Sauna, Cerveza-selectividad y estudiar con proyector: un semestre en Finlandia

Artículo publicado el 24 de Noviembre de 2009
Artículo publicado el 24 de Noviembre de 2009

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Atraído por los estudios PISA, la rentabilidad y Santa Claus, paso mi semestre Erasmus en Tampere: un escrito de recomendación

“El dinero que ganamos en verano lo invertimos en invierno en cerveza, que nos salva durante más de cinco meses fríos”, dice Petri, estudiante finés en Turku, en el sudoeste del país. Se le antoja incomprensible lo que puedan buscar los estudiantes Erasmus en Finlandia en invierno. A la luz de su lámpara diurna prefiere soñar que está en las regiones que se anuncian en su catálogo de viajes.

Desde hace tres meses vivo en Tampere, con cuatro institutos y más de 40.000 estudiantes. Baluarte de la educación y la cultura del país. Si echo un vistazo a las circunstancias exteriores me entra la tentación de tomar una de las cervezas de Petri y dejarme llevar por el mismo letargo. Los días son grises. En invierno aparece el sol como máximo seis horas. En la calle, rara vez responde un finlandés a mis intentos de comunicación con una ancha sonrisa. Solo por la tarde, cuando los finlandeses se han caldeado con Lapin Kulta (cerveza finesa) o Fisu (bombón disuelto en vodka), se convierten en conversadores exageradamente comunicativos.

El sistema educativo finlandés entusiasma

Cada mañana me levanto y miro por la ventana, esperando que haya nieve fresca. La primera cayó a principios de noviembre. Viene y se va, pero permanece cada año de noviembre hasta abril. A causa de los cortos caminos que atraviesan la ciudad, llego rápidamente con bicicleta o autobús a la universidad, donde me esperan excelentes auditorios y profesores de todo el mundo, que dictan conferencias en el más exquisito inglés. En una de mis conferencias hay al mismo tiempo estudiantes de Jyväskylä (Finlandia) y Talin (Estonia) en la sala, virtualmente a través de cámaras y proyectores en la pared. Hacen preguntas y dan cabezaditas ante nuestros ojos.

Si para un tema interesante no hay ningún curso, puedo aprobarlo huroneando entre librerías. Mi compañero de piso Chris confirmó lo siguiente: “Aquí puedo acabar mi estudio sin haber visto un auditorio por dentro”. Y si la oferta en mi universidad todavía no me basta, tengo todavía la opción de hasta 250 cursos de otras universidades del programa SITR.

Pero también las pequeñas cosas hacen el estudiar aquí más cómodo. Los profesores responden prácticamente a diario a mis correos; con otros muchos puedo contactar por el móvil. En la puerta del comedor no hay ninguna estrella Michelín, pero no conozco comida más sabrosa en sus equivalentes alemanas. Pan, ensalada, plato principal y agua, y todo ello por sólo 2,55€. El finlandés bebe además un vaso de leche; yo me apunto.

Cultura de la sauna, selectividad de la cerveza y comensales desnudos

En mi tiempo libre no me faltan oportunidades. Como Erasmus siempre tengo algo que celebrar. En los albergues de estudiantes de la ciudad siempre pasa algo. Los clubs y garitos están especialmente preparados para los estudiantes y la juventud dispuesta a hacer rentable con mayor cantidad las bajadas de precios de los dueños. Y puesto que aquí beben a gusto tantos los estudiantes locales como los visitantes, salen a menudo juntos, bailando desfogados la música y volviendo por las aceras más tarde en dirección a la cama. El alcohol es caro y solo es posible obtenerlo en las tiendas de control estatal; los impuestos del alcohol se suben en los meses de invierno, pero al estudiante finlandés le gusta permitirse su hobby y guarda en casa vino para uso propio.

©Martin Spalek

Además de las fiestas diarias, las organizaciones de estudiantes tienen muchas tradiciones. A través de la cuidadosa recogida de parches que sirven como premio por logros especiales –presencia en fiestas, cumplimiento de tareas- y tras coserlas en una túnica, el estudiente puede comprobar a continuación su resistencia a la bebida y sus ganas de fiesta. Por ejemplo, en APPRO se concedió la Selectividad de la Cerveza al que fuese capaz de tomar nueve cervezas en cuatro horas. Tutores preparados por la misma organización se ocupan de mantener a los estudiantes de intercambio informados. Así puedo llegar a estar sentado completamente desnudo en una fiesta en la sauna o me de dejo despertar por mi tutor tras una tarde de cine con los mejores clásicos fineses.

Finlandia y el norte de Europa conquistan a cualquiera al asalto

©Jaume SalaFinlandia tiene todavía muchas más cosas que merecen la pena verse. Ya sea en el colorido otoño o el frío invierno –en algún momento el estudiante de intercambio irá al norte del círculo polar, ya sea como caminante solitario o como parte de un grupo organizado, al origen de Papá Noel en Rovaniemi o con moto de nieve a través de bosques blancos. Nadie vuelve de Finlandia sin añorar el cálido efecto del fuego del hogar o del vino caliente en noches frías en mitad del bosque.

Muchos también se interesan por los alrededores europeos. Constantemente se reúnen grupos enteros para vuelos de un euro a Riga. Fotos de españoles, coreanos y americanos con vodka ruso en limusinas de fabricante alemán en San Petersburgo cierran el círculo. Tampere y sus alrededores no tienen poco que ofrecer. Durante todo el año hay festivales de cine, numerosos museos y bosques y lagos cercanos que ofrecen actividad a los estudiantes Eramus durante todo el año. Por ello me visto gustosamente con ropa de deporte entre conferencia y conferencia y hago footing detrás de mi universidad, a través del bosque, o me relajo en la sauna de la universidad, caldeada a todas horas. Lo que en verano sirve como pista de footing o lago para bañarse se convierte en invierno en pista de esquí de largo recorrido o camino para trineos. Mi amigo Petri puede despreciar el invierno finés, pero yo disfruto cada segundo de los cortos días de noviembre en Tampere.