Schlämmer y el humor político: "Liberal, conservador y de izquierdas. ¡Aquí hay pa’ tós!”

Artículo publicado el 31 de Agosto de 2009
Artículo publicado el 31 de Agosto de 2009
Schlämmer es para los alemanes lo que Brüno para los austriacos. Pero mientras que el excéntrico reportero de moda con su traje amarillo chillón sonríe desde cualquier cartel, la fama de su colega Schlämmer no ha cruzado los Alpes

(SpreePix /flickr)Hace ya cuatro años de la primera aparición de este mugriento periodista de provincias con agudos problemas de alcoholismo, pero la verdadera fama le ha llegado al redactor jefe suplente del Grevenbroicher Tagblatt gracias a su implicación en la campaña a la cancillería alemana. Mientras la mayoría de los alemanes todavía se preguntan dónde se encuentra exactamente la ciudad de Grevenbroich, Horst Schlämmer hace tiempo que fundó un partido y lanzó una eficaz campaña mediática en torno a su candidatura. El orgulloso portador de un masculino bolso aparece ahora también en la pantalla grande: la película -de ficción- Horst Schlämmer: Isch kandidiere (Horst Schlämmer: Zoy candidato), que cuenta el ascenso del provinciano a canciller alemán, se estrenó el pasado día 20 de agosto.

"¡Yes weekend!"

Tras el político que alegra a sus seguidores con eslóganes como “¡Tumbonas para todos!” o “¡Yes weekend!” se oculta el cómico Hape Kerkeling, conocido en toda Alemania y que en los últimos años ganó notoriedad por su tendencia a interpretar personajes ficticios. Pero no ha llevado ninguno tan lejos como Schlämmer, que no quiere conformarse con su malsana existencia como periodista. De ahí su entrada en la auténtica vida política: “Mi nombre es Horst Schlämmer: Yo seré su próximo canciller". Al espectador le dan escalofríos y Kerkeling se ríe.

¿Pero qué o quién es Horst Schlämmer exactamente? ¿Un periodista real de Westfalia? ¿Un personaje de ficción de Hape Kerkeling? ¿O tal vez ambos? Se acerca al concepto de 'hiperrealidad', que ya estaba en boca de todos en esta edad de oro de la posmodernidad. El término se refiere –en su forma más simple- a un estado en el que la conciencia humana no puede distinguir entre la realidad y una ilusión perfectamente construida. El propio Schlämmer no duda en una entrevista con el Spiegel de su existencia real: “No soy un personaje artificial, soy real. Soy también virtual, pero antes que nada real”. A la pregunta de cómo está tan seguro, responde rápidamente: “Puedes tocarme, y además apesto”.

Presidentes ficticios y otros que querrían serlo

(SpreePix /flickr)Hape Kerkeling no es el primer cómico que llama la atención en la arena política. El actor francés Cristophe Salengro creó ya en 1984 en una emisión de Canal+ la figura del presidente de Groland, que puede entenderse fácilmente como una parodia del microcosmos francés. Como todos los Estados de verdad, Groland también tiene su bandera, su himno e incluso pasaportes que pueden pedirse a la cadena. Cualquier ciudadano puede ser elegido como presidente de Groland. El único y pequeño inconveniente: que solo el presidente electo tiene derecho a voto.

También el polaco Ędward Ącki y su impronunciable nombre se mezclan en el quehacer cotidiano de la política. Esta figura política ficticia, creada por el periodista y presentador de radio Szymon Majewski, quiere ante todo una cosa: limpiar la política polaca hasta sus raíces. Ya el nombre de su partido, ĘĄ - Szczerzy do bólu (honesto hasta que duela) demuestra que Ącki no le tiene miedo a nada. A su performance público anticorrupción, celebrado frente al Palacio de la Cultura polaca y en el que se lavaron simbólicamente los trapos sucios del Estado, acudió una numerosa multitud de seguidores. De ahí a su presentación como candidato para las próximas elecciones presidenciales polacas hay solo un pequeño paso, y Lech Kaczyński debería ir entrenando para enfrentarse en 2010 al personaje cómico con la boina roja.

El miedo se extiende por los parlamentos europeos

¿Está justificado el miedo de ciertos articulistas a una invasión de personajes ficticios en los parlamentos nacionales? Es posible que el patético Horst Schlämmer de Kerkeling sea un reflejo de nuestra sociedad, que se interesa cada vez más por sus estrellas de serie B que por sus políticos, pero esto no significa ni mucho menos el fin de la política seria. Schlämmer ha anunciado su candidatura a bombo y platillo en los medios, pero no se ha atrevido a empezar con las formalidades necesarias para fundar un partido.

Lo mismo sucedió con el presidente de la República de Groland: quería competir por el sillón del Elíseo en 2007, pero fracasó ante la falta de las firmas necesarias. Schlämmer hubiese corrido el mismo destino si hubiese intentado el papeleo: porque no parece probable que el eslogan "Liberal, conservador y de izquierdas –¡aquí hay pa’ tós!” consiga atraer los suficientes votos, pese al centrismo reinante.