Rumania con las manos en la masa

Artículo publicado el 9 de Octubre de 2006
Artículo publicado el 9 de Octubre de 2006
La Comisión Europea quiere que Rumania entre en la UE el 1 de enero de 2007 siempre que el país consiga dominar la corrupción.

“Nuda spaga!” –“¡No hay sobornos!”-. El letrero que adorna una ventana del vestíbulo de la estación de tren de Sighisoara está ya amarillento. Esta tarde vemos mujeres de edad avanzada con pañuelos en la cabeza sentadas en los bancos de la estación de esta pequeña ciudad de Transilvania, descansando sus pies tras caminar sobre sus gastadas sandalias de plástico. Un vendedor ambulante de taladradoras permanece de pie fumando en el andén. Un gitano alarga una mano vacía pidiendo a dos pálidos turistas mochileros.

Nadie se interesa por el letrero del vestíbulo de la estación. Es parte de la campaña anti corrupción del gobierno rumano, y una promesa electoral que cumplir entre todos: en 2004 ganó las elecciones el derechista Traian Bsescu del Partido Democrátido (PD), quien resultó vencedor en las elecciones presidenciales con una “estrategia nacional” contra la cultura del soborno. La corrupción en Rumania es también una de las principales críticas dirigidas al país en el último informe de la Comisión Europea del pasado 26 de septiembre. A pesar de ello, la UE ha prometido al país que podrá incorporarse a la UE el próximo 1 de enero, si bien el gobierno debe continuar la lucha contra el soborno diario o Bakschisch.

Pagos por debajo de la mesa

Los rumanos no aprenden con un par de letreros. Tienen otras preocupaciones. La mayoría tiene que sobrevivir con nada o casi nada: con un par de hectáreas y una vaca, o con negocios ocasionales. Los más pobres sólo con limosnas.

Un tren llega a la estación de Sighisoara. Las mujeres mayores arrastran sus bolsas de plástico al andén, el vendedor ambulante sus taladradoras. En alguna parte tienen que pagar el viaje y quieren ahorrárselo. Alguna que otra sin billete entrega al cobrador dinero bajo cuerda. A pesar de pagar menos que el billete oficial, el cobrador puede con ello mejorar su reducido salario.

El 42% de los rumanos, según un informe del Banco Mundial del año 2000, han sobornado a funcionarios. Según la ONG Transparency International, la situación en la actualidad no ha cambiado, a pesar de los esfuerzos del gobierno. “Según nuestras encuestas, observamos que los rumanos pagan tantos sobornos como antes de la campaña”, asegura Víctor Alistari, jefe de la sección rumana de Transparency-International.

Caries y corrupción

Uno de cada dos individuos, según el informe del Banco Mundial, paga sobornos en Rumania. Y uno de cada tres admite ser corrupto. Cuando en Transilvana buscamos el pequeño pueblo de Bîrghi para dormir, somos recogidos por un joven de pecho descubierto y una cadena de oro en el cuello. Aunque de forma habitual traquetean los coches de caballos en las polvorientas calles del pueblo llenas de baches, nuestro chofer carga nuestro equipaje en un reluciente Mercedes-Jeep plateado. Ante nuestra asombro responde como el que no quiere la cosa: “El coche no es nuevo, tiene dos años”.

Más tarde damos con el secreto: es el hermano del dentista. Uno de cada dos rumanos paga un soborno al dentista para obtener un tratamiento mejor y más rápido. También en los hospitales se unta a diestro y siniestro. Para las operaciones hay que invertir varios centenares de euros suplementarios de los ahorros privados. Las mal pagadas enfermeras cuestan a los pacientes tres euros de propina diarias. El recién publicado libro satírico Libro de bolsillo de la corrupción - Manual de Spaga señala de forma sarcástica: “El embarazo es ese estado de los cuerpos femeninos, que por lo menos en la fase del parto, hace indispensables algunos sobornos”.

Trabajo pesado o corrupción

Los más pobres son los más afectados por la corrupción. Para que las caries no estropeen sus dientes, la corrupción devora una gran parte de los ahorros del hogar, llevándose más de un 10% de los ingresos. Sólo algunos ilusos sueñan en Rumania en convertirse en millonarios. Emöke y Sari de Bîrghi desde luego no piensan en ello. Las enfermeras, que pertenecen a la minoría húngara de Transilvania, han perdido la fe en la justicia social desde hace tiempo. Bajo la dictadura de Ceaucescu reservaba su padre mes tras mes dinero para comprar un coche propio. Tras el cambio de régimen de diciembre de 1989, vino la crisis económica. El ahorro del padre se evaporó con la inflación. Y con él, el sueño de un coche.

Hoy en día, Emöke y Sari están convencidos de que quien sueña en Rumania con volar alto, no debería confiar en la fuerza de sus propias alas, o bien debería marcharse al extranjero. Las enfermeras dicen que en el país hay dos caminos para llegar a tener dinero. O bien el trabajo pesado en los viñedos italianos, en las fábricas de Alemania del Este o en la construcción en España, o bien la corrupción, que sin embargo sólo es posible para los cobradores, médicos, profesores, personal de aduanas y policías.

Dinero de la tía Tamara

Muchos rumanos están convencidos todavía de que los políticos son en gran parte corruptos. Ninguna sorpresa por lo tanto de que Traian Bsescu consiguiera ganar las elecciones con la campaña anticorrupción. Gracias a la presión de Bruselas hay que reconocer que se han producido, mientras tanto, algunos progresos significativos. La ministra de Justicia, Monica Macovei, ha promulgado una ley mediante la cual todos los funcionarios públicos deben dar a conocer sus ingresos. Entretanto, el ex-primer ministro Adrian Nastase se encuentra encausado por cobros millonarios sin aclarar. Ante esta acusación, la aventurera defensa asegura que ha heredado de su tía Tamara, que vive en Bucarest.

Muchos rumanos se alegrarían de tener una tía Tamara. ¿Liberará la entrada en la UE a Rumania de la corrupción? Hay buenas razones para dudarlo. Cuando el país entre en la Unión, la presión reformadora de Bruselas se debilitará.