Sacar al 'demos' de la democracia: la protesta en Europa

Artículo publicado el 31 de Agosto de 2015
Artículo publicado el 31 de Agosto de 2015

El primer requisito que se le pide a un Estado europeo a la hora de solicitar la adhesión a la UE es “respetar los valores democráticos”. Según esto, los actuales miembros podrían echar mano de un curso de actualización sobre lo que significa ser una democracia. Las protestas, una parte vital de este sistema de gobierno, se castigan cada vez más. ¿Está olvidando Europa cómo funciona la democracia?  

Actualmente los políticos hacen todo lo posible para impedir que la gente se acerque a su torre de marfil. A principios de año, el Gobierno español hizo del Parlamento un santuario por medio de una controvertida ley que, de manera eficaz, prohíbe las protestas cerca de instituciones como el Congreso de los Diputados. Mientras tanto, la ministra del Interior británica, Theresa May, tuvo que detener los planes del alcalde de Londres, Boris Johnson, de usar cañones de agua como herramienta para controlar a las multitudes. Evidentemente, ya no se consideran las protestas como una parte esencial del sistema democrático, sino como revueltas públicas que se han de aplastar.

El derecho de protesta es un principio democrático garantizado por diversos derechos humanos, como el derecho de reunión o la libertad de expresión. Por suerte, este derecho se restringe para que no incluya difundir odio o amenazar la seguridad pública. Aunque desgraciadamente, los gobiernos se muestran cada vez más paranoicos acerca de lo que constituye una “amenaza” para el orden público.

La blasfemia ya no debería ser un delito en Europa, pero di algo negativo de la realeza y tendrás un gran problema. A un ciudadano neerlandés que gritó: «Que le den al Rey, a la Reina y a la Familia Real» lo llevaron a juicio por insultar a los monarcas, lo que derivó en un escándalo público. En otras ocasiones, como en la boda entre el príncipe británico William y Kate Middleton y la coronación del Rey de los Países Bajos, Willem-Alexander, se detuvo a republicanos de manera preventiva.

En ocasiones, el simple “miedo” a una protesta es suficiente para alertar a la policía. La semana pasada se publicó un informe de la policía neerlandesa en el que se aseguraba que se había detenido a gente durante las celebraciones de Navidad del año pasado por ser de raza negra o por parecer “alternativos”. Se afirmaba, además, que la policía temía por la seguridad pública, debido a la presencia de gente que aparentaba ser de “izquierdas” y que vestía camisetas con escritos antirracistas. Añádele a todo esto las advertencias de Amnistía Internacional sobre la falta de investigación en el excesivo uso de la fuerza policial contra protestantes y periodistas en países como Grecia, España y Rumanía, y casi pensarás que la UE es una sociedad de estados policiales.

Limitar el derecho de protesta no tiene nada que ver con el orden público y sí con el hecho de que la gente desafíe aquello que no es lo que debería ser. Esto también va en consonancia con el aumento de los niveles de desigualdad en toda Europa, ya que un estudio ha reflejado que cuanto más desigual es una sociedad, más represiva se muestra. Cuando sólo un pequeño grupo de personas se benefician de la situación actual, interesa silenciar al populacho o desviar la atención a otros temas. ¿No se nos dice que dirijamos nuestro enfado a los inmigrantes cuando contribuyen más de lo que reciben en beneficios? ¿No es por ello por lo que se supone que debemos vilipendiar a los huelguistas que plantaron cara a cambios inaceptables en sus condiciones laborales y que vieron hace poco su derecho de huelga frenado?

En una sociedad libre, ni los intocables ni los "fuera de la ley" deberían existir y, aun así, en la Europa de nuestros días a la realeza y los políticos no se les puede hacer responsables de sus propias acciones, al mismo tiempo que todo lo que pasa, desde la crisis de la vivienda hasta los bajos salarios o los embotellamientos, se achaca injustamente a los inmigrantes. Junto a esto, la conocida como “ley mordaza” o los planes en Reino Unido de desechar la ley de derechos humanos son claros ejemplos de que, incluso en una democracia, nuestros derechos en ocasiones se encuentran en peligro. Lo menos que los gobiernos puede hacer para sostener la farsa de que vivimos en una sociedad democrática operativa es dejar que la gente tome las calles para defender sus derechos.

La actriz y directora de cine Natalie Portman, destacada activista política, le recordó la semana pasada a todo el mundo lo que significa vivir en una democracia: "A veces salen elegidas ciertas personas por las que uno no votaría, y se ha de vivir con ello. Así que se alza la voz, se tiene que decir lo que se piensa, protestar cuando las cosas van mal, pero eso es parte de una democracia". La democracia no es algo que se encienda cuando hay elecciones y se apague en cuanto salgan los resultados. En un sistema democrático, al demos se le permite expresar su opinión cuando quiera. Entiendo que a ciertos políticos no les guste mucho este aspecto, pero eso también es parte de la democracia.