¿Salvar el socialismo prehistórico?

Artículo publicado el 24 de Octubre de 2005
Artículo publicado el 24 de Octubre de 2005

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Países como Francia y Alemania están rehusando arrastrar sus sistemas de bienestar al siglo XXI. Pero es sólo una cuestión de tiempo antes de que la globalización, la movilidad laboral y el envejecimiento de la población los lleven a su extinción.

En los círculos científicos, el debate sobre la razón por la que se extinguieron los dinosaurios sigue siendo controvertido. ¿Fue un repentino suceso de proporciones cataclísmicas o fue su incapacidad de adaptación a los cambios graduales de todo su entorno? De cualquier manera, el resultado final fue el que fue. Así que ¿qué le sucederá a los sistemas de bienestar en la prehistórica Europa social, como Francia o Alemania?

Economías malsanas

Sólo necesitamos echar un vistazo a las estadísticas de desempleo de Francia (9,6%), Alemania (9,6%), Italia (7,7%) y Bélgica (8,0%) para ver que estos países no están actuando bien dentro del variado contexto europeo. Una mirada más atenta nos muestra que aquellos Estados basados en sistemas de bienestar social están causando la necesidad de que la gente sea ayudada: un informe de UNICEF del pasado mes de febrero arrojó que uno de cada diez niños alemanes vive por debajo de la línea de la pobreza y, según el diario Le Monde, por encima de un 20% de la población en edad de trabajar está desempleada en la región de Bruselas.

Lo más sorprendente de todo, sin embargo, es que estos Estados están deslizándose cada vez más en el endeudamiento para mantener este hipertrofiado y enfermo sistema de bienestar. El déficit presupuestario de Francia llega al 3% para este año y Thierry Breton, el Ministro de Finanzas francés, vaticina que estas cifras se repetirán el próximo año. Ésta diapositiva de la deuda no se ve ayudada por el envejecimiento de la población. En Alemania, por ejemplo, la proporción de empleados con respecto a los jubilados es, en la actualidad, de 2 a 1. Está previsto que esta proporción se iguale en 2035, con un jubilado percibiendo una pensión por cada trabajador que la esté financiando.

Anacronismos artríticos

Una mirada atenta al modelo social de estos países explica algunos de los problemas a los que tiene que enfrentarse. El modelo Continental, presente en la tierra del socialismo prehistórico, es un sistema basado en una larga serie de intervenciones gubernamentales en matrimonio con un igualitario sistema social de bienestar. Este modelo se centra en proveer una alta seguridad en el empleo para los trabajadores y un generoso sistema compensatorio para los desempleados; en Alemania, la cantidad máxima que se puede percibir por desempleo es de 1.875 euros al mes durante un máximo de 32 meses –en comparación con el estandarizado en el Reino Unido de 300 euros-. Sin embargo, críticos de este modelo puntualizan que las leyes de protección del empleo de estos países se crearon en un tiempo en el que la gente tenía un mismo trabajo para toda la vida, montaban en bicicleta y el mundo económico era menos mercúreo.

Siendo simplista, las compañías no invierten en estos países por los altos costes laborales y las rígidas medidas de protección del empleo. Más aún, este alto beneficio por desempleo no es el mejor uso que un gobierno puede dar a su dinero; los desempleados no reciben la suficiente formación como para reinsertarse en el competitivo mercado moderno. Como resultado, el descontento aumenta. De hecho, Domenico Siniscalco, el anterior ministro italiano de economía, declaró que su dimisión era una reacción contra la completa "inercia" en la que estaba instalado el gobierno de Berlusconi. En muchos aspectos, estas críticas han sido acertadas; los índices de crecimiento en estos países muestran cifras desastrosas. The Economist predice para este año que Francia va a experimentar un crecimiento del PIB de sólo un 1%, mientras el de Alemania se quedará en un 0,9%.

Es necesaria una reforma real

La reforma es necesaria, pero nadie se pone de acuerdo sobre en qué sectores debe hacerse o sobre cuán profunda debe ser esta reforma. De hecho, en Francia los políticos y la intelligentsia reconocen la existencia de un problema pero parece que están más centrados en demonizar el modelo liberal económico anglosajón que en encontrar una solución. Como subraya Bruno Palier, especialista en modelo social del Centro Nacional de Investigaciones Científicas francés (CNRS), para desarrollar estas reformas el debate debe alzarse por encima de los huracanes y conchabeos partidistas del día a día.

Pero incluso cuando los gobiernos intentan implementar reformas, numerosos factores obstaculizan sus intentos. El año pasado, cuando el gobierno intentó retirar del calendario un día de fiesta nacional con el objetivo de aliviar la presión de los costes de las pensiones, los sindicatos literalmente bloquearon el Estado –como hacen ante cada reforma que se propone-. En Alemania, la estructura federalista estaba encargada de parar al gobierno central ante cualquier reforma radical y en estos años se ha demostrado demasiado efectiva.

Recientemente, sin embargo, hemos visto algunos avances reseñables. En Francia, el primer ministro de Villepin ha implementado un nuevo modelo de contrato laboral por dos años con un tipo de protección más liberal y ha introducido límites a la privatización. En enero, el Canciller Schröder impulsó la controvertida reforma Hartz centrada en reducir el desempleo en Alemania debilitando las leyes de protección del empleo además de impulsar los trabajos de media jornada.

Esto está animando al cambio pero un nuevo modelo es necesario, no basta con reformas sustentadas en el modelo antiguo. Por desgracia, la dividida coalición en Alemania, la flexibilidad del órgano político de los sindicatos en Francia y la debilidad de la coalición de Berlusconi en Italia nos sugieren que no es el tiempo para profundos y significativos cambios. La vieja Europa va a ser un parque jurásico aún por un tiempo todavía.