Ruanda y la UE: Una memoria dividida del genocidio

Artículo publicado el 15 de Mayo de 2014
Artículo publicado el 15 de Mayo de 2014

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Los eventos en conmemoración al genocidio de Ruanda ocurrido en 1994 han sido llevados a cabo a través del mundo por casi un mes, y están pautados para continuar hasta cumplirse los cien días. Aunque Ruanda es percibida como una tierra lejana y extraña, el legado de su genocidio tiene implicaciones para Europa y sus ciudadanos, mientras que sus repercusiones continúan siendo sentidas por muchos.

“Com­pren­dí que no había com­pren­di­do nada”

Du­ran­te el 1 de abril el Cen­tro de Artes Vi­sua­les Bozar en Bru­se­las fue sede de una con­fe­ren­cia li­te­ra­ria ti­tu­la­da Ruan­da, vein­te años des­pués. Tres es­cri­to­res afri­ca­nos que ha­bían pu­bli­ca­do li­bros acer­ca del fu­nes­to ge­no­ci­dio de Ruan­da en 1994 fue­ron in­vi­ta­dos por el cen­tro Bozar y la or­ga­ni­za­ción sin ánimo de lucro CEC  para ha­blar de las li­mi­ta­cio­nes lingüís­ti­cas en este tipo de even­tos. Las res­pues­tas fue­ron di­rec­tas.

"Com­pren­dí que no había com­pren­di­do nada", in­di­có el se­ne­ga­lés Bou­ba­car Boris Diop, ha­blan­do acer­ca de su ex­pe­rien­cia en Ruan­da cua­tro años des­pués de las gran­des ma­sa­cres que de­ja­ron un saldo de más de 800.000 tut­sis y hutus muer­tos en un pe­rio­do de cien días, el cual co­men­zó en abril de 1994. "Es­cu­cha­ba a la gente pero no podía en­ten­der". Vé­ro­ni­que Tadjo, na­ti­va de la Costa de Mar­fil, señaló algo si­mi­lar: "Al­gu­nas cosas no pue­den ser di­chas, deben ser ex­pre­sa­das de una forma dis­tin­ta". Es por eso que ella, junto a Diop y el es­cri­tor y dra­ma­tur­go ruan­dés Dorcy Ru­gam­ba, han in­ten­ta­do es­cri­bir, cada uno de ma­ne­ra dis­tin­ta, acer­ca del ge­no­ci­dio. 

Ru­gam­ba, quien per­dió va­rios miem­bros de su fa­mi­lia du­ran­te el ge­no­ci­dio, afirmó que "La me­mo­ria no es fi­de­dig­na, esta se des­mo­ro­na fá­cil­men­te, por eso tu­vi­mos que ubi­car­la en el lugar co­rres­pon­dien­te, ya que fue un cri­men ideo­ló­gi­co, po­lí­ti­co, y eso es im­por­tan­te re­cor­dar­lo, no sur­gió de 'di­fe­ren­cias tri­ba­les'  o de un ren­cor an­ces­tral". B.B. Diop lo confirmaba al asegurar que "la ló­gi­ca del ge­no­ci­dio es una de obli­te­ra­ción, de mu­ti­la­ción". Todos estaban de acuerdo en que la fic­ción es una ma­ne­ra de de­vol­ver­les su iden­ti­dad a las víc­ti­mas. Sin em­bar­go, la me­mo­ria pe­re­ce per­ma­ne­cer di­vi­di­da.

« Los muer­tos no están real­men­te muer­tos » 

Esta con­fe­ren­cia fue parte de un grupo de even­tos di­se­ña­dos no tan solo para con­me­mo­rar el ge­no­ci­dio, sino tam­bién para ali­viar las he­ri­das abier­tas de un pue­blo afri­cano ago­bia­do por con­tro­ver­sias.  Pro­yec­tos como el de « Upright men », ini­cia­do por el ar­tis­ta sud­afri­cano na­ci­do en Lon­dres Bruce Clar­ke, serán ex­hi­bi­dos a nivel in­ter­na­cio­nal y su em­ble­ma será ins­ta­la­do el 7 de abril fren­te a los cuar­te­les de las Na­cio­nes Uni­das en Nueva York. 

