¡Santa semana de fiestas para todos!

Artículo publicado el 2 de Abril de 2010
Artículo publicado el 2 de Abril de 2010
Ya sea con Conejo de Pascua, Torrijas o Hot Cross Buns: el ocho de abril, cada país de Europa celebra a su manera la pasión de Cristo y la Pascua

España: Semana Santa

Desde el domingo de Ramos (1 de abril) al de resurrección (8 de abril) la organización de las procesiones de Semana Santa será la responsabilidad de hermandades religiosas. Cada procesión se compone de penitentes cubiertos con túnicas y capas que tapan todo su cuerpo, y de “pasos”, unas escenas de la pasión de Cristo mediante esculturas transportadas sobre una pesada peana labrada con orfebrerías doradas, plateadas o en maderas preciosas (la Canasta). A la luz de los cirios, y con música de tambores, maderas y cobres, rodeados de incienso, transitan, recogidos, las calles y callejones de España.

En Castilla y Andalucía, la Semana Santa es “la Fiesta de todas las fiestas”, y por ello se le otorga una especial importancia. La tradición se remonta al siglo XVI, cuando la Iglesia Católica trató de hacer la Pasión de Cristo accesible al grueso de la población.

Inglaterra: Hot Cross Buns

La experiencia de la Pascua también puede tener un sabor dulce y especiado. En especial cuando se cree que el bocado recién ingerido tiene fuerzas salutíferas y trascendentales para aportar felicidad. ¿Será por ello que los Hot Cross Buns, una suerte de bollos de leche, son tan reclamados? El desayuno inglés del viernes de Cuaresma es, en cualquier caso, impensable sin el dulce con cortes en forma de cruz, que recuerda los sufrimientos de Cristo.

La historia de la especialidad típica de Pascua en Inglaterra comenzó en tiempos de los pueblos paganos, cuando se servía como ofrenda a la diosa de la primavera. La Iglesia cristiana trató de prohibir la especialidad; sin embargo, como era ya demasiado popular, se optó por cristianizarla de modo superficial.

Alemania: Conejo de Pascua

El portador de suerte en Alemania durante la Pascua es tan dulce como su colega inglés, aunque algo más ágil. Hablamos del Conejo de Pascua, que desde el siglo XVI lleva a las casas alemanas huevos en Pascua. Gracias a su proverbial capacidad para procrear, el conejo se convirtió en un símbolo de fertilidad (de ahí lo del huevo). Lleva la esperanza de una nueva vida y se relaciona por ello con la Resurrección de Cristo.

Además, en primavera se acercan los conejos a las aldeas y jardines en busca de alimentos. Dado que toleran bien la presencia humana, se les atribuye la puesta de los huevos multicolores de Pascua. El conejo de Pascua, sin embargo, ha demostrado a lo largo de los siglos una gran flexibilidad y deja no sólo huevos, sino también diversos dulces e incluso pequeños regalos, que los niños alemanes deben buscar los lunes de Pascua.

Polonia: migus-Dyngus

También los polacos se plantean de una manera lúdica el lunes de Pascua. Tras los cuarenta días de penitencia, de renuncia y de las fiestas de la Cuaresma, es tiempo de resucitar la alegría tras el largo invierno. Smigus-Dyngus es el día en el que se salpican unos a otros con agua. Esto se puede achacar tanto a la tradición pagana como a la cristiana. En el tiempo de la cristianización de Polonia, las mujeres jóvenes eran mojadas con agua por los hombres: una limpieza simbólica en la primavera. Otra leyenda se refiere al bautizo del príncipe Mieszko I el lunes de Pascua del año 996, que trajo a los polacos el cristianismo.

Aburridos y cansados del largo banquete familiar, los niños polacos no se contentan sólo con salpicar unas cuantas veces. Se recurre a los cubos y a las pistolas de agua, para hacer auténticas batallas de agua. Si a alguien se le ocurriera salir de la iglesia con su ropa de domingo, mala suerte: los niños rara vez conceden clemencia. ¿Y qué ocurre si alguien, completamente empapado, no entiende la gracia? Bueno, en este caso, la tradición calla.

Italia, la resurrección del casatiello y la pastiera

Los huevos de Pascua de chocolate han conquistado los escaparates de toda Europa. También los de Italia. Sin embargo, el país de la bota vive una vuelta a los dulces tradicionales. En Nápoles y el sur italiano dos delicias para el paladar: la pastiera y el casatiello. La primera es un pastel con queso ricotta, fruta escarchada, azahar y trigo inflado. Por su compleja preparación, toda mujer que se precie de ser buena cocinera suele preparar al menos una docena para ofrecérlos a sus amigos y familiares. Con semanas de antelación se dispara el nivel de cotilleos para adivinar quién hará y quién recibirá dichos pasteles. El casatiello es un bizcocho salado a base de harina, levadura, tocino, huevos, salami y queso pecorino. El nombre proviene del término en napolitano “caso”, que significa “queso”. Es típico por que el queso pecorino se hace con leche de cordero, símbolo de la resurrección cristiana y de la redención de las faltas y pecados para los cristianos. Aunque la verdad es que toda esta poética se ha olvidado: el casatiello es un bizcocho tan pesado que el término sirve ahora para designar a los pedantes.