Ryszard Kapuscinski, ¿realidad o ficción?

Artículo publicado el 30 de Marzo de 2010
Artículo publicado el 30 de Marzo de 2010
En cuanto me enteré de que se estaba escribiendo la biografía del fallecido ‘reportero del siglo XX’, de nacionalidad polaca, supe que traería polémica. Acerté. Porque si en Polonia alguien es importante, también es un santo intocable

Fue Alicja Kapuscinska, la viuda del periodista, que falleció en 2007, quien facilitó el acceso a Artur Domasławski a los archivos de su marido. Sin embargo, el 24 de febrero, la mujer perdió la demanda interpuesta contra el autor de Kapuscinski Non-Fiction (2010). La mujer afirma que no había sido informada de que Domasławski estaba escribiendo la biografía de su marido, pensaba que lo que preparaba era un libro sobre sus obras. Para empeorar la situación, en una entrevista de radio unas pocas semanas después, el antiguo ministro de Asuntos Exteriores, Władysław Bartoszewski, comparó el libro con una “guía sobre los burdeles del mundo”. Muy respetado tanto en Polonia como fuera del país, el antiguo prisionero de Auschwitz y actual asesor sobre asuntos exteriores del Primer Ministro, admitió que aún no había leído la biografía ni pensaba leerla, ni colaboraría en adelante con la editorial Swiat Ksiazki. Mientras tanto, los colegas de Artur Domasławski le acusaban de hacer sensacionalismo y de “ser parcial” en perjuicio de la reputación del ‘maestro’. Las obras de Kapuscinski se han publicado en 30 idiomas, ¿pero en la sección de ficción o de no ficción?

'Kapuscinski non fiction'Han sido dos las cuestiones principales que han desencadenado la polémica vinculada a la publicación del libro Kapuscinski Non-Fiction, que ya se ha convertido en bestseller en Polonia desde que se publicó el 3 de marzo. En primer lugar, se acusa a Kapuscinski, corresponsal extranjero de la agencia polaca de noticias (PAP) para todo el continente africano, además de otros países, de convertir en ficción acontecimientos reales. En segundo lugar, se advierte que colaboró con las autoridades comunistas del país, que se denominó República Popular de Polonia entre 1952 y 1989. Como periodista en la época socialista, no escondía su preferencia por la izquierda. Sin embargo, eso no le da derecho a nadie a cuestionar el valor intelectual de sus obras. De lo contrario, deberíamos actuar exactamente de la misma manera en relación con las obras escritas por los corresponsales estadounidenses que, al igual que Kapuscinski, analizaban acontecimientos que sucedían en países del Tercer Mundo, desde su perspectiva del otro lado del telón de acero durante la Guerra Fría. 

Por otra parte, lo que es mucho más difícil es decidir cuánta ficción se puede llegar a detectar en un artículo. “El problema con Kapuscinski es que sus obras literarias eran mucho más atractivas que las obras que se presentaban como máximo ejemplo para los periodistas”, escribe Domosławski en su libro. “Su obra literaria se guardaba en los estantes junto a las bellas letras. Sin lugar a dudas esas obras representan los niveles más elevados de la creación literaria. Probablemente sería mejor que las obras de Kapuscinski no se vendieran como obras periodísticas, a pesar de que una parte importante del material se recabara por medios periodísticos”. El debate sobre los límites de la ficción literaria en el periodismo no es nuevo. Hace más de cincuenta años, surgió en la escena literaria una nueva categoría denominada ‘facción’, término en inglés formado a partir de las palabras ‘fact’ (hechos) y ‘fiction’ (ficción).

Kapuscinski y el periodismo “imparcial”

El propio Kapuscinski tenía ideas originales sobre la objetividad. “No creo en el periodismo imparcial”, afirmó en una de sus entrevistas, que Domosławski publica en su libro. “No creo en la objetividad formal. Un periodista no puede ser un testigo indiferente, sino que debe contar con una cierta característica que los psicólogos denominan empatía. No es posible hacer un periodismo supuestamente objetivo en casos de conflicto. Cualquier intento de ser objetivo en tales situaciones sólo lleva a la desinformación”.

Para entender los aspectos más importantes de la obra de Kapuscinski, basta con haber leído su famoso libro El Emperador (1978). Domosławski contradice la insinuación de Kapuscinski de que Haile Sellassie era medio analfabeto, y afirma por el contrario que era una persona formada capaz de leer en varios idiomas. Sin embargo, un gobernante iluminado con la ambición de llevar a cabo reformas moderadas no encajaba con la idea de un déspota centrado en arruinar a su propio país... Kapuscinski trata los acontecimientos que describe de un modo bastante descuidado. Como él mismo admitió, se centraba en “intensificar la realidad”, aunque eso resultara en una distorsión de los datos históricos. Si en El Emperador, la deformación del poder autoritario constituye la ejemplificación arquetípica de ese poder, en El Sha (1982), sobre el último sha de Persia, el poder autoritario representa el mecanismo de la revolución. Finalmente, Domosławki llega a afirmar que si las obras de Kapuscinski no se hubieran movido en el límite entre la realidad y la ficción, con seguridad no serían tan famosas como lo son en la actualidad.

El libro de Arthur Domoslawki 'Kapuscinski non fiction' llegará a las librerías españolas en octubre de 2010 y estará publicado por la editorial Galaxia Gutenberg.

Fotos:  ©mermadon 1967/Flickr;  ©Artur Domosławski; Świat Książki