Rusia, VIH Positivo

Artículo publicado el 10 de Julio de 2006
Artículo publicado el 10 de Julio de 2006

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La salud se sitúa entre los objetivos prioritarios de la Cumbre del G8 en 2006. Ahora que Rusia, país muy afectado por el SIDA, acoge el G8, los países donantes tienen más que nunca la obligación de cumplir sus promesas.

Casi un año ha transcurrido desde la celebración de la Cumbre de Gleneagles, en julio de 2005, en el transcurso de la cual, los ocho jefes de Estado de los países más ricos del planeta decidieron situar la lucha contra la pobreza en el centro de sus preocupaciones. Obligadas por la sociedad civil, la opinión pública o el Live 8 de Bob Geldof, las grandes potencias retomaron una serie de declaraciones de buena voluntad y entre las disposiciones expresamente establecidas en las decisiones oficiales se encontraba el acceso universal a los tratamientos contra el SIDA de entonces a 2010.

Pese a ello, Oxfam International estima que, teniendo como dato de referencia el montante de los fondos actualmente asignados a ese sector, aquel objetivo no se alcanzaría nunca, y así, de entre los seis millones de personas que precisaban de atención urgente, sólo un millón tuvo acceso a los tratamientos necesarios en 2005. En resumen, el coste de los medicamentos sigue siendo demasiado elevado y el Fondo Mundial de Lucha contra el SIDA, la tuberculosis y la malaria necesita dinero.

Europa del Este gravemente afectada

Desde que el virus fuera descubierto en el seno de la comunidad gay de Los Ángeles, hace hoy veinticinco años, un total de veinticinco millones de personas ha fallecido a consecuencia de la enfermedad y 40 millones más se han infectado. En mayo de 2006, Peter Piot, el director de ONUSIDA, la instancia de Naciones Unidas encargada de luchar contra la epidemia, declaraba que “el virus se ha expandido tan rápidamente que en la actualidad representa, en todo el mundo, la primera causa de mortalidad entre los hombres y mujeres de 15 a 59 años”.

Si bien el África subsahariana continúa siendo la región más afectada por la epidemia, ello no quiere decir que Europa del Este esté a salvo, toda vez que la enfermedad se ha extendido de manera fulminante en esa zona. Según el EuroHIV –el programa europeo de seguimiento y vigilancia del virus en el continente-, esta progresión viene indefectiblemente unida al consumo de drogas por vía parenteral, una práctica que se ha incrementado en los años noventa como consecuencia de la crisis de la Unión Soviética, coincidiendo además con una época en la que Afganistán se ha erigido como uno de los mayores productores de opio del planeta. También ha aumentado la transmisión por vía sexual, y en este punto, el sector de población más vulnerable está integrado por jóvenes que conviven con situaciones de pobreza y de tráfico en todos sus ámbitos, que carecen además de una información suficiente y de servicios adecuados para protegerse frente a la enfermedad.

Según las cifras manejadas por ONUSIDA en un estudio que reagrupa los trabajos realizados por el PNUD, UNICEF, el FNUAP, la OMS, la UNESCO y el Banco Mundial, en el año 2005 había 1,6 millones de enfermos en Europa del Este y en Asia Central, y de ellos, más de un millón se había infectado tras la aparición de los primeros casos de SIDA en el sur de Ucrania, en 1995. El 75% de los infectados diagnosticados entre los años 2000 y 2004 está formado por jóvenes menores de treinta años, un porcentaje que desciende hasta el 33% en Europa occidental. Ucrania y Rusia son los países más afectados y así, el año pasado, 62.000 personas, entre adultos y niños, fallecieron a causa de la enfermedad, a menudo como consecuencia de un acceso insuficiente a los medicamentos.

Una tasa de solidaridad en los billetes de avión

El pasado 3 de junio, los cuarenta y tres países de la ONU que participaron en la Conferencia Internacional sobre el SIDA adoptaron una nueva iniciativa destinada esta vez a la compra de medicamentos a bajo coste para las poblaciones más desfavorecidas. Nacida como consecuencia de una campaña lanzada por Brasil, Chile, Noruega y Francia, Unitaid/FIAM (Facilidad Internacional de Compra de Medicamentos) descansa en parte sobre una tasa de solidaridad internacional en los billetes de avión. Por el momento, sólo catorce de esos cuarenta y tres países firmantes han adoptado el proyecto: Brasil, Chile, Chipre, República Democrática del Congo, Gabón, Costa de Marfil, Francia, Jordania, Luxemburgo, Madagascar, Isla Mauricio, Nicaragua, Noruega y Reino Unido). Un gran número de países clave no ha apoyado esa iniciativa, como los Estados Unidos, Australia y la mayor parte de los socios comunitarios que prefieren colaborar con UNITAID, a través del mecanismo de apoyo presupuestario plurianual.

En Francia, a pesar del rechazo del grupo de presión de los transportes aéreos, la tasa de vuelo está vigente desde el pasado uno de julio. En concreto, los pasajeros de clase turista deben pagar un euro en los destinos nacionales o intracomunitarios, y cuatro euros si se trata de vuelos internacionales (diez veces más en “business class” o preferente). En total, los instigadores de esta iniciativa esperan recaudar mil millones de dólares cada año del conjunto de los países que han acogido la tasa solidaria.

¡Se acabaron los parches!

Las ONG denuncian sin embargo la falta de compromiso expreso por parte de los países que acordaron la citada medida. La ONU estimó que se necesitarían entre 20.000 y 23.000 millones de dólares anuales de aquí a 2010 para iniciar una lucha eficaz contra el SIDA. Ahora bien, entre los principios fundamentales del proyecto no se contempla ningún tipo de compromiso formal en este sentido.

Según Stefaan Declercq, Secretario General de Oxfam Solidarité en Bélgica, “la tasa de vuelo que paguen los pasajeros de los transportes aéreos no debe sustituir en modo alguno a las aportaciones de los Estados destinadas a engrosar el Fondo Mundial de lucha contra el SIDA”. Los fundadores de Unitaid han prometido que el proyecto operaría como un complemento y no como sustitutivo de los instrumentos que ya existen en esta materia, como ONUSIDA o el Fondo Mundial.

Stefaan Declercq señala sin embargo que “en 2002, en la Conferencia de Monterrey, los países ricos se habían comprometido a no incluir los fondos de la condonación de la deuda en los montantes destinados a financiar la ayuda al desarrollo y que, pese a ello, eso es precisamente lo que hacen”. Las ONG, con razón, solo esperan una cosa: que los miembros del G8 apunten mejor en San Petesburgo.