Rumanía: ricos en pobreza

Artículo publicado el 18 de Enero de 2007
Artículo publicado el 18 de Enero de 2007
Rumanía es considerada el hogar de los pobres de Europa. Su floreciente economía divide el país en una minoritaria clase alta y una inmensa mayoría de ciudadanos con bajos recursos.

Ioana Constantin se dedica a vender una exquisitez típica rumana: el repollo. Este tipo de col blanca se prepara en sabrosos rollos de carne picada y especias, una comida clásica de los domingos. El puesto de venta de esta agricultora, que acude cada día desde su pueblo (Brezoaia) hasta la capital (Bucarest), tiene un aspecto muy precario.

Treinta euros de pensión

Ioana vende sus coles desde la camioneta aparcada en una plaza de estacionamiento. El kilo cuesta aproximadamente 10 céntimos, lo que supone una ganancia de 200 euros por la venta de 2 toneladas de repollo. Si a esta suma de dinero le descontamos la gasolina y otros gastos le quedan 30 euros: exactamente la misma cantidad que su pensión mensual. Desde luego, este negocio no le reporta grandes beneficios a la campesina, a quien no le queda otro remedio que vender la col, pues si no tendría que consumirla ella misma o dejar que se pudriera.

Con una pensión que ronda entre los 30 y los 100 euros, los cerca de seis millones de jubilados rumanos poco pueden hacer. Ante la entrada del país en la Unión Europea los precios de la luz, el gas y la gasolina han aumentado en 2006 entre el 6% y el 15%. Asimismo, los alimentos básicos están cada vez más caros. “Esto no sería vida”, según dice Ioana, si no fuera por su granja, su pequeño terreno, sus creencias ortodoxas y su familia, que siempre le acompaña. “Las esperanzas en un futuro mejor las he perdido hace mucho tiempo”, nos cuenta esta mujer recién cumplidos los 67 años.

Pensar en positivo

El redactor jefe de la edición rumana de la revista de economía Capital, Iulian Bortos, se lamenta de que su país sólo se considere como el hogar de los pobres: “Rumanía suele ser la oveja negra de Europa, sin embargo, nos hemos convertido en un mercado rentable desde hace mucho tiempo”. Bortos trabaja en una redacción modernizada, en la que los periodistas pueden escribir muchas noticias de signo positivo. Una de ellas es que el crecimiento económico en 2006 se estima en un 7%.

Dicho esto, no basta. La revista financiera presentó en una edición en papel satinado a las 300 fortunas más importantes del país, cuyos bienes suman alrededor de 17 billones de euros. “No merece la pena publicar una lista de las 300 personas más pobres de Rumanía”, asegura el redactor jefe, “en definitiva, nuestra intención es que la gente piense en positivo y que pueda tomar ejemplo”.

Tras la publicación de la lista de millonarios, a la cual pertenece el último manager de Boris Becker, Ion Tiriac, como también muchos políticos de renombre, se ha reavivado el debate sobre pobres y ricos. “¿Cómo pueden existir tales millonarios mientras una no sabe cómo va a pagar las cosas más básicas?”, se pregunta la vendedora de repollos Ioana Constantin.

Dinero negro como sobresueldo

Victor Alistar no se sorprende de que, detrás de la media de sueldo de 230 euros al mes que percibe la mayoría de los rumanos, se escondan negocios ilegales surgidos en poco tiempo y tráfico de influencias entre los políticos. Alistar es jefe de la delegación rumana de “Transparency International”, una ONG que combate la corrupción a escala mundial. Desde hace años, los últimos gobiernos rumanos siempre han hablado de que se debe actuar contra la corrupción. No obstante, hasta hoy, no se conoce condena judicial alguna al respecto.

De todos modos, la Fiscalía de Bucarest ha presentado una acción pública contra un político de alto rango, el ex primer ministro Adrian Nastase. Según parece, el ex dirigente podría haber percibido cerca de 1,4 millones de euros en dinero negro durante su mandato. A pesar de esta acusación, Victor Alistar sigue manteniendo una postura crítica: en el día a día rumano, desde hace mucho tiempo, el sueldo se complementa con dinero procedente de la economía sumergida. Sin embargo, esta suma de dinero no se considera una ilegalidad contra la que se deba luchar.

Ausencia de la clase media

El economista Ioan Gheorghiu ha desarrollado una carrera de ensueño en Rumanía. Desde 1989 trabajaba en una compañía estatal que replanteó proyectos de energía; después de la transición se convirtió en gerente de la empresa, la cual hoy en día da empleo acerca de 800 trabajadores. Este empresario de 60 años insistió pronto en la privatización, ya que en las compañías privadas los relojes marcan el tiempo de modo diferente a como lo hacen en la empresa pública. “En los últimos 17 años, Rumanía ha construido alrededor de 170 kilómetros de autovía, esto se traduce en una media de 10 kilómetros al año. A ese ritmo no estaría donde estoy”. El hombre de negocios siempre ha estado en el lugar correcto en el momento adecuado: no solo en el instante de la privatización, sino también a la hora de buscar clientes en el oeste europeo. Siguiendo su tónica, dentro de poco dispondrán de los medios para desarrollar un proyecto gracias a los fondos estructurales de la Unión Europea. Gheorghiu asegura: “En Rumanía se puede conseguir el éxito sin la corrupción”. Él no se cuenta entre los 300 rumanos más ricos, ni siquiera cuando ha cambiado ya hace tiempo su Dacia y su piso de nueva construcción por una residencia de lujo y un BMW. El hecho de que otros sean más ricos no le inquieta demasiado. Lo que sí le molesta es que apenas exista una clase media. “Nos falta equilibrio social”, apunta Gheorghiu, “es por este motivo por el que andamos a la zaga de Europa”.