Roma: Viaje en bici hasta el fondo del infierno

Artículo publicado el 14 de Abril de 2011
Artículo publicado el 14 de Abril de 2011
Primero por oportunismo y luego por práctica, he terminado siendo una ciclista convencida. Vengo de Estrasburgo, una ciudad gobernada por las dos ruedas, e hice todo lo posible por conseguir una bici para recorrer Roma, pese a los comentarios de mi entorno: “¡Es un suicidio!”, me dijeron.
Tras cuatro días de soledad en un lugar dirigido por los coches, he descubierto que andar en bicicleta en Roma es como jugar a los kamikazes…

Andar en bici por Roma es como revivir el clásico duelo entre David y Goliath. Así que me lanzo encima de mi bella Violetta cuyos frenos, bastante flojos, me producen un nudo en la garganta.

Escasos (y raros) carriles biciPrimera observación: entre la estación de Tiburtina y el centro histórico, durante las tres horas que deambulo sin rumbo fijo, no me cruzo con ningún ciclista. Y eso me preocupa tanto que me pongo a contarlos: ¡menos de 20 en cuatro días! Al principio pensé que circular por el centro histórico habría podido falsear un poco las cuentas. En efecto: incluso si las bicicletas son toleradas en las calles peatonales del centro, no encontramos nada parecido a un carril bici. Pero, dos días más tarde, en los barrios de Testaccio y de Trastevere, descubrí algunas pistas ciclables bastante raras y desiertas, ¡completamente desiertas!

Incluso las bicicletas municipales han fracasado

Existe (¿o existía?) por tanto un sistema de bicicletas libres desde 2008, que habría podido permitir a los romanos familiarizarse con las dos ruedas. Pero curiosamente las bicis están generalmente ausentes de las estaciones previstas para ellas. El propietario de una tienda de bicicletas me dijo que simplemente pueden haber sido retiradas. También es muy complicado conseguir el contrato para gestionar el sistema. Entonces ¿por qué quedan todavía las terminales con alguna bicicleta? Una cosa es segura: esas terminales son una ventaja inesperada para los motoristas.

Sobre lo de perder la paciencia, me planto cara a cara con un grupo de turistas en bicicleta. Su guía es holandesa. Como sus clientes. Son los únicos que optan por este tipo de visitas guiadas “ecológicas” y deportivas. Acostumbrados al ciclismo, no se dejan intimidar por la reputación desastrosa del tráfico local. Pero ninguno de ellos sabe más que yo sobre las aparentemente inexistentes reglas de circulación. Cada romano tiene su propia interpretación: “Sí, claro que puedes circular por los carriles reservados al bus o al taxi”; o “No, te juegas el tipo; los buses y taxis no están preparados para compartir su espacio con vosotros; les hacéis perder tiempo”.

Grupo de ciclistas holandeses

Salvo por estos holandeses, sólo me encontré con ciclistas en plena acción y no pude interrumpirles por miedo a ponerles en peligro. Así que es muy difícil captar el perfil del ciclista romano: ¿cuántos son? (5.000, según el vendedor de bicicletas) ¿cómo afrontan el tráfico caótico? Practicar el ciclismo en Roma es antes una cuestión de militancia que de comodidad. Frente a los infinitos problemas del transporte público, del que todo el mundo se queja, los romanos adoptan dos posturas: o doblar las rodillas, o lucha para desenvolverse bien. Eso es lo que hacen las populares ciclofficinas, por ejemplo, donde se aprende a reciclar viejas carcasas de bicicleta. Esta es una iniciativa poco apreciada por las tiendas de bicicletas más antiguas de la ciudad, que consideran a estos ciclistas alternativos una "banda de anarquistas" que no respeta las reglas básicas de seguridad, y que con su activismo "molestan y suscitan más odio que admiración". Por contra, para alguien que alquila bicicletas y organiza visitas guiadas por la ciudad, no hay que temer una competencia entre tiendas y ciclofficinas. "Cuanto más utilicemos la bicicleta, mejor".

Antes de la bici-revolución

Si la población sigue resistiéndose a utilizar la bicicleta por diferentes motivos (hábito, ignorancia, pereza, contaminación, miedo al tráfico…), no se hace nada para incitarlos a que de repente privilegien una forma de desplazamiento ecológica. Todos mis interlocutores, sin excepción, consideran que la politica municipal de transportes simplemente no existe. ¿Y las iniciativas como el bike-sharing? Sin un impulso "desde arriba", los comportamientos no están cerca de cambiar, lamenta un representante de Cittalia, una fundación dedicada a estudios urbanos. Y la inercia política no tiene que ver con el color del partido: "En Italia el medio ambiente todavía no está considerado como una prioridad". En Roma, la práctica de la bicicleta es cosa de fanáticos, así que rindamos homenaje a los valerosos ciclistas de la "ciudad eterna" que, sean o no conscientes, pueden estar gestando una mini-revolución desde abajo. Para terminar, un signo esperanzador: en unas circunstancias hostiles, tanto las estadísticas oficiales como las cifras del sector son claras: el número de bicicletas en circulación no para de aumentar.

Este artículo forma parte del programa Green Europe on the ground 2010-2011, la serie de reportajes realizados por cafebabel.com sobre el desarrollo sostenible. Para saber más sobre Green Europe on the ground

Fotos: Portada (cc)Estevão Passarinho/flickr; en el interior del texto ©Tania Gisselbrecht