San Valentín en Rusia: ni angelitos negros, ni corazones para los gais

Artículo publicado el 15 de Febrero de 2013
Artículo publicado el 15 de Febrero de 2013
Como reza la canción de Antonio Machín: “Aunque la virgen sea blanca, píntame angelitos negros, que también se van al cielo todos los negritos buenos”. Aunque en este caso se trate de una cuestión de orientación sexual —y no racial—, la celebración del Día de San Valentín en Rusia ha reafirmado la discriminación que sufren las personas LGTB en el país.

Para conmemorar el Día de los Enamorados, a los adornos que lucen en las calles de las principales ciudades de la Federación rusa —tan animadas por esta fiesta comercial—, se les sumó un flashmob que consistía en que varias parejas se besasen en público. Organizado a través de VK, la principal red social rusa, se invitaba a los homosexuales a quedarse en casa y que no participasen de un simple gesto como es un beso espontáneo en la calle.

Y es que el colectivo LGTB en Rusia, además de sufrir una de las persecuciones más incisivas del planeta, sigue estigmatizado con la letra escarlata o la estrella judía de otros tiempos: una discriminación que contagia a quienes les acompañan. En las últimas décadas, ha visto cómo su espacio de libertad se ha reducido hasta hacerse irrespirable.

Lejos queda ya aquel 28 de mayo de 2011 cuando Moscú acogió la primera marcha del Orgullo Gay. Una iniciativa que paradójicamente coincidió con el Día de la Guardia Fronteriza, un cuerpo de élite de la maquinaria bélica y orgullo nacional. Los inevitables disturbios no hicieron más que alimentar la sorna del poblacho, que disfrutó esa jornada de su particular pan y circo.

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Los incidentes conllevaron una decisión salomónica por parte de la justicia rusa: prohibir la celebración de la marcha gay durante 100 años. Sin embargo, aún faltaba la estocada reservada a la clase política, garante incorruptible de la moralidad del país. La Duma estatal, el Parlamento integrado por funcionarios, deportistas y otras celebridades, aprobó recientemente en su particular acto de fe la prohibición de la propaganda homosexual. Una ley que sin especificar en qué consiste deja al libre albedrío su interpretación.

De nada han servido las enérgicas concentraciones y protestas de organizaciones, apoyadas por el Tribunal Europeo de Derechos Humanos, contra una norma que viola, según denuncian, la libertad de expresión y manifestación. Y es que aún está presente en la memoria colectiva del país aquel artículo 121 del código penal soviético que castigaba con cárcel la homosexualidad —considerada entonces una enfermedad mental— y que desapareció con la caída de la URSS.

En definitiva, un sinfín de despropósitos con los que las autoridades buscan limpiar sus conciencias llenas de prejuicios para borrar de su idiosincrasia a esta lacra. Y es que lo gay no pega con el imaginario ruso repleto de vodka, desenfreno, lujos, mafia y señoritas de buen ver donde sobresale la figura de un presidente aprendiz de superhéroe.

Imagen: portada, © Это моя ориентация! Я – ГЕЙ/VK. Vídeo: euronewses/YouTube.