Romaníes, una identidad apaleada

Artículo publicado el 18 de Abril de 2005
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Artículo publicado el 18 de Abril de 2005

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Basada en la tradición oral, la cultura romaní resulta difícil de definir en su diversidad.

La ausencia de fuentes escritas sobre la población romaní nos obliga a recurrir a las informaciones publicadas por diversos medios de comunicación, no siempre sensibles a las diferencias que caracterizan a esta comunidad formada por millones de personas y dispersa en distintas zonas de Europa y de Asia. Sin embargo, descubrir su riqueza cultural y artística puede ser una experiencia muy interesante. Con fama de ladrones de gallinas, o de ladrones simplemente, los romaníes acarrean su mala reputación desde el inicio de sus peregrinaciones. Su propia denominación es confusa por parte del "gadyè", el no gitano. El término deriva del nombre del rey Mahmud Ghazni, que expulsó a los romaníes de la India en el siglo XI, convirtiéndose así en "el enemigo". Pero también hay que diferenciar a los romaníes de los romanichels, manouches, cíngaros, gitanos, bohemios…

Valeriu Nicolae, Directora del la Oficina Europea de Información sobre los Romaníes (ERIO), abierta en Bruselas hace dos años, afirma que no existe una separación claramente establecida. Ella misma se define simplemente como romaní. "Nos reconocemos directamente entre nosotros, basta decir una palabra en romaní para saber si se pertenece a la misma cultura". Pero durante mucho tiempo ha sido la raíz de la palabra Egipto la que ha dado nombre a los romaníes en muchos países de Europa: "gipsy" en inglés o "gitano" en castellano. Esta confusión de los europeos se debe a que parte de la población original emigró a Egipto. La exclusión ha sido otra de las constantes de la historia de los romaníes: el "tsigane" francés, el "zingaro" italiano, el "cíngaro" español o el "zigeuner" alemán siempre se han relacionado con el "paria", "atsinkanos" en griego antiguo. La palabra "bohemio" presenta un significado menos evidente: parece que en el origen designaba a una persona provista de una carta de recomendación de los Reyes de Bohemia. "Manouche" hace referencia a la etnia Sinti, romaníes del Piamonte. Hoy en día, el término que se impone es "romaní", que significa hombre en romaní, lengua cercana al sánscrito.

Cultura y tradiciones

Pero, ¿se corresponden las distintas denominaciones con diferencias culturales? Valerie Nicolae explica: "Nosotros tenemos una base común de palabras para designar la comida, el viaje, el tiempo, el fuego… Otras palabras se han ido adaptando a las diferentes regiones, a la sociedad y a la política. Lo mismo ocurre con las tradiciones. Algunos romaníes en Rumania mantienen tradiciones distintas de los que están en Francia. Las gentes evolucionan según su entorno, ¡cómo ocurre siempre y por todas partes!". Centenares de tradiciones poéticas evolucionan y se perpetúan de generación en generación, siendo el aspecto no cristiano el que más se ha criticado a lo largo de los siglos.

Siglos de diversidad

Aunque durante mucho tiempo la cultura romaní ha podido parecer cerrada, su destreza para determinadas formas de expresión artística les ha procurado una imagen positiva en determinados ambientes. La música es sin lugar a dudas el campo en el que los romaníes han sido más reconocidos, gracias a figuras como Rinaldo Olah, virtuoso violinista que mezcla comedia y tragedia en las notas febriles y cautivadoras que se desprenden de sus dedos de oro. También podríamos citar a los Gipsy Kings, grupo que ha despertado el interés por la música romaní. Otras formas artísticas romaníes empiezan ahora a suscitar curiosidad: el teatro, la fotografía, o el circo se convierten en medios de expresión de una identidad colectiva y de apoyo eficaz para sus reivindicaciones. Otro ejemplo es Gipsy, joven rapero checo de origen romaní que utiliza instrumentos cíngaros, adaptando su música tradicional a las nuevas tendencias.

Muchos directores de cine se han inspirado en esta minoría maltratada, reflejando según el guión historias reales o imaginarias. Emir Kusturica cuenta vidas novelescas y absurdas, y permite al espectador abrirse a otra visión. Para Nicolae, "Kusturica retrata romaníes insólitos, coloreados, a los que les ocurren las aventuras más extravagantes. No somos así, pero es normal exagerar para que la película atraiga al público, forma parte de la belleza del cine". En La época de los gitanos, por ejemplo, Kusturica refleja la vida cotidiana de los romaníes, interpretada por actores romaníes y en romaní. Esta película provocó muchas reacciones, y la población romaní se mostró satisfecha por ver al fin triunfar una película "propia", especialmente en el Festival de Cannes.

En Swing, Tony Gatlif cuenta la historia de los cíngaros "sedentarizados". El espectador retiene especialmente los "carnés antropométricos". Establecidas en 1912, estas libretas, que incluían foto y huella digital, sirvieron de pasaporte para los cíngaros. Estaban obligados a presentarlos a las autoridades locales. Esta práctica no se suprimió hasta 1969. "Es muy importante que se sepa que estos carnés, distribuidos por la administración francesa, fueron un medio de represión. El holocausto manouche comenzó ahí. No se trata de denunciar sino de recordar. Para la memoria", comenta Nicolae, añadiendo que "en un momento en el que todos pierden su cultura, los manouches corren la misma suerte. Los niños ya no hablan sinti (romaní mezclado con alsaciano). No conocen su pasado, algunos ignoran incluso el holocausto nazi. Y están perdiendo la cultura musical". La música de los romaníes fascina todavía. Los conciertos y los festivales se multiplican, de Francia a Noruega… Las manifestaciones culturales se suceden por todas partes: festival en homenaje al músico de jazz Django Reinhardt, el Gipsy Swing de Angers, o el Festival Internacional de música cíngara lagori, que se celebra desde hace seis años en Oslo. Parece que el interés por la cultura romaní no conoce fronteras ni reticencias, conduciéndonos hacia una sociedad europea multicultural que estaría inacabada sin la presencia activa de esta "minoría" de más de doce millones de personas.