Roma, eterno centrocampista

Artículo publicado el 9 de Enero de 2007
Artículo publicado el 9 de Enero de 2007
Geográficamente en el centro, Roma traza su propio camino, concentrando identidades contradictorias venidas del norte y del sur.

“Roma es a la vez amada y detestada por todos los italianos”, suele subrayar el sociólogo Pietro Zocconali. “Sin embargo, los norteños la detestan un poco más de lo que les gusta, y a los sureños les gusta un poco más de lo que la detestan.”

Milanés de nacimiento, Marcello, 24 años, dejó la comodidad de su casa familiar, sus amigos y sus estudios en la universidad Bocconi de Milán, para probar la dolce vita romana. Un camino que pocos septentrionales toman. “En Milán, decimos que Roma sería una ciudad magnífica... si no hubiera romanos.”

Orden y caos

“Los romanos me parecen más espontáneos y menos impregnados de espíritu utilitarista que los milaneses”, explica Marcello. “Aquí, nos tomamos nuestro tiempo para conversar en el bar. En Milán, todo debe ser productivo.” Basta con observar el modo de hacer sus compras, prosigue Marcello: “En Roma, vamos al mercado y al Alimentario, la pequeña tienda de ultramarinos de la esquina. En el norte, en cambio, los comercios de proximidad han desaparecido en provecho de los centros comerciales situados en la periferia”.

Para muchos, Roma posee la gracia de las ciudades del sur: habitantes extrovertidos, un clima ideal, terrazas de café donde da gusto dejar pasar el tiempo. No se escapa, sin embargo, de los defectos meridionales: calles ruidosas, una circulación caótica, tiendas con horarios de apertura caprichosos.

Características a las cuales Mario, venido de Sicilia, no tuvo ningún problema en adaptarse. Este diseñador gráfico de 27 años de edad creció y estudió en Siracusa. Vino a Roma en respuesta a un flechazo por “los colores de la ciudad. En Sicilia, todo es amarillo, quemado por el sol. Lo que me gustó de Roma, es el predominio del verde”.

Sin embargo, no todo es de color de rosa en Roma. Confrontado con los precios desorbitados de los alquileres, Mario vivió seis meses en casa de amigos, en un balcón adaptado para la ocasión. Hoy, se acuerda sobre todo de la trepidante vida de la capital. “Roma está animada a todas las horas del día y de la noche. Eso no ocurre en ninguna otra ciudad italiana”.

Cada uno busca su camino

Fue la misma búsqueda de una vida más cosmopolita lo que empujó a estos dos inmigrantes venidos de los polos opuestos de Italia a instalarse en la capital. “Los jóvenes que salen en Sicilia tienden a seguir las grandes modas comerciales. En Roma, es más fácil seguir tu propio camino”, cuenta Mario.

“En Milán, el modo de salir está muy anquilosado”, añade su homólogo del norte, Marcello. “Hay que ir vestido de un cierto modo para poder entrar en tal bar o tal discoteca. En Roma, se le concede menos importancia a la etiqueta y a la apariencia.” Con un “pero”, no obstante: “Roma tiende a veces a imitar a Milán. Se escucha a cada vez más romanos diciendo: 'Hago business' o 'Vamos a tomar un brunch”, desliza con ironía Marcello.

Como capital de un joven país, Roma simboliza también el Estado burocrático. “Vista desde Milán, Roma representa los impuestos y el Estado omnipotente que procura despojar al norte”, recuerda Marcello. Vista desde el sur, Roma es la aliada que redistribuye los recursos del país.

Durante numerosas décadas, Roma acogió a los emigrantes más pobres, los que, venidos de Sicilia o de la Puglia, no podían pagarse el tren hasta Milán o Turín. Históricamente, Roma ha sido construida por norteños, pero poblada por sureños. “Antes de la unificación de Italia, Roma era sólo un gran burgo”, subraya el profesor Zocconali.

“Tal como la conocemos hoy, fue construida a partir de 1870 por los Piamonteses alrededor de la estación Termini”. Pero estos últimos no se quedaron allí, llevados por el remolino del boom industrial hacia el norte. “En cambio, los habitantes del sur se presentaron en masa a las oposiciones, comprendiendo que podían ofrecerles una oportunidad de ascenso social.”

Muñecas rusas

Hoy, Roma acoge una nueva migración venida del norte y compuesta por altos funcionarios, estrellas del mundo del arte y magnates de los negocios. La configuración de la capital refleja la división territorial del país: en el norte, las afueras con encanto alrededor de una inmigración “de lujo”; al este y al sur, las ciudades donde vinieron para instalarse los campesinos venidos de los Abruzos o de Calabria.

En el paisaje económico, Roma es diferente. Esta metrópoli jamás ha conocido la industrialización. Lo que no le impide hacer gala de una vitalidad que hace palidecer de envidia. Roma conoce desde 2001 un crecimiento del 6,7% de su PIB, mientras que este índice se estanca en el 1,4% en el resto del país. En cuanto a su tasa de desempleo del 7,3%, es inferior al de numerosas colegas europeas. Para el profesor Zocconali, “Roma no es ni del sur, ni del norte. Hoy, es una ciudad mundo”.