Sandro Joyeux: kilómetros de vida, música y viajes.

Artículo publicado el 4 de Diciembre de 2014
Artículo publicado el 4 de Diciembre de 2014

Francia, ItaliaÁfrica, miles de kilómetros recorridos y como compañera de viaje, una guitarra. Para Sandro las historias son el material de partida. La música, el único medio posible. El viaje, una necesidad.

En el estudio de Grumo Nevano, en la provincia de NápolesSandro Joyeux está inmerso en la grabación de su nuevo disco. Basta con observar su guitarra para hacerse una idea de la música que toca y de las historias que cuenta. “Esto es Sandro”, dice el productor Mauro Romano, señalando la madera envejecida y agrietada de la caja de resonancia. La guitarra de Sandro no es otra cosa que un diario de viaje que llega a Italia desde Francia, su país de origen, para después partir rumbo a África. Durante el viaje todo cambia: él mismo, las personas que están a su alrededor, su forma de vivir y su manera de hacer música. Es en África, en particular, donde Sandro aprende a tocar distintos instrumentos de percusión que hacen de su estilo musical algo particular. Su guitarra abollada hace el resto y las aventuras que evoca se mezclan con la imaginación de quien le observa y escucha. 

"La primera vez que vine a Nápoles acabe en la comisaría. Llegué en tren desde Roma y me pillaron sin billete. Pasé noches enteras tocando en Piazza San Domenico, partictipé en la ocupación de la Universidad y dormi en casa de clandestinos argelinos en la provincia. Todo fue improvisado, como sólo en Nápoles puede pasar”. En la ciudad se cruza con muchos músicos y es justo aquí donde decide grabar su primer disco.

Música entre París, Florencia y África

Alexandre Joyeux, nació en París en 1978. De madre francesa y padre italiano, abandonó los estudios pronto, atraído por la vida de la calle y su pasión por la música. Vagabundea entre París y Florencia, donde se reencuentra con su padre y vive las primeras experiencias musicales. “Mi primer grupo fue una banda de reggae. Éramos jóvenes, nos encontrábamos en un sótano para ensayar y luego tocábamos en los locales”. 

Después llegó África, un lugar que le cambió la vida, asegura. En Marruecos entró en contacto con la música de la cofradía musulmana de los gnawa, caracterizada por el movimiento ipnótico de las ceremonias espirituales. Después de ahorrar un poco de dinero se marchó a Mali en donde le acogió un músico local que le introdujo en su banda. Esta estaba compuesta por "muchachos que vivían gracias a lo que ganaban la música", explica el joven. “Realizamos 15 conciertos de cuatro horas cada uno durante un mes. Allí el salario de un músico estaba entre 7 y 10 euros por cada concierto, pero eso era bastante para mí”. En África Sandro aprendió a tocar como los músicos del lugar. Descubrió las canciones tradicionales y los refranes populares. Se manejó con los dialectos árabes y al final pudo cumplir su sueño: conocer al músico maliense Boubacar Traoré, del cual se hizo discípulo.

Un homenaje a África

Producido en 2012 por el sello discográfico Mr.Few, de Giuliano Miniati y Mauro Romano, el primer disco de Sandro es un homenaje a África y a la variedad e integridad de sus tradiciones. Se trata de un disco itinerante, como el mismo artista, grabado entre Nápoles, Lille y Roma. Además, cuenta con el original aporte de 13 músicos procedentes de varios países y con distintas disciplinas musicales.

El viaje y la música fluyen en cada canción como dos líneas paralelas que se entrelazan. Los refranes de Mali se alternan con las canciones populares de Senegal y de El Congo. Entre ellas se cuelan las compuestas por Sandro como Kingston, un sencillo de inspiración reggae que refleja la herencia musical de este artista.

“La música es como un árbol con un tronco común. El canto de los trovadores medievales es similar a la musica tradicional africana tocada con la kora- un instrumento africano -. Se puede decir que las cosas se parecen entre ellas en origen, aunque luego adopten ramificaciones diversas”.

De vuelta a Europa con AntischiaviTour

Después de África el viaje continúa por Europa, donde Sandro sigue colaborando con diversos músicos africanos. En 2012 la música adquiere una nuevo matiz después de haber sido invitado a tocar en el Gran Gueto de Rignano Garganico, en la provincia de Foggia.  En ese momento Sandro descubre la dura verdad de los peones migrados a Italia. “El Gran Ghetto es una aldea en el medio de la nada, hecha de campamentos, chozas y carnicerías a cielo abierto, donde no hay control ni asistencia por parte del Estado. Allí viven 2.000 peones que trabajan durante todo el día en condiciones infrahumanas”. Es de esa forma que Sandro da vida al tour  AntischiaviTour, una manera “de recompensar a los africanos por lo que recibí de África”. Con ese fin utiliza la música: para hacer visible las precaria realidad de los campos y de los guetos donde se reunen los trabajadores temporales que han emigrado a Italia. 

La temática del AntischiaviTour, que oscila entre el mito colonial y los problemas relacionadas con la inmigración, constituye el hilo conductor de su nuevo disco. En él, la música se hace eco de las experiencias y las historias humanas recogidas a lo largo del camino. La intención es tocar asuntos profundamente sociales y políticos, sobre todo dada la magnitud del debate sobre la reglamentación de los flujos migratorios en el Mediterráneo. Esta idea se refleja en su canción El mando, inspirada en la historia real de un niño congolés que ve como arrasan su pueblo y secuestran a su madre. El lanzamineto del sencillo está previsto para 2015. Junto a él, se incluirá un vídeo dirigido por Antón Octavian, que ha sido presentado en distintos festivales internacionales de cine.

Sandro acaba de volver de Marruecos, entre pregunta y pregunta, pellizca las cuerdas de la guitarra, fuma un cigarro y nos habla sobre sus últimos viajes. En 10 días ha recorrido cerca de 10.000 kilómetros. En ellos ha visto y hecho casi de todo; ha asistido a la “fiesta del carnero” en donde millones de moruecos han sido sacrificados; se ha reencontrado con un amigo francés después de doce años e incluso ha obtenido una moto por medio de un ritual chamanístico. Quizás por eso "después de tres días ya había pinchado".

Al final de la conversación saca un par de qraqeb, el “pariente marroquí de las castañuelas”. Se los enseña a una señora asomada al balcón. “¿Te gustan?", le pregunta. Si bien es verdad que el viaje no está exento de soledad, distancias, despedidas y desarraigos, se puede comprobar que la música de Sandro bebe de su forma de ser, de sus orígenes.