Schröder, ¿mono de rendiciòn o paloma de la paz ?

Artículo publicado el 1 de Marzo de 2003
Publicado por la comunidad
Artículo publicado el 1 de Marzo de 2003

Atención, este artículo no ha sido revisado ni publicado en ningún grupo

¿Ambiguo o no ? Por un lado, algunos condicionantes polìticos e històricos dictan a Alemania qué polìtica debe adoptar, y por otro lado se enfrenta al riesgo de aislarse o, cuando menos, de crear relaciones realmente difìciles con sus principales aliados.

« Monstruosa ingratitud », voceaba la primera plana del Daily Mail el 11 de Febrero pasado. Este vitriòlico, inimitable titular seguìa al veto presentado por Alemania a la demanda de Turquìa de obterner misiles Patriot y