¿Rumbo al bío-mundo?

Artículo publicado el 23 de Enero de 2006
Artículo publicado el 23 de Enero de 2006
Cada vez es mayor la demanda de alimentos saludables y de calidad. Para hacer frente a esto, la UE invierte cada vez más en biotecnología. ¿Qué comeremos en el futuro?

En Europa, los modos de vida se han transformado, y la sociedad envejece. Por tanto, también nuestra alimentación está destinada a cambiar. Pero esto no sólo sucede en Europa, sino también en el resto del mundo. La creciente población del planeta requiere una mayor producción de alimentos.

400 millones de euros para la investigación

La Comisión Europea desea dar una respuesta a este problema y encontrar un equilibrio entre economía y medio ambiente. Por ello, se ha convertido en abanderada de la puesta en práctica de la bioeconomía, que se basa en los inmensos avances en la biotecnología. Los agricultores, productores de alimentación y demás sectores económicos que crean, gestionan o utilizan de algún otro modo los recursos biológicos (animales, plantas, microorganismos) deben fabricar productos duraderos y competitivos.

Con el fin de cumplir esta meta, especialmente en el ámbito de la alimentación, la Comisión Europea ha fundado la plataforma “Food for Life”, en la que se reúnen investigadores, industriales y grupos de presión de este sector. Su propósito es impulsar la investigación y el desarrollo para poner pronto a disposición de los consumidores “nuevos” alimentos. Por otro lado, el asunto “Alimentos, agricultura y biotecnología” se ha incluido en el séptimo programa marco de investigación de la Unión Europea. Con ello, la UE desea tener una participación activa en el mercado mundial de los alimentos producidos con el apoyo de la biotecnología. En EE UU, las empresas de biotecnología invierten 650 millones de euros al año en investigación y desarrollo, mientras que las europeas sólo destinan 400 millones de euros.

La bioeconomía basada en el conocimiento se fundamenta en los grandes progresos de la biotecnología, que tiene una importancia capital en la industria alimentaria. Da vía libre a aplicaciones novedosas en la agricultura y la fabricación de alimentos. También puede impedir que los cambios ambientales causen pérdidas en las cosechas.

¿Se convertirán las explotaciones agrícolas del futuro en empresas biotecnológicas que, en lugar de extensos campos sólo posean enormes generadores? En la actualidad, ya se pueden encontrar leche, carne, fruta y verdura de fabricación biotecnológica en los supermercados de toda Europa. Pero esto no soluciona la cuestión de qué comeremos en el futuro.

Alimentos funcionales

El estudio de la estructura del genoma humano, así como de la función y la interacción de sus genes, ha avanzado mucho en los últimos años. Hoy se comprende mejor qué efectos pueden tener los componentes de los alimentos a nivel molecular. Así, en el futuro se podrán crear alimentos “a medida” que podrán utilizarse para prevenir enfermedades y reducir los riesgos para la salud. También se harán posibles los alimentos con “funciones” adicionales, como los llamados “alimentos funcionales”, que se adaptan a nuestro estilo de vida y hacen posible que nos alimentemos mejor. Este tipo de alimento podría ser más duradero y podría mejorarse añadiendo una porción extra de nutrientes especiales a las frutas y verduras. El análisis del genoma de las plantas ha facilitado la modificación genética de la escanda y el aumento de su contenido en proteínas.

Existen muchos más proyectos que aportan resultados igual de satisfactorios en los laboratorios europeos cuya finalidad es crear plantas con copias de genes adicionales o modificadas. Estas plantas, denominadas “transgénicas”, poseen características especiales. Entre ellas se encuentra la producción de fructano en la remolacha. O la fabricación de patatas con altas dosis de lisina, un aminoácido esencial para el hombre. También podrían crearse plantas que produjesen anticuerpos que actuasen contra determinadas impurezas.

Las investigaciones en el campo de la genómica vegetal también son útiles para el incremento de la producción. Al aumentar la resistencia natural de las plantas o animales se reduce la necesidad de usar pesticidas y abonos. Estas nuevas tecnologías también pueden mejorar las cosechas, así como la conservación y la transformación de los cereales y, de este modo, reducir las enormes pérdidas que se producen durante estas etapas de la producción. Asimismo, estas investigaciones hacen posible una mayor variedad de plantas cultivadas. De este modo, el usuario tiene acceso a tipos de alimentos anteriormente desconocidos por completo. Una cosa es segura: el futuro les depara a los europeos paladares y alimentos desconocidos hasta ahora.