Sarkozy o el nuevo "estatalismo" industrial

Artículo publicado el 26 de Febrero de 2008
Artículo publicado el 26 de Febrero de 2008
Podríais seguramente llegar a la conclusión de que la edición  La Parisienne de cafébabel.com está siempre en contra de Nicolas Sarkozy y que nuestro acercamiento a la política europea no es del todo objetiva...pero no es culpa nuestra si nos sirve las críticas en bandeja...

Primeramente, cabe destacar que cada vez que propone una nueva opción económica, parece estar escogiendo la solución diametralmente más opuesta a los principios comunitarios. El último ejemplo de ello, la promesa hecha a los obreros de Mittal en Lorena de intervencionismo financiero del Estado con el fin de salvar la acería francesa de Gandrange.

 

Falso de principio a fin

Todos conocemos la máxima de patriotismo económico, "campeones nacionales" y lucha contra la desindustrialización, según Alstom. La grand obsesión del jefe de Estdo es la herramienta industrial, las máquinas, la producción de bienes. Se trata de su vertiente economista marxista...salvo que en el contexto actual es totalmente falso. Falso jurídicamente y falso económicamente.

Jurídicamente porque las ayudas del Estado son estrechamente controladas por el derecho comunitario por el principio de que todas las ayudas son prohibidas porque falsean la libre compentencia dentro del mercado interior.

¿Por qué tanto control? Sin él, los Estados más poderosos tenderían a ofrecer las mayores ventajas a sus empresas nacionales y volveríamos a los viejos tiempos de feroces guerras económicas entre los Estados europeos. Y éste no es el verdadero espíritu de la construcción europea. Sin embargo, dicho principio tiene dos excepciones. De hecho, es posible prestar ayudas a ciertas actividades cuando los mecanismos del mercado son insuficientes pero ello se refiere a actividades emergentes, empresas nuevas e innovadoras que poseen un acceso limitado a las fuentes normales de financiación.

Sigamos la lógica

Partimos del ejemplo de un tipo de industria en declive, la siderurgia. Las reglas en este sector son todavía muy estrictas ya que, para autorizar la concesión de una ayuda, hace falta que la misma permita la viabilidad a largo plazo. Estamos ante el caso de apoyar la fábrica de Gandrange ad vitam eternam… No es verdaderamente un acierto como política industrial.

Es ello lo que nos conduce al error económico. La lógica del Presidente de la República es la siguiente: conservando las fábricas, se salvan puestos de trabajo, el poder de compra y se protegen las capacidades de producción en suelo francés. El problema es que se trata de un cálculo realizado a muy corto plazo. Preservar el tejido industrial francés no significa aferrarnos a nuestras viejas industrias contra viento y marea. Se trata de favorecer las reconversiones, el cambio de actividad y, sobre todo, la innovación.

Una pregunta existencial

Hoy en día es evidente que Francia no dispone de los medios suficientes para competir en costes. La única opción posible es la de progresar e innovar cada día más. Los nuevos sectores y las tecnologías innovadoras serán los motores del crecimiento así como de la creación de futuros empleos. De ahí toman sentido las reglas comunitarias en materia de ayudas de estado ya que son mucho más flexibles y menos duras para los sectores emergentes que para las actividades en decadencia. Detrás del derecho a menudo existe una lógica económica.

La pregunta es muy simple: ¿es mejor gastar el dinero público para salvar plantas como Gandrange o utilizarlo para impulsar la innovación y la formación profesional? Aparentemente, parece que la respuesta no es igual de evidente para todo el mundo.

Alexis Brunelle