¡Salud!

Artículo publicado el 3 de Julio de 2006
Artículo publicado el 3 de Julio de 2006

Atención, este artículo no ha sido revisado ni publicado en ningún grupo

Ya sabíamos que a los jóvenes ingleses les gusta la botella, aunque en vano el gobierno británico trate de atajarlo.

En Londres no sólo se trabaja, también se festeja mucho. Sobre todo los fines de semana, cuando los domingos relajaditos son el corolario de los excesos en la pista de baile y en la barra del bar. Un estudio del Instituto británico para los estudios sobre el Alcohol (IAS en sus siglas inglesas) acaba de descubrir que Gran Bretaña ocupa el tercer puesto del empinamiento de codo entre los jóvenes, sólo por detrás de Irlanda y Dinamarca. Practican el binge drinking: beber el máximo de alcohol en un breve periodo de tiempo hasta caer desmayados.

Tendencia confirmada

Antes y durante la segunda guerra mundial, los jóvenes eran los que consumían menos alcohol en la sociedad británica. La bebida no tenía apenas importancia entre ellos, y no fue sino hasta los “maravillosos años sesenta” cuando los delirios etílicos se pusieron de moda. En los ochenta, los jóvenes entre 18 y 24 años ya eran los mayores bebedores del país.

La tendencia se ha confirmado hasta hoy, y sus motivos y efectos son múltiples. Beber tiene un fuerte componente social: los amigos se reúnen, salen juntos y a pasarlo bien. “Beber es una cosa muy normal por aquí, sobre todo los viernes después de salir del trabajo”, dice Begoña Pique Bernardo, una joven española de 23 años residente en Londres desde hace unos meses. Algunos jóvenes logran superar su timidez en el seno de una pandilla de amigos y se pliegan a la dinámica del grupo: con unos cuantos vasos, todo parece mucho más sencillo en la vida.

El gobierno británico está tratando de ponerle freno a esta epidemia. Su estrategia en el combate contra el alcohol se resume en un documento de cinco páginas, presentado en 2004. En él, señala con el dedo las consecuencias del exceso de ingesta de alcohol a través de campañas publicitarias y de campañas televisivas. A partir de ahora, los grandes bebedores deberán pagar una multa de 80 libras si permanecen ebrios en un lugar público. ¡Y ahí está el problema, pues la mayoría de los menores de edad beben en casa!

Cada país es distinto

No es sólo la cantidad de alcohol ingerido lo que se persigue en Gran Bretaña, sino la cultura de la borrachera en general. La imagen de la inglesa con minifalda y su homólogo masculino vomitando en la calle le resulta desagradable al extranjero. “En mi país, nunca dejaríamos tirado a un colega en la calle por estar borracho, lo que, por lo que veo, sucede a menudo en Inglaterra”, dice Silvia Garrido Kemp, una mejicana de 26 años que trabaja en Londres como consejera financiera.

En los países mediterráneos, también se bebe mucho vino y mucha cerveza, pero a menudo acompañando un almuerzo o una cena. Además, los cafés y las discotecas abren más tiempo, con lo que la gente bebe más relajadamente. El gobierno británico ya intentó hace dos años tomar las riendas del problema posibilitando a los dueños de los bares abrir el local más allá de las 23.00h.

Emilie Rapley, investigadora del citado Instituto IAS, no cree que esta medida cambie la tendencia. Explica que “una de las principales críticas que se formulan contra esta ley es que aprovecha sobre todo al lobby del alcohol y no se basa en pruebas fiables de éxito. En realidad”, prosigue, “todas las investigaciones demuestran que alargar los horarios de apertura de bares no conlleva ni reducción del consumo de alcohol, ni reducción de altercados o de delitos relacionados con el consumo”.

Las consecuencias económicas, sociales y sanitarias de tales costumbres son caras a largo plazo y representan una apuesta imposible para el Estado británico. Los británicos gastan mucho en alcohol, manteniendo así el lucro de los baristas, los gastos en cuidados médicos y el coste de los daños a la vía pública. Según un estudio de 2003 realizado por el ministerio del Interior británico, el absentismo laboral por ingesta de alcohol representaba para los empleadores un coste de 6.000 millones de libras al año, mientras el vandalismo callejero le costaba al Estado 7.500 millones de libras.

Queda por saber si las campañas del gobierno serán eficaces, pues otro estudio ha demostrado que los jóvenes que beben mucho son aquellos que también consumen más drogas de otra índole, iniciándose así un círculo vicioso que sólo se podrá romper con medidas a largo plazo.