Samba: una comedia eficaz y realista sobre los 'sin papeles'

Artículo publicado el 20 de Noviembre de 2014
Artículo publicado el 20 de Noviembre de 2014

[Opinión] Como voluntaria en la misma asociación de ayuda a los inmigrantes que la autora de la novela que inspiró Samba, os transmito mis impresiones sobre la película. 

Después de las 20 millones de entradas vendidas en Francia (2.5 millones en España) para ver Intocable, Eric Toledano y Olivier Nakache regresan con Samba, una comedia igualmente exitosa. La historia de amistad entre un aristócrata tetrapléjico y un joven de las afueras de París deja paso a una historia de amor entre Samba, un senegalés sin papeles y Alice, una ejecutiva que padece síndrome de desgaste profesional (síndrome bourn out). Omar Sy forma otra vez parte del elenco, rodeado de tres excelentes actores: Charlotte GainsbourgTahar Rahim Izia Higelin

Una película realista

Perdida después de su agotamiento profesional, Alice (Charlotte Gainsbourg) ingresa como voluntaria en una asociación de ayuda a los inmigrantes llamada Cimade. Delphine Coulin, la autora de Samba en Francia, el libro del que se ha hecho la adaptación cinenematográfica, estuvo allí de voluntaria. Se basó en su experiencia para escribir la novela y colaboró en la escritura del guión.

Preocupada por las cuestiones relativas a la inmigración, yo también fui durante un tiempo voluntaria en Cimade. El retrato que se hace de la asociación refleja lo que yo viví en el departamento de asistencia jurídica de Lille (ciudad del norte de Francia cercana a la frontera con Bélgica, N. del T.). Como dice Manue (Izia Higelin), los voluntarios son sobre todo «jubilados o estudiantes de derecho». Las primeras semanas andaba perdida con la jerga administrativa y los complicados procedimientos jurídicos, igual que el personaje de Charlotte Gainsbourg. Por eso, los voluntarios trabajan generalmente de dos en dos, antiguo/nuevo, para ayudar a los inmigrantes.

Me aconsejaron también no dar mi número de teléfono. Pero, como en la película, eso es una línea que se traspasa fácilmente: yo ya había dado mi número a un menor guineano que acababa de llegar a Francia. Enviado a un centro de acogida, le había vuelto a ver fuera del entorno de la asociación para invitarle a visitar Lille.

Samba refleja muy bien lo absurdo de las situaciones administrativas en las que los inmigrantes se encuentran atrapados. Acuden a los voluntarios en busca de soluciones, pero es frecuente que no podamos dárselas. Si el montaje de una sucesión de encuentros entre voluntarios e inmigrantes da como resultado este desfase hilarante, la secuencia de citas es en realidad agotadora y deprimente.

En la película, Alice recomienda a Samba esconderse durante un año, tras haber recibido una obligación de abandonar territorio francés (OQTF, por sus siglas en francés), válida durante doce meses. Durante ese tiempo, corre el riesgo de ser expulsado si es detenido y no puede solicitar el permiso de residencia. Su única opción es esperar siendo «discreto». Un eufemismo para describir un año dedicado a esconderse, amenazado de expulsión en cada momento, incluso después de haber vivido diez años en Francia.

Como todos los voluntarios, me he sentido a menudo impotente, ya que lo único que podemos dar a los inmigrantes son consejos aún más aberrantes que sus situaciones administrativas. A un hombre, cuyos hijos vivan en la otra punta de Francia y que ve cómo se le deniega el permiso de residencia a pesar de ser padre de un hijo francés, me gustaría decirle: «La próxima vez que vaya a ver a sus hijos, conserve los billetes de tren y sáquese fotos con ellos». El objetivo es aportar más documentos para la próxima revisión de su expediente. «Pero durante la espera, ¿qué hago?», me preguntó. Le respondí tan desmoralizada como él: «Nada, no puede hacer nada hasta que llegue la orden de expulsión…».

Una comedia comprometida 

Samba está lejos de ser una película polémica como Ilegal o un drama como Welcome. Aunque retrata los límites y lo absurdo, no denuncia directamente las políticas de inmigración.

Sin embargo, gracias a su etiqueta de «comedia para el público en general», podemos esperar que la película sensibilice a un cierto número de espectadores sobre el día a día de las personas que carecen de papeles. Sin caer en el idealismo o en la sordidez, Samba presenta ante todo el retrato de un hombre más allá de su situación administrativa. Al ofrecer este papel a Omar Sy, los realizadores le brindan la oportunidad de demostrar su vis cómica, asegurándose que su personaje será interpretado con carisma. 

La película refleja sobre todo una visión de los inmigrantes indocumentados, a menudo excluidos de la esfera pública. Samba muestra muy bien cómo son relegados a las traseras de las cocinas o a los centros de clasificación de desechos. Descubrimos entonces una especie de ciudad paralela, amputada de sus atributos neurálgicos. El tío de Samba le recomienda evitar las grandes estaciones de metro donde los controles de policía son frecuentes, como por ejemplo Les Halles.

En esta ciudad, los únicos lugares en los que parecen sentirse libres Samba y su amigo brasileño Wilson (Tahar Rahim) son las alturas, ya sea en los tejados para escapar de la policía o en los andamios donde trabajan. Encaramado a decenas de metros del suelo en una barquilla de limpieza de ventanales de edificios, el personaje de Tahar Rahim -por fin libre-, nos brinda una escena de baile memorable.

Samba es mucho más que una comedia para el público en general. Es también una película comprometida que, a través del cine, devuelve su lugar a los simpapeles en la esfera pública.

El estreno europeo de Samba, de Olivier Nakache y Eric Toledano, clausuró el pasado 27 de septiembre la 62 edición del Festival  Internacional de Cine de San Sebastián.

El estreno comercial de la película en Francia tuvo lugar el pasado 15 de octubre. En España podrá verse el próximo invierno.