Sáhara: un exilio demasiado largo

Artículo publicado el 26 de Febrero de 2007
Artículo publicado el 26 de Febrero de 2007
El 27 de febrero el pueblo saharaui celebra su día de la independencia, pero sigue viviendo de la ayuda internacional y de numerosas ONG que operan en la región. Lea nuestra FOTOGALERÍA.

Cuando anochece en el desierto de la Hamada, a veces el aire vuelve a ser respirable. De repente, encontramos grupos de gente delante de las jaimas, grupos que hablan y ríen entre sí. Incluso en lugares inhóspitos como el hospital de Rabuni se puede palpar la alegría, ambiente de confianza. El hospital central de Rabuni es un pequeña construcción ubicada al lado de la sede de todas las ONG que trabajan en los campamientos saharauis (Ojos del mundo, Pentalux, Trabajadores y Técnicos sin Fronteras o Médicos sin Fronteras…), a 30 km de la wilaya más cercana. Los campamentos están divididos en 4 agrupamientos de población que reciben el nombre de wilayas, cada una de la cual conserva el nombre de las regiones ocupadas.

Los cerca de 160.000 saharauis que viven en el exilio argelino no habrían sobrevivido si no fuera por la ayuda internacional, coordinada por organismos especializados de la ONU: ACNUR (Agencia para los Refugiados) y PAM (Programa Mundial de Alimentos). Además de la ayuda proveniente de colectivos solidarios independientes, así como de las donaciones individuales, como por ejemplo la ayuda de las familias integrantes del proyecto español “Vacaciones en Paz”, que cada verano lleva a centenares de niños saharauis a distintas partes de España. Pero también, y no cabe olvidarlo, se reciben ayudas de aquellos países afines al régimen de la República Árabe Saharaui Democrática (RASD) tales como Cuba o Venezuela), o la misma Argelia. A pesar de ello, esta ayuda es insuficiente.

La fatalidad del pueblo saharaui es que sigue viviendo de la ayuda internacional, desaprovechando su rico capital humano y su territorio explotado por el gobierno marroquí.

Un hospital particular

Es en el pequeño hospital de Rabuni donde las distintas comisiones médicas llevan a cabo las intervenciones quirúrgicas que las precarias condiciones permiten, la mayoría del material se transporta desde Europa con cada comisión. El material de Rabuni es fruto de donaciones recaudadas por cada una de las organizaciones que trabajan en los campamientos. Fuentes de capital público (como el proyecto de optimización de ayuda humanitaria llevado a cabo por la organización ATTsF, financiada por la Agencia Española de Cooperación Internacional AECI), o de capital privado (el año 2006, la ONG catalana Ojos del mundo recibió un 60% de financiación privada).

Quizás el rasgo más característico del hospital de Rabuni es su gran patio interior, donde bajo la luz de la noche (en el desierto las noches nunca son oscuras) se agrupan los enfermos con sus familias que se tumban como si una inmensa alfombra se extendiera bajo sus pies y estuvieran en casa recibiendo invitados a tomar el té. Si por casualidad un enfermero pide por un paciente “Fatimatu Muhammad!!!” en seguida todos lo localizan, todos se conocen en esta nueva familia que adopta cada enfermero que duerme una noche en Rabuni. Las habitaciones, mientras tanto, permanecen vacías, para descansar ya están las horas de sol; no se pueden desaprovechar las noches de aire fresco en el desierto.

Un lugar olvidado en el mundo

En la actualidad, la situación en los campamentos es crítica, ya que desde octubre de 2006 las reservas alimentarias se han agotado. A raíz de la denuncia por parte de la Media Luna Roja Saharaui, la AECI hizo una donación de 1,5 millones de euros. ECHO (Oficina de Ayuda Humanitaria de la Unión Europea) donó un millón de euros y el gobierno finlandés donó 240.0000 euros: donaciones tramitadas, todas ellas, a través del PAM. A pesar de eso, el PAM ha bloqueado la entrega de alimentos financiados a partir de estas donaciones y no ha hecho llegar la ayuda de emergencia. Para hacer frente a esta catástrofe, la Media Luna Roja Saharaui ha hecho otro llamamiento a ACNUR para incitarlo a hacer presión a la comunidad internacional. Respondiendo al llamamiento, representantes de ACNUR y del PAM han visitado los campamentos a comienzos del mes de febrero de 2007, constatando la situación de emergencia. En paralelo, distintas Asociaciones de Amigos del Pueblo Saharaui de toda España recolectan fondos para poder enviar la mayor cantidad posible de ayuda mientras no se haga efectiva la ayuda del PAM.

La base de una solidaridad que no pretenda ser caritativa es fortalecer las herramientas de la sociedad asistida para desarrollar su capacidad de vivir en independencia de la ayuda exterior. Sin embargo, una vez que las comisiones han formado los profesionales locales, y estos tienen los conocimientos autosuficientes, ¿quién subvencionará el material para llevar los proyectos adelante? ¿Quién pagará los incentivos de estas personas? El problema del Sáhara no es la manera en que se lleva a cabo la solidaridad internacional, que aún es insuficiente. Su problema es que, tras 30 años de exilio, aún se vean obligados a vivir fuera de su tierra, rica en fosfatos y con un mar magnánimo en recursos pesqueros, del cual sólo se aprovecha el reino de Marruecos.