Sarajevo: De las bombas al séptimo arte

Artículo publicado el 4 de Septiembre de 2006
Artículo publicado el 4 de Septiembre de 2006

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Con una programación exigente y generosa al mismo tiempo, la 12ª Edición del Festival de Cine de Sarajevo que concluyó el pasado 26 de agosto, refleja la renovada efervescencia del cine de los Balcanes.

Ahora que la 12ª Edición del Festival de Cine de Sarajevo ha terminado, mientras volvemos a enrollar la alfombra roja, nos viene inevitablemente a la memoria el largo camino recorrido, desde la época en la que un puñado de espectadores desafiaban a los francotiradores para ir a ver las películas en los sótanos de una ciudad aún sitiada.

Del 18 al 26 de agosto, la vieja ciudad mortecina de Sarajevo ha lucido sus mejores galas para recibir a sus invitados, estrellas como el actor norteamericano Nick Nolte o el cantante de U2, Bono, así como a los 100.000 apasionados que han asistido durante toda la semana las 180 proyecciones que ofrecía el Festival.

Una nueva generación de cineastas

Desde hace casi una década, Sarajevo corona a los realizadores de la región. En 2004, fue la búlgara Sophia Zornitsa quien se hizo con la más prestigiosa recompensa, el "Corazón a la Mejor Película" por su primera obra Mila from Mars, el retrato profundo y tierno de una joven de la era poscomunista desencantada. Los talentos tampoco han faltado en esta cosecha 2006, con 7 óperas primas sobre 9 de las que participaban en competición oficial.

El Festival de Sarajevo puede presumir de ser un reflejo del actual dinamismo del cine balcánico, abanderado por una nueva generación de realizadores. Presidenta del jurado, la bosnia Jasmila Žbani, de 31 años, ya conquistó la última edición de la Berlinale llevándose el Oso de Oro con su desgarradora película Grbavica, un drama alrededor de una madre y de su hija en Sarajevo durante la guerra en la ex-Yugoslavia.

El otro niño prodigio de Sarajevo, el director Danis Tanovi, de 37 años, ya vio como su primer largometraje, En tierra de Nadie recibía el premio al mejor guión en la edición de 2001 del Festival de Cannes. Sin embargo, él no se considera como el jefe de filas de la renovación del 7º arte balcánico: “La Europa del sureste es un criadero de jóvenes talentos y eso me hace feliz. Pero hacer películas es una experiencia muy personal. Yo no creo ser un ejemplo para los jóvenes realizadores de aquí. Ciertas personas están más dotadas que otras y definitivamente no necesitan mis consejos para hacer bellas películas.”

Entre frescura y gravedad

Como paradoja flagrante puesta de relieve en esta edición del Festival, las películas en competición mezclan sin complejos la frescura de su juventud con la seriedad de las cosas que les hicieron sufrir y reflexionar.

Es innegable que el cine de los Balcanes está en plena forma, con una energía y una creatividad reconfortante en el actual contexto un poco entumecido del cine europeo. Las escenografías, por ejemplo a pesar de ser reconocidas como profesionales, no se corresponden con los estándares clásicos de la industria cinematográfica.

Cine-catarsis

El tema de la guerra -que asoló la ex–Yugoslavia durante más de 4 años- es un componente importante de este cine en plena ebullición. La mayoría de los realizadores presentes en Sarajevo lo vivieron en su propia piel, una experiencia que influye en su manera de ver el mundo y de trasladarlo a sus películas.

Ahora son menos las películas de guerra que las historias sobre las secuelas de los enfrentamientos lo que predomina en las carteleras. Nafaka, de la realizadora bosnia Jasmin Durakovi, cuenta también las dificultades que encuentran aquellos que han vivido el asedio de Sarajevo en su transición hacia una vida normal. En un contexto económico devastado, la elección se reduce a menudo a la humillación del paro o al dinero fácil mediante tráficos de cualquier tipo.

Es precisamente la trata de seres humanos el telón de fondo que el realizador croata Branco Schmidt ha escogido para su largometraje The Melon Route. Un melodrama sobre un barquero a la deriva y una joven china que se dirige a Alemania, filmada con dulzura y buen gusto. Schmidt ha querido demostrar que esta actividad lucrativa e ilegal se ha convertido en una realidad cotidiana en numerosas regiones de los Balcanes.

El dolor del exilio figuró también en el programa de proyecciones con la primera cinta de Andrea Štaka, realizadora suiza, de familia yugoslava. Das Fraulein, premiada como "Mejor Película" de la edición 2006, evocando la situación compleja en la que se encuentran muchos ciudadanos de la ex–Yugoslavia. Habiendo huido de la guerra, viven ahora en Estados Unidos o Europa, divididos entre la culpabilidad de haber abandonado sus raíces y la satisfacción culpable de vivir una vida mejor en el extranjero. Como prueba de la calidad del palmarés, Das Fraulein ha recibido también el Leopardo de Oro en el último Festival de Locarno.

Sarajevo es el único festival del mundo que habla al mismo tiempo de cine y de una ciudad. Una ciudad que pierde poco a poco su estatus de mártir a cambio de convertirse en ciudad cultural.