Salchichas, queso, justicia y pobreza: una historia a la italiana

Artículo publicado el 7 de Junio de 2016
Artículo publicado el 7 de Junio de 2016

Atención, este artículo no ha sido revisado ni publicado en ningún grupo

[Artículo de opinión]. «Robar para comer no es delito», dijo la Corte de Casación italiana. El problema es que se ha tardado 5 años en juzgar un "robo" de salchichas y queso y, durante ese tiempo, poco o nada se ha hecho para acabar con la necesidad de robar para poder comer. Justicia y pobreza: un caso a la italiana.

Los hechos

Roman Ostriakov, un joven ucraniano sin hogar, es detenido en un supermercado de Génova en el 2011. ¿La acusación? Robo de salchichas y queso por un valor total de casi 4 euros. El "sin techo" fue denunciado, procesado y condenado por robo. La ley italiana prevé una pena de un año de reclusión, sustituible por una multa de hasta 206 euros en el caso de que el robo se haya cometido para satisfacer una "necesidad grave y urgente", pero el chico fue condenado en primera y segunda instancia por el Tribunal y por la Corte de Apelación de Génova.

Pero ¿por qué hablamos de este caso en el 2016? Porque después de "solo" 5 años se ha admitido a trámite el recurso de un buen procurador general, el cual pedía a la Corte de Casación rebajar la pena del muchacho. En este caso concreto, no se trataba de un robo sino de una tentativa de robo, pues Roman fue descubierto antes de poder abandonar el supermercado con su "rico" botín. No hay nada nuevo en lo que se refiere a la rapidez de la justicia italiana, pero esto no termina aquí. La Corte de Casación anuló la sentencia del tribunal de Génova, absolviendo a Roman en base a que «la condición del imputado y las circunstancias en que se le ocurrió incautarse de la mercancía demuestran que cogió esa poca comida para hacer frente a una "immediata e imprenscindible exigencia de alimentación, encontrándose en ese momento en un estado de necesidad». En otras palabras, el robo por hambre no es delito, y este caso crea sin lugar a dudas un precedente.

El episodio en sí da lugar a una reflexión sobre dos "problemas" concretos relacionados entre sí, anche se non in maniera immediata. El primero, como ya ha quedado claro, se refiere a los  enormes tiempos que la justicia italiana necesita para juzgar unos hechos. El segundo, menos comprensible, deja al descubierto el dato sobre la tasa de pobreza en Italia, en particular la "importada" del extranjero. Pero vayamos por orden.

La "rápida" justicia italiana

Efectivamente, la "rapidez" con la que se ha celebrado el juicio no figurará en El libro Guinness5 años para juzgar un robo por valor de 4 euros. No se trata probablemente del caso judicial más urgente en Italia en estos momentos, pero suficiente para ver cómo queda el ranking europeo en lo que a eficiencia judicial se refiere: la historia de Roman solo es ejemplo, entre otros, de una situación cuando menos preocupante. También en el 2015, el informe de la Comisión Europea para la Eficacia de la Justicia (Cepej) muestra una Italia que ocupa el último lugar en cuanto a eficacia y rapidez del sistema judicial. Ese año el informe se centraba en la justicia administrativa, pero el del 2014, que examinaba la justicia penal no era mucho mejor. Un sistema contradictorio que no está en condiciones de proteger ni a la parte perjudicada (una empresa privada que no ha tenido una respuesta definitiva en un periodo breve de tiempo respecto a un daño súbito) ni tampoco al imputado (5 años para llegar a definir un estado de necesidad). En la práctica, un proceso donde el culpable es el juez o, mejor dicho, el propio sistema judicial.

La pobreza que existe pero no se ve (más o menos)

Alguien se preguntará: ¿qué tiene que ver esto con la pobreza en Italia? Los dos argumentos están más relacionados de lo que se podría pensar: el propio informe CEPEJ ha señalado la importancia que tiene un sistema judicial eficaz en el crecimiento del país en el que actúa. En pocas palabras: si funciona la justicia (si lo hace en un lapso de tiempo razonable), las empresas se sienten protegidas y es cuando generan mayores inversiones y mayor número de puestos de trabajo. Y tal vez menos necesidad de robar para comer. Aquí está la conexión. La curiosidad nos lleva inevitablemente a preguntarnos si hay tantos pobres en Italia. El Estado contabiliza 1.470.000 familias que viven por debajo del umbral de la pobreza: 4.102.000 personas (el 6.8% de la población) para ser más precisos, con bastante diferencia entre el norte y el sur. Estas cifras se pueden aplicar también al caso de Roman, puesto que más del 23% de las familias estranjeras que residen en Italia viven por debajo del umbral de la pobreza. En el imaginario popular están esas familias que llegaron a Italia para quitar el trabajo a las familias italianas. La realidad es que solo una cuarta parte de aquellos encuentra trabajo,por lo que todavía quedan puestos vacantes para los italianos.

Resumamos. Robar para comer, en Italia, no es delito. Pero para saberlo han sido necesarios 5 anni, lo que seguramente no ayuda al sistema económico a procurar que no haya que robar para comer. El discurso es simplista, es verdad, pero la realidad no es mucho mejor. Y no nace del deseo de "estar en contra de todo", sino de la convinción de que el cambio solo podrá nacer de la denuncia de las cosas que no funcionan. En este caso de un país que ha logrado reconocer el estado de necesidad, pero no acabar con ella. Pero es probable que se haya dado un pequeño paso al frente.