Rugbymanía a dos velocidades

Artículo publicado el 10 de Octubre de 2007
Artículo publicado el 10 de Octubre de 2007

Atención, este artículo no ha sido revisado ni publicado en ningún grupo

El pasado 7 de septiembre fue inaugurada la sexta edición de la Copa del Mundo de Rugby. Anunciada como la que batirá todos los récords, nos descubre un deporte en vías de universalización y de profesionalización.

Swing low, sweet chariot, por parte de los ingleses inglesa, Flower of Scotland, por parte de los escoceses, un haka neozelandés improvisado por un grupo de italianos..., y algunos parisinos con camisetas del equipo de rugby de París -el Stade Français-, entonando la Marsellesa. Mezcla de géneros alrededor de muchas cañas de cerveza. Esta noche es Francia la que juega. La rue Princesse de París y su multitud de bares bullen colmados de hinchas. La Copa del Mundo de Rugby está en su apogeo y Francia cree revivir las gloriosas semanas de 1998, cuando ganaó el mundial de fútbol.

Diez ciudades francesas, dos estadios británicos, cuarenta y ocho partidos para enfrentar a los veinte mejores equipos de rugby del mundo, marcas históricas de audiencia televisiva en la cadena privada TF1 que retransmite los partidos en Francia (el partido entre Francia e Irlanda del 21 de septiembre consiguió más de 14 millones de espectadores)…, el acontecimiento promete.

El rugby está de moda. Uno de los artesanos de esta nueva moda es Max Guazzini, dueño del equipo parisino Stade Français y fundador de la exitosa radiofórmula NRJ. Junto a él, las animadoras invaden el terreno de juego, las estrellas de variedades han venido a animar antes del partido y los jugadores han posado desnudos en calendarios.

Un acontecimiento que mueve más de 4.000 millones de euros

Por el momento, la estrategia parece dar sus frutos. Según un estudio realizado por ESSEC, la barrera de los dos millones de entradas vendidas se superó hace ya semanas. Se esperan cerca de 350.000 visitantes extranjeros en territorio francés durante la competición, lo que supondrá un ingreso de cerca de 1.500 millones de euros para la economía del país galo. La media estimada del gasto de un hincha europeo que ha venido a animar a su equipo en tierras francesas alcanza la suma de 2.245 euros.

La organización del mundial (venta de billetes, partenariados, marketing, medios de comunicación) reportaría cerca de 250 de millones de euros a los organizadores. De manera general, las repercusiones globales del acontecimiento rondan los 4.000 millones de euros. ¡El objetivo es alcanzar el 25% de lo conseguido por el “efecto Copa del Mundo 1998”!

Incluso el IRB (International Rugby Board), que organiza el acontecimiento, ha publicado una guía oficial del hincha. Se encuentra a medio camino entre una guía turística clásica y una recopilación de los mejores lugares franceses para después del partido.

A nivel local, también se felicitan por la iniciativa. Como en Toulouse, en el bar atendido por Trevor Brennan, antiguo internacional irlandés y jugador del Stade Toulousain. Aquí, todo está previsto: cerveza australiana en las barras los días en que juegan los Wallabies e incluso cerveza japonesa en honor a los anfitriones de la ciudad rosa.

Los cinco mismos aspirantes al título desde 1987

¿Qué decir de las apuestas deportivas de la Copa del Mundo de 2007? Veinte equipos en la palestra, sólo unos pocos pueden aspirar al título. Desde 1987 -la primera Copa del Mundo de Rugby-, siempre son los mismos países: Nueva Zelanda (ganador en 1987 y finalista en 1995), Sudáfrica (ganador en 1995), Australia (ganador en 1991 y 1999 y finalista en 2003), Reino Unido (ganador en 2003 y finalista en 1991) y Francia (finalista en 1987 y en 1999).

Los resultados fluctúan y los partidos sin apuestas se multiplican. Por supuesto que hay otros equipos (Argentina, Islas Fidji…), pequeños valientes formados por jugadores amateurs. Francia cuenta con más de 200.000 federados, el Reino Unido con 90.000, Portugal, en cambio, tiene censados apenas 3.500 y Alemania 4.200.

El árbol que oculta el bosque

Para los jugadores franceses las repercusiones económicas de la competición son prometedoras, sin contar las primas. El héroe del momento es Sébastien Chabal y acaba de hacer público que a partir de ahora exigirá 200.000 euros por aparecer en un spot publicitario. Mejorarán así un poquito el estilo de vida de estos caballeros y aumentarán aún más el abismo de salarios en este deporte.

Hay mucha diferencia entre los ingresos de Frédéric Michalak, el jugador mejor pagado del Top 14 francés (la primera división) el año pasado (590.000 euros, de los que 280.000 son su salario, 90.000 las primas por pertenecer al equipo nacional y 220.000 euros en contratos publicitarios) y el salario medio de un jugador del Top 14 (7.900 euros mensuales brutos). Si a esto le añadimos el carácter efímero de algunas carreras y las dificultades ligadas a la reconversión profesional de los jugadores, desde que el deporte del balón oval se profesionalizó en agosto de 1995 los jugadores aprovechan al máximo sus posibilidades de ganar dinero.

Se cuentan en Francia unos 1.000 jugadores “profesionales”. De ellos, el 40% no ha trabajado jamás en otra cosa. ¿Pueden beneficiarse del efecto Copa del Mundo? Se anuncia ya una subida del 20% del número de federados en los clubes galos. Mientras tanto, en España, seguimos sufriendo con Raúl y compañía.