Sarkozy, un húngaro entre los galos

Artículo publicado el 11 de Enero de 2007
Artículo publicado el 11 de Enero de 2007
El centro derecha francés permanece en el poder, tras la victoria de Nicolás Sarkozy , primer Presidente de Francia con raíces inmigrantes.

12 de septiembre 2006, Washington. El viento aúlla en los bajos del edificio histórico de Daughters of the American Revolution (hijas de la revolución estadounidense). Espero a que Nicolas Sarkozy, huésped distinguido de esta Fundación franco-americana, pronuncie un discurso digno de presidentes –“Estados Unidos y Francia: el futuro de una relación trascedental”-. El ex-ministro francés del interior se presentaba ante Francia y el mundo como candidato oficial de la UMP (Unión por la Mayoría Popular, de derechas) a la presidencia francesa. Su discurso resulta ser más bien una arenga de estilo grandeur a la francesa. Llegados al turno de preguntas, tengo mi pregunta en la mente pero, ¿debería formulársela en francés o en húngaro? No me decido. Lo que conserve de su origen húngaro este político conservador de 51 años, nacido como Nicolas Paul Stéphane Sarközy de Nagy-Bocsa, sigue siendo un misterio.

Un pasado olvidado

Según Sarkozy, su nombre ha sido más bien un obstáculo que una ventaja en su carrera. Este inconformista dio sus primeros pasos en la política francesa como “Nicolas Sarkozy”, hace ya tres décadas y ocupó su puesto actual en 2002. Sostiene que “la humillación que sufrio de niño” le ha convertido en el hombre que es hoy en día.

Su padre, el aristócrata Nagy-Bócsay Sárközy Pál, emigró de Hungría en 1944 cuando las tropas rusas cruzaban la frontera húngara poco después de que la hacienda familiar en Alattyán fuera confiscada. Después de breves estancias en Austria y Alemania, el padre de Sarkozy ingresó en la Legión Francesa. Sárközy padre incumplió su contrato de cinco años al enterarse de que los legionarios iban a ser desplegados en una Indochina destrozada por la guerra en lugar de ir a la pintoresca África del Norte, y optó por la jubilación anticipada. Más tarde, después de mudarse a París, se casó con la madre de Sarkozy, Andrée Mallah, hija de un hombre de negocios de origen greco-judío. El suegro le convenció para solicitar la ciudadanía francesa y Sarkozy se convirtió en “Paul Sarközy de Nagy-Bocsa”. Su segundo hijo, Nicolas, nació en 1955 como católico francés. Sin embargo, Paul Sarkozy abandonó a su mujer y sus tres hijos para trasladarse a Estados Unidos, donde contrajo matrimonio dos veces más.

Nicolas Sarkozy, que vivió bajo el techo de su madre nada menos que hasta los 30, fue criado por su abuelo griego. Benoît Mallah, católico converso, de fervientes ideas gaullistas, mantuvo a su nieto lejos de las tradiciones judías e influyó en su conciencia política.

Sin embargo, la razón por la que este personaje tan contradictorio no habla húngaro no fue el abandono de su padre. Este último solía afirmar que sus hijos no hablarían el húngaro, lengua que menospreciaba como “insignificante” en la cultura del mundo moderno. Al irse, no dejó nada más que sus conceptos idealistas y sentimentales sobre los grandes acontecimientos de la Historia húngara y sus sentimientos negativos y anticomunistas hacia el período de posguerra.

“Pequeño Napoleón”

La vida privada de Sarkozy lleva ocupando las portadas de los medios en Francia desde mucho antes de la víspera de las elecciones presidenciales que se avecinan. En Hungría es uno de los pocos políticos que gozan de popularidad y la prensa del país lo considera el príncipe (medio) húngaro de los gaullistas. Su nombre se suele pronunciar conforme a la fonética húngara, “Sarközy”. Esta “errata” es símbolo del orgullo nacional.

Los analistas pronostican que la primera vuelta de las elecciones presidenciales, prevista para el 22 de abril, estará dominada por el duelo entre Sarkozy y la socialista Ségolène Royal, de 53 años. Los húngaros aguardan el resultado de las elecciones presidenciales en Francia con una excitación poco habitual, esperando que “su hombre” sea proclamado vencedor. Sin duda, una posible victoria proporcionará a las estancadas relaciones franco-húngaras el impulso que necesitan. También es posible que se vuelvan algo más amistosos los sentimientos algo fríos de los húngaros hacia los franceses, que se remontan hasta el Tratado de Trianon firmado en 1920 en Versailles y que despedazó el Imperio Austro-húngaro.

Decido no poner a prueba el origen de Sarkozy. Le pregunto en francés cuál era su postura acerca de Putin y Rusia. Era un asunto delicado de máxima importancia para los países postcomunistas en Europa Central y del Este. Sus raíces húngaras no le influyeron mientras evitaba contestarme. Era de esperar que anduviera con rodeos. Pero yo lo atribuí a la combinación entre sus exquisitas capacidades diplomáticas y el punto de vista prudente de Francia sobre el asunto. A diferencia del título de su discurso, no parece que entre Sarkozy y su sangre húngara exista una relación trascedental ni futuro a la vista.

Traducido del húngaro al inglés por Lóránt Havas