Rose

Artículo publicado el 14 de Noviembre de 2012
Artículo publicado el 14 de Noviembre de 2012
Una impecable lección de historia. Una sencilla historia personal, terrible por sus hechos y enriquecedora por la lección vital de sus personajes. Rose merece mucho la pena. Quizás al verla alguien pueda extraer la conclusión de que las patrias, las etnias y las fronteras sólo sirven para ser violadas y así se le quiten las ganas de inventarse nuevas naciones donde sólo hay personas.

FICHA TÉCNICA

País: Polonia

Año: 2011

Director : Wojciech Smarzowski

Intérpretes: Agata Kulesza, Marcin Dorocinski, Kinga Preis, Jacel Braciak, Malwina Buss

Esta simple y aseada producción polaca narra, a través de la historia personal de Rose, una sencilla granjera, la historia del pueblo Masurio. Para los escasos (supongo) desconocedores de la historia de este pueblo del sur de la antigua Prusia alemana, baste decir que se trata de una etnia de origen polaco, a la que la historia le pilló en el centro neurálgico de todas las tortas. Ora germanizados por los nazis, ora “polaquizados” por los polacos, finalmente acabaron deportados en masa a la Alemania Oriental, desapareciendo todo rastro de su cultura y tradiciones. Un clásico soviético, más imperecedero que la congelada jeta de Lenin.

Lo cierto es que esta sencilla producción, alejada de cualquier preciosismo, narra con efectividad la historia personal de una granjera viuda y de su protector, un ex oficial polaco que pretende ocultarse de las autoridades soviéticas viviendo apaciblemente la sencilla vida de la Masuria rural de la postguerra.

rose2.jpg Nada se nos hurta en la narración: violaciones múltiples, interrogatorios a puñetazo limpio, traiciones, limpieza étnica, espionaje, corrupción, más violaciones…el menú clásico del más puro Stalin way of life.

La naturalidad con la que los personajes aceptan todas sus desgracias acaba con cualquier atisbo de dramatismo o desgarro. Invadidos por el fatalismo, el cinismo, o el mero afán de supervivencia, los protagonistas y secundarios se van deslizando hacia el inevitable final, infeliz por supuesto, sin demasiados aspavientos.

Una impecable lección de historia. Una sencilla historia personal, terrible por sus hechos y enriquecedora por la lección vital de sus personajes.

Rose merece mucho la pena. Quizás al verla alguien pueda extraer la conclusión de que las patrias, las etnias y las fronteras sólo sirven para ser violadas y así se le quiten las ganas de inventarse nuevas naciones donde sólo hay personas.

No hay Más.

Joaquín Saravia