Rumanía: la larga sombra de Ceacescu

Artículo publicado el 14 de Febrero de 2007
Artículo publicado el 14 de Febrero de 2007
Por primera vez se destapa el pasado comunista del país en una exposición, en Bucarest

Dos mujeres mayores se mestran indignadas. Tienen una idea por completo distinta en la memoria sobre Nicolas Ceacescu, el dictador comunista de hace años. Lo recuerdan más bien como el jefe de Estado que había garantizado a todos un puesto de trabajo y una vivienda. Por eso, se quejan de que la actual exposición en el Museo Nacional de Historia de Bucarest muestra sólamente el lado negativo de la época de Ceacescu. El título, La Época Dorada, se ha elegido con trazas irónicas. La primera exposición sobre el comunismo en Bucarest desde la ejecución de Ceacescu, a finales de 1989, no trata de nostalgia, sino de la vida en la dictadura.

En las fotos, se puede ver a millones de rumanos de pie durante horas delante de tiendas vacías esperando para obtener minúsculos porciones de carne, leche o queso. Sus casas eran frías porque faltaba el combustible. Poblaciones enteras fueron levantadas de la noche a la mañana por el ambicioso proyecto urbanístico de Ceacescu, arrasando con las iglesias. Al mismo tiempo, el presidente de la república socialista de Rumania quería que el pueblo le adorara como a los mismos dioses.

En contraste con la sobria vida de la gente, la exposición muestra caros jarrones, pinturas y alfombras con retratos de Nicolás Ceaucescu y de su mujer, Elena. El culto a la persona de Nicolás Ceaucescu era inseparable de la destrucción de la identidad rumana, explica Oana Ilie, historiadora en el Museo Nacional de Historia. “Los mayores no deben olvidar esto y los jóvenes no deben aprenderlo mal”.

La Historia no debe repetirse

Un padre de familia, Vasile Toader, cuenta a su hija Cristina cada detalle de la exposición. Cristina es estudiante de segundo curso, nació por tanto, tiempo después de la caída de Ceacescu. “Ella debe conocer tanto las páginas buenas como las malas del régimen comunista. La formación era entonces mucho mejor, también predominaba el respeto por el trabajo. Hoy se puede viajar por todas partes y opinar con libertad. ¡Esto es muy importante!”, resume Toader. El dictador tendría que haber correspondido con más libertades a su pueblo si aún hoy estuviera en el poder, supone Toader.

“Mi madre me ha dicho que Ceacescu era terrible”, reía Sara, una adolescente de 13 años, contemplando interesada una lámpara de gas que durante 20 años dio luz a una familia en la oscuridad de su casa. En aquel tiempo, el consumo de electricidad se interrumpía cada día durante horas para controlar el gasto. “Los fines de semana, en las cadenas de televisión había películas de dibujos animados que duraban solamente 5 minutos”, se queja una señora, que “entonces” era aún pequeña. Todavía recuerda los desfiles de Ceacesu retransmitidos por televisión, que duraban horas y horas. La masa de gente creaba entonces letras, que formaban lemas como “A los queridos compañeros de Ceacescu”.

“Nosotros teníamos miedo de que nos pillaran”

La exposición sobre el comunismo es “una lección para los jóvenes, que tienen tendencia a ignorar los acontecimientos” dijo el ministro de Cultura, Adrian Iorgulescu, en la inauguración de la muestra. En una televisión se reproducen fragmentos de la reunión de partidos. Los estudiantes están enfrente, miran riendo entre dientes como los miembros del partido aplauden entusiasmados al Presidente. Ellos no harían nunca en la vida “esas tonterías”, aseguran.

Andrei está en octavo curso, se interesa más bien por las técnicas que empleaba el servicio secreto de seguridad, que entonces todos temían y cuya presencia se suponía por todas partes, tanto en el vecindario, como entre los compañeros de trabajo e incluso dentro del círculo de parientes. También Hortensia Bucur vivía con miedo, siempre perseguida. “Yo tuve a mi hijo durante dos semanas sin salir de casa, porque en la guardería había aprendido un chiste sobre Ceacescu. Le habían dicho en la calle que pasaría toda la vida entre rejas. También se realizaba bajo la más absoluta discreción la escucha de Radio Europa Libre. “Teníamos miedo de que nos pillaran, sin embargo nosotros seguíamos escuchándola”.

Mientras tanto, los medios de comunicación estatales difundían lemas propagandísticos, que hablaban de bienestar, de riqueza y de una industria en constante crecimiento, aunque a los rumanos les siguieran sonando las tripas. “Que nosotros no teníamos nada para comer, era evidente, pero que no pudiéramos no querer eso, era lo que más me dolía”, cuenta una señora de mediana edad, que no quiere decir su nombre. En 1966, Ceacescu prohibió por ley los métodos anticonceptivos y el aborto para aumentar la tasa de natalidad. Tener más de 10 hijos aseguraba a la madre el título de “Madre Heroica”, la medalla de oro y ventajas sociales. En cambio, muchas mujeres murieron debido a abortos ilegales. “Deberíamos valorar lo que tenemos hoy…”, es la conclusión personal de una mujer sobre la exposición.

La exposición La Época Dorada, entre la propaganda y la realidad se mantiene hasta finales de febrero en el Museo Nacional de Historia de Bucarest. Después de esta primera iniciativa, se organizará una exposición permanente en el palacio del parlamento en Bucarest, el segundo edificio más grande del mundo, gigantesca herencia de los tiempos de Ceacescu.

Desde el 1 de enero de 2007, Bulgaria y Rumania se han unido a la UE. Por este motivo, cafebabel.com os presentará durante las próximas semanas artículos y crónicas sobre estos nuevos miembros.

Dichos artículos están firmados por autores de la red de corresponsales n-ost. n-ost nació en diciembre de 2005 en Berlín. Esta red organiza el trabajo de periodistas de 20 países, con la intención de acercar las visiones de la Europa oriental a la occidental. Abogan por la democracia y la libertad de prensa, y por una construcción europea impulsada por todos.