Rumbo a Copenhague en el Clima Express

Artículo publicado el 21 de Diciembre de 2009
Artículo publicado el 21 de Diciembre de 2009
Estación del Norte, 12 de diciembre en París: 800 manifestantes se suben a bordo de un tren especial alquilado por dos asociaciones ecologistas francesas. Entre ellos, Jean Michel Augé, de Objectif Climat, que hizo el viaje desde Estrasburgo hasta Copenhague para presionar a los políticos y ejercer su libertad de expresión. Historia

Con el objetivo de motivar a Obama a tomar decisiones ambiciosas para el clima, Jean Michel Augé, de 49 años, se cruzó en su ruta con algunos pingüinos y militantes venidos del mundo entero, reunidos en un cortejo muy creativo. El presidente de Objectif Climat, una asociación de Alsacia que sensibiliza sobre los daños del calentamiento climático, cogió el tren de los militantes ecologistas, el Clima Express, en dirección de Copenhague para manifestarse el pasado 12 de diciembre junto a entre 50.000 y 100.000 personas (según las fuentes) en las calles de la capital danesa, al margen de la Cumbre Mundial por el Clima. Intercambio sobre esta experiencia militante.

Le tomó 20 horas llegar a Dinamarca en tren y 22 horas para volver. ¡Y esto en 4 días! ¿Cómo fue ese trayecto militante?

¡Me rejuveneció! El gran momento del trayecto fue, sin duda alguna, el gigantesco encuentro con los militantes de Oxfam, los Amigos de la Tierra y los vascos de Bizi en pleno tren. En rugby llamamos a esto un apilamiento…Un poco viril, pero pacífico y, como conclusión, un gran coro de cánticos vascos. Aparte, lo que me marcó fue la mezcla de generaciones. Militantes ecologistas históricos de más de 70 años intercambiaban ideas con nuevos comprometidos de poco más de 20 años. Es bastante raro en nuestra sociedad encontrar espacios de intercambio entre generaciones. Pero sobre todo, ¡qué organización! El equipo se componía de voluntarios pertenecientes a diferentes estructuras. Todo el mundo echó una mano, algunos se encargaban de la comida, otros de la logística. Me recordó la autogestión de los años 70 y me devolvió la esperanza de esa época: el progreso social, el regionalismo abierto, el anticolonialismo…Ese movimiento renace. El cambio climático implica el retorno de esas cuestiones. No es únicamente un interrogante científico, plantea un cuestionamiento del crecimiento, del sistema económico, el comportamiento individual dentro de la colectividad.

Y, sobre el terreno, ¿cómo vivió la manifestación?

He visto muchas manifestaciones pero como ésta, nunca. Había mucha creatividad, era multicultural. Es la primera vez que desfilaba con los nepaleses delante, los daneses al lado y suramericanos detrás de mí. Era también una organización sagrada, se distribuían cientos de pancartas diferentes. Se tenía la elección de la lengua, los eslóganes. ¡Es perfecto para las personas que no tienen el instinto gregario! A diferencia de las manifestaciones de los partidos políticos o de los sindicatos, cada uno podía dar rienda suelta a su creatividad con sus canciones, lemas, disfraces de payasos, osos, pingüinos…Sobre todo, no era una manifestación nihilista, las personas pudieron expresar al mundo lo que desean. Todas las palabras valían: las de los jóvenes, los viejos, del Sur o del Norte. Y sobre todo, esta expresión se hizo en pleno día, en la plaza pública, en las calles, a diferencia de los actos de lobby escondidos en los corredores de las instituciones.

¿Piensa que esta manifestación pudo servir de algo?

Con Obama, sí. Con él, no todo es posible, pero sin él, nada lo es. Quisimos ponerle una enorme presión: amistosa, claro, pero firme. Es un momento crucial, los objetivos del Protocolo de Kyoto no son suficientemente ambiciosos. Con Bush nada fue posible, Obama debe actuar y estamos ahí para motivarlo. Si tuviéramos que tomar como comparación un partido de fútbol, los manifestantes de Copenhague serían el jugador número 12. Sin esta presión, los políticos no harían nada. No hay que relajarse. Pero el adversario no es otro equipo, otras personas, sino ideas negativas. Todo el mundo puede cambiar. No se nace ecologista o humanista. Mire a los chinos, Estados Unidos los presentaron como el diablo, ahora son sus socios privilegiados. Los chinos son conscientes del impacto del calentamiento climático. Toca motivarlos a tomar todas las medidas necesarias. Es urgente. Hoy, aún podemos arreglar la cuestión del cambio climático en un marco democrático y evitar lo peor. Pero cuando haya una crisis climática, los conflictos sobre el agua, sobre las tierras habitables, van a emerger y la cuestión se arreglará con firmeza y violencia. Karl Marx decía que la violencia es la hija sabia de la historia. Yo diría mejor que es la relación de poder en un marco democrático lo que puede hacer cambiar al mundo.

Y localmente, ¿hay algo que se pueda hacer?

En Objectif Climat queremos seguir presionando a nuestros representantes locales. Por cierto, lo necesitan, son ellos mismos los que nos lo dicen. También llevamos a cabo un trabajo de acompañamiento a aquellas personas que desean reducir su huella de carbono. Aislamiento de su vivienda, alimentación, transporte, nuestro análisis es global, porque el problema también lo es.

Photos : Adam Welz (manifestant), Maxime Disbeaux (Jean-Michel Augé), WWF (Climate Express), Klimakampen/Flickr (Pandas)