Rumania y Bulgaria: ¡ya semos uropeos!

Artículo publicado el 15 de Mayo de 2006
Artículo publicado el 15 de Mayo de 2006

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A la espera del veredicto de la Comisión Europea del 16 de mayo, búlgaros y rumanos esperan que la integración a la UE conlleve mejores condiciones de vida, pero sin perder su propia identidad.

El nuevo alcalde de Sofía, Boyko Borisov, ha lanzado una campaña para limpiarle la cara de la capital búlgara. Las máquinas trabajan sin respiro para reparar los socavones que dificultan la circulación de los coches. Paneles de publicidad institucional recuerdan al búlgaro de a pie que la limpieza beneficia a todos. “Sofía se está convirtiendo en una ciudad Europea”, celebran todos los periódicos. Y es que en Bulgaria, “europeo” es sinónimo de buena calidad. Cuando el propietario de una granja introduce tecnología moderna, todos dicen que está desarrollando una “agricultura europea”. Y eso no es todo, cuando el equipo de fútbol Levski plantó cara en la Copa de la UEFA y consiguió llegar hasta cuartos de final, los comentaristas solían decir que el equipo de Sofía jugaba un “fútbol europeo”.

Por lo tanto, no es de extrañar que Bulgaria sea uno de los países con una mayor simpatía por la UE (un 59% a favor), detrás de Irlanda (70%), Rumania (64%) y Turquía (60%), según el último eurobarómetro. Bulgaria y Rumania esperan el informe de la Comisión Europea del 16 de mayo que tiene que decidir si estos dos países se incorporan a la Unión en 2007 o si tienen que esperar un año más. La adhesión significa para búlgaros y rumanos pasar definitivamente la página del período comunista. “Por fin parece que hemos superado nuestro complejo de inferioridad, muy arraigado en la mentalidad búlgara y de todos aquellos que pensaban que nunca estaríamos preparados para entrar en la UE”, dice una joven búlgara de 20 años.

Chispazos de ilusión e ingenuidad

Un 84% de lo búlgaros desea que su país se integre en la Unión Europea. Mejorar el nivel de vida y reducir la corrupción son algunas de las esperanzas que despierta la adhesión. “Meterán a los criminales en la cárcel y se acabarán los tiroteos en el centro de Sofía”, comenta un comerciante de la capital búlgara. “En el terreno de la educación, muchos estudiantes esperan poder estudiar en universidades europeas con más facilidad y, sobre todo, que lo títulos universitarios obtenidos en Bulgaria y Rumania sean reconocidos oficialmente en toda Europa”.

Muchos búlgaros sueñan con pasar las vacaciones en el extranjero, pero con un salario medio de 140 euros al mes, viajar sólo está al alcance de unos pocos. “Para entrar en el espacio Schengen me piden una invitación formal o que enseñe una gran cantidad de dinero en la frontera, para demostrar que no tendré necesidad de robar”, dice Doru Frantescu, un estudiante rumano de prácticas en Bruselas. A largo plazo, los rumanos y los búlgaros esperan cobrar un salario “europeo” y poderse pagar unas vacaciones en París o Londres sin tener que ahorrar durante tres años.

Pez grande, pez pequeño

En el terreno económico, hay diferencia de opiniones. Por un lado, algunos productores de vino están convencidos de que cumplen los estándares técnicos para alcanzar la “calidad europea” y hacerse un sitio en el mercado comunitario. Por otro lado, el pequeño comercio tiene miedo de ser arrollado por la competencia de las grandes multinacionales.

Los agricultores tampoco están tranquilos. En el campo, muchas familias poseen un terreno con un corral y un huerto. A partir del año que viene, sólo unos cuantos cumplirán los requisitos que marca la normativa comunitaria de calidad y podrán registrarse para llevar a cabo una actividad económica. Algunos se lamentan con una sonrisa amarga de que la UE prohíba la destilación a domicilio de la rakia, un licor tradicional búlgaro. Los más chistosos bromean con que para cambiarle la rueda al coche o limpiar los cristales de casa habrá que contratar a una empresa especializada que cumpla “los estándares europeos de calidad”.

Miedo a la inflación y confianza en ser como España

Pero la preocupación principal de búlgaros y rumanos es que a partir de 2007 los precios se suban por las nubes y esto afecte radicalmente a su manera de vivir. Por ejemplo, la mayoría de búlgaros y rumanos vive en un domicilio en propiedad. Pero cuando los precios lleguen al nivel medio europeo, los que quieran tener una casa propia habrán de pedir un préstamo al banco; una opción aún considerada arriesgada e insegura que poco a poco se va a imponer.

No todos están dispuestos a asumir estos cambios. “Hay un sector de gente mayor en el paro, que no ha encontrado su sitio en la sociedad actual. Hechan de menos la época soviética y preferirían que Bulgaria mirara hacia Rusia”, explica Borislav Todorov, de 22 años, residente en Sofía. Decepcionados con el modesto balance del partido socialista en el gobierno, este sector de desilusionados se ha lanzado a los brazos del partido ultranacionalista Ataka, que en las pasadas elecciones legislativas del 25 de junio consiguió un 9% de los votos. Ataka defiende que “un inversor, empresario o productor búlgaro tiene que tener ventaja respecto de los extranjeros, hasta que el nivel de vida búlgaro sea igual al nivel medio europeo”. Sin embargo, el discurso populista de este partido ultranacionalista ha sido tachado de xenófobo y no ha despertado mucho entusiasmo. El desarrollo económico que han experimentado países como España después de la integración europea hace que la mayoría de rumanos y búlgaros desee entrar en la UE.

Con la colaboración de Denitsa Velcheva desde Sofia.