. Y ahora viaja lejos. El tren lleno de judíos y va directo a los campos de concentración. Madres e hijos son separados, y ella no volverá a ver nunca más al suyo. Morirá dos semanas después y este dolor, habiéndose impreso en su alma hasta la muerte, se representa en la vida actual bajo la forma de depresión.

Con los chamanes en América Latina

Roger habla con espontaneidad. Es fascinante seguirlo en sus aventuras en el más allá. Pero no quiere convencerme de nada. Es una persona que cree profundamente en lo que hace, y esto llama la atención. Me habla de los problemas que se pueden resolver en una sola sesión. Cuando, sin embargo, se enfrenta con el ego y la autoestima, se necesita más tiempo. En cualquier caso no trabaja más de seis meses con un paciente.

Ha desarrollado su actividad en América Latina, donde es fundador y director del Instituto para la Psique y las Tradiciones Espirituales en Salvador, Brasil. Cuando le pregunto qué historia le ha impresionado más, no duda ni un instante. Me habla de una joven brasileña que trabajaba como comadrona en un hospital pero, ironías del destino, ya había tenido dos abortos naturales. Justo después la habían hecho una operación en el útero a causa de unos fibromas. Las posibilidades de quedarse embarazada eran por tanto poquísimas. “A través de las regresiones exploramos su cuerpo. Y ella se vio de nuevo, joven, en una tribu en la cual sacrificaban a las mujeres y, en su caso, habían sacrificado su útero. Durante la sesión llamamos a los chamanes para ayudarla a reconstruir las partes más dañadas del útero”. Justo después de la terapia afirmó que se sentía mejor, y después de seis meses, volvió para anunciar que estaba esperando un bebé. ¿Entonces trabaja también con los chamanes? “Sí, sobre todo en América Latina. Para mí son los psicoterapeutas del mundo tribal y tienen un buen contacto con el mundo espiritual. Gracias a ellos he aprendido a trabajar con el aura, nuestro campo energético”.

Ha pasado más de una hora. Mañana Roger parte hacia Londres y tiene que acabar todavía una ponencia. Le doy las gracias, pero antes de que desparezca por la puerta quiero una dedicatoria en su libro, del cual he comprado la versión italiana (Otras vidas, otras identidades: la reencarnación como terapia, Ediciones Martínez Roca, 1991). Y él, con una sonrisa, se despide: “Para Elisa, te deseo una vida maravillosa, esta vez”.

Foto en portada: (2007, The Crossings/ rogerwoolger.com)