    No obs­tan­te, la me­mo­ria de lo su­ce­di­do en el pa­sa­do con­ti­nua sien­do ori­gen de con­tro­ver­sias, aún entre al­gu­nos paí­ses per­te­ne­cien­tes a la Unión Eu­ro­pea. En Fran­cia, la cual con­ti­nua sien­do cri­ti­ca­da den­tro y fuera de Áfri­ca por su papel pre­vio y pos­te­rior al ge­no­ci­dio, una corte halló cul­pa­ble el 14 de marzo al ca­pi­tán de la an­ti­gua guar­dia pre­si­den­cial, Pas­cal Sim­bik­wan­ga, con­de­nán­do­lo a una pena de vein­ti­cin­co años de pri­sión. El jui­cio de Sim­bik­wan­ga, el pri­me­ro en lle­var­se a cabo en Fran­cia acer­ca de los crí­me­nes co­me­ti­dos du­ran­te el ge­no­ci­dio de Ruan­da, ganó gran aten­ción in­ter­na­cio­nal y ha sido in­ter­pre­ta­do como una ma­ne­ra por parte de Paris de cal­mar sus ten­sio­nes con Ruan­da, en donde el par­ti­do lla­ma­do Fren­te Pa­trió­ti­co de Ruan­da (FPR) ha acu­sa­do fre­cuen­te­men­te a Fran­cia de haber pro­te­gi­do ofi­cia­les del ré­gi­men ge­no­ci­da hutu.

Ayu­das, desa­rro­llo y gue­rra

La me­mo­ria del ge­no­ci­dio se en­cuen­tra en el cen­tro de la re­la­ción entre la Unión Eu­ro­pea y la pe­que­ña na­ción cen­tral de Áfri­ca. Para el 2006, Ruan­da re­ci­bió 585 mi­llo­nes de dó­la­res es­ta­dou­ni­den­ses en ayu­das pú­bli­cas para pro­mo­ver su desa­rro­llo, lo cual sig­ni­fi­có cerca del 24% de su in­gre­so na­cio­nal bruto, y la mitad de su pre­su­pues­to gu­ber­na­men­tal. La Co­mi­sión Eu­ro­pea fue la se­gun­da en­ti­dad po­lí­ti­ca que más donó en el 2007, con una suma de sobre 85 mi­llo­nes de dó­la­res. 

    Ruan­da es uno de los re­ci­pien­tes más exi­to­sos de ayu­das ex­tran­je­ras: logró re­cu­pe­rar­se de las de­vas­ta­cio­nes del 1994 para con­ver­tir­se en una de las his­to­rias de re­cu­pe­ra­ción eco­nó­mi­ca afri­ca­na más so­bre­sa­lien­tes, su ca­pi­tal, Ki­ga­li, desa­rro­llan­do un auge en el área de bie­nes raí­ces, y es­ta­ble­cien­do un pro­me­dio na­cio­nal de cre­ci­mien­to anual de 8.1% entre 2011 y 2012. La re­con­ci­lia­ción ha sido uno de los ob­je­ti­vos ofi­cia­les fun­da­men­ta­les del nuevo ré­gi­men del par­ti­do FPR y su pre­si­den­te Paul Ka­ga­me: cen­sos ét­ni­cos o cual­quier alu­sión ét­ni­ca con res­pec­to a tar­je­tas de iden­ti­fi­ca­ción ra­cia­les han sido prohi­bi­das, no obs­tan­te al­gu­nos ciu­da­da­nos aún de­nun­cian actos dis­cri­mi­na­to­rios. Por otra parte, el ex-mi­nis­tro belga de asun­tos ex­tran­je­ros y ex-co­mi­sio­na­do eu­ro­peo de desa­rro­llo y ayuda hu­ma­ni­ta­ria Louis Mi­chel de­cla­ró en fe­bre­ro su apoyo al ré­gi­men de Ka­ga­me: « Estoy su­ma­men­te im­pre­sio­na­do por los cam­bios po­si­ti­vos que se han rea­li­za­do a causa del éxito eco­nó­mi­co y so­cial de Ruan­da ». 

    Sin em­bar­go, al­gu­nos han acu­sa­do al pre­si­den­te Ka­ga­me de au­to­ri­ta­ris­mo e in­di­can que el par­ti­do FPR de Ruan­da ejer­ce un gran con­trol sobre el país, sin dejar lugar a otros, uti­li­zan­do la me­mo­ria del ge­no­ci­dio para sub­yu­gar la opo­si­ción. El re­cien­te ase­si­na­to de Pa­tri­ck Ka­re­ge­ya en Su­dá­fri­ca du­ran­te la vís­pe­ra de Año Nuevo, an­ti­guo jefe de in­te­li­gen­cia ex­tran­je­ra del pre­si­den­te Ka­ga­me y quien su­frió una rup­tu­ra con éste úl­ti­mo, ha agra­va­do no tan solo la re­la­ción de Ruan­da con Su­dá­fri­ca, sino tam­bién su re­la­ción con uno de sus ma­yo­res con­tri­bui­do­res de ayuda ex­tran­je­ra, los Es­ta­dos Uni­dos. Por otra parte, según un re­por­te pu­bli­ca­do por las Na­cio­nes Uni­das en el 2012, Ka­ga­me fi­nan­ció re­be­lio­nes en la ciu­dad ve­ci­na de Kivu, en la re­gión este de la Re­pú­bli­ca De­mo­crá­ti­ca del Congo, en la cual sus ricas fuen­tes de mi­ne­ra­les y otros re­cur­sos na­tu­ra­les con­ti­núan fo­men­tan­do una de las gue­rras más san­grien­tas desde el fin de la Se­gun­da Gue­rra Mun­dial. 

¿Y en Bru­se­las?

Aún en Bru­se­las el im­pac­to de lo que su­ce­de en Áfri­ca cen­tral puede ser sen­ti­do con gran fuer­za: los dis­tur­bios de Ma­ton­gé en el 2011 son uno de estos ejem­plos, en donde ex­pa­tria­dos con­go­le­ños, fu­rio­sos por lo que per­ci­bie­ron en la RDC como unas elec­cio­nes pre­si­den­cia­les ma­ni­pu­la­das por in­tere­ses ex­tran­je­ros, co­men­za­ron a lle­var a cabo pro­tes­tas en el mu­ni­ci­pio de Ixe­lles. Lo que allí pa­re­cie­ron como po­si­bles casos de bru­ta­li­dad po­li­cia­ca ha­bían in­ci­ta­do a los pro­tes­tan­tes, co­men­zan­do así dos se­ma­nas de dis­tur­bios, en donde va­rios ruan­de­ses fue­ron blan­cos de vio­len­cia y gran parte del área al­re­de­dor de chaus­sée d’Ixe­lles su­frió daños con­si­de­ra­bles. 

    A pesar de haber to­ma­do lugar a 6,000 ki­ló­me­tros de Bru­se­las, el ge­no­ci­dio de 1994 ha te­ni­do con­se­cuen­cias de gran al­can­ce: la par­ti­ci­pa­ción de la Unión Eu­ro­pea en un país tan re­mo­to, in­tere­ses in­di­rec­tos en una gue­rra que ha des­trui­do la parte este de la RDC, hu­mi­lla­ción y con­tro­ver­sias fran­ce­sas, un papel en los dis­tur­bios de Bru­se­las en el 2011, pero prin­ci­pal­men­te, la des­truc­ción de vidas y me­mo­rias por igual. 

    Uno de los es­cri­to­res in­vi­ta­dos al cen­tro Bozar, Dorcy Ru­gam­ba, re­cuen­ta como re­gre­só a Bu­ta­re, su pue­blo na­ti­vo: « Re­gre­sé a Bu­ta­re, el cual co­noz­co como la palma de mi mano, sin em­bar­go, no lo re­co­no­cí. Es­ta­ba po­bla­do de ros­tros des­co­no­ci­dos. La mitad de sus po­bla­do­res ha­bían sido ase­si­na­dos, y la otra había huido al Congo ».