Sandra Balsells: capturar historias a través del objetivo

Artículo publicado el 25 de Marzo de 2006
Artículo publicado el 25 de Marzo de 2006

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Fotógrafa, pero sobre todo periodista, Sandra Balsells busca historias con el objetivo de su cámara. Testigo humano y emotivo de las últimas guerras europeas, nos habla de su trayectoria y de la responsabilidad del fotoperiodista frente a la realidad.

Un reportaje del suplemento dominical de La Vanguardia sobre seis personas que se reencuentran en los Balcanes una década después del conflicto me trae a la memoria el nombre de Sandra Balsells. Quedamos en una chocolatería del centro de Barcelona a media mañana y nos refugiamos en la mesa más apartada de un ruidoso grupo de mujeres charlatanas. Con Sandra, no hay hielo que romper. Su ancha sonrisa y la mirada cálida y amistosa inspiran confianza. Tengo enfrente un rostro exótico: un par de ojazos negros, la piel tostada y una larga cabellera oscura.

La primera parada ineludible en su biografía es la antigua Yugoslavia. Llegó el verano de 1991 con los primeros alborotos y estuvo vinculada más de 10 años, convirtiéndose así en testigo de su cruda desintegración. El libro Balkan in Memoriam, publicado en 2002, recoge 100 fotografías que hizo en Croacia y Bosnia-Herzegovina durante esta década, desde la explosión del conflicto hasta la caída de Milosevich el año 2000.

La guerra como escuela

“Lo que más me impactó de tu biografía es que llegaste a la guerra con ¡tan sólo 25 años!” La taza de capuchino humea encima de la mesa y Sandra penetra la espuma con la cucharilla. “Yo no iba a cubrir una guerra, sino el proceso de desintegración de la antigua Yugoslavia. Si hubiera sabido de antemano lo que me esperaba, a lo mejor no habría ido”. El primer trabajo de envergadura que hacía, en colaboración con el diario The Times y se encuentra con una guerra. Una verdadera prueba de fuego, “un proceso de aprendizaje sobre la marcha y a ritmo forzado”. Rememora aquellos primeros momentos de duda y temor, aquel “constante ponerse a prueba” que se cristalizó cuando, desde el coche, vio el primer muerto tendido en la calle. “Me planteé si podía seguir. Si no era capaz de salir a fotografiar la escena, no tenía ningún sentido trabajar en un país en guerra.”

¿Cómo se hace para fotografiar escenas de dolor y muerte? La respuesta llega sin titubeo alguno. “Lo puedes hacer si crees en el sentido de tu trabajo, si estás convencido de que tiene una trascendencia para ti. Y también es indispensable tener la piel un poco dura”. No es la voluntad de cambiar el mundo lo que la mueve a trabajar, sino el convencimiento de que hace lo que quiere y siente.

Las vidas que esconde la guerra

Trabajar en una guerra es duro, pero “tiene sus momentos gratificantes”, confiesa. “Hay vivencias muy intensas con la gente”. Quizás la guerra engancha porque el fotógrafo crea un vínculo especial con la persona que está al otro lado del objetivo. “Es una comunicación muy extraña. No puedes ni conversar con la persona que estás fotografiando. La estás inmortalizando y no sabes nada de ella”, explica. Los centenares de retratos que hizo en los Balcanes le han acompañado siempre y se han convertido en caras familiares con las cuales sólo compartió un instante en medio de una guerra. Pero Sandra Balsells tuvo el “lujo” de poder reencontrar algunas de estas caras anónimas. En 2004 rodó el documental Retats de l’ànima (Retratos del alma): las vidas de algunos protagonistas de sus fotos después del conflicto. Vidas como la de Amra, una joven bosnia que conoció cuando estaba herida de metralla en un hospital y que ahora ha reencontrado, trece años después. Un ejercicio de reflexión y de mirada hacia el pasado, el presente y el futuro, al cual, según Balsells, el periodismo debería dedicarse más a menudo. Es sobre todo una “manera de hacer justicia con los protagonistas de las guerras, que inmortalizamos y luego olvidamos”.

La periodista imparable

Mientras escucho, me doy cuenta que esta catalana es una verdadera luchadora y buscavidas, que no se deja vencer por las dificultades aparentes. Mientras cubría el conflicto de los Balcanes, su “proyecto más personal”, daba clases de fotoperiodismo en la universidad y colaboraba con publicaciones y asociaciones humanitarias de distintos países. Aún no tiene 40 años y su trayectoria corta el aliento. Rumania, Haití, Mozambique, Cuba u Oriente Medio son escenarios que también ha conocido de primera mano. Sandra recuerda especialmente el sentimiento de los jóvenes rumanos que viven “en las puertas de la Europa rica, sin futuro ni expectativas y con el deseo perpetuo de huir”. Habla del compromiso de esta “Europa rica” con esa otra de “pasado doloroso y situación complicada” e inevitablemente volvemos a los Balcanes. “La Unión Europea tiene que asumir la responsabilidad y no puede dar la espalda a esta zona de odio acumulado y situación aún inestable”.

Si los políticos y la sociedad civil tienen un compromiso con los Balcanes, también lo asume el fotógrafo cuando decide captar un fragmento de la realidad: “El encuadre de la cámara es una decisión que tiene que ser meditada. Tienes que conocer esa realidad, ser riguroso e imparcial y no simplificar las cosas”. Pone como ejemplo el conflicto de Kosovo, donde “tienes claro que la población que está sufriendo es básicamente albanesa, pero allí hay bolsas de minorías serbias, de gente vulnerable que también está sufriendo el horror de la guerra”. Recuerda una foto que hizo de una mujer serbia con una criatura en brazos. Le habían secuestrado el marido y sabía que no lo volvería a ver nunca más. “Esa mujer era tan víctima como el albanés que tenía que cruzar las montañas a pie para alcanzar Albania. Por tanto, cada mirada es una decisión y “no puedes captar una imagen por su belleza estética. Detrás hay un mensaje mucho más complejo. La imagen por la imagen no funciona en fotoperiodismo.”

Restos de espuma se secan en los bordes de las tazas vacías, mientras Sandra traza las últimas pinceladas de su particular dibujo sobre su profesión. “Personalizar situaciones, al margen de los números o las estadísticas te acerca a la realidad”. Una realidad que le espera a la vuelta de cada esquina, allí dónde los ojazos de esta periodista sensible, tenaz y comprometida encuentren una historia que capturar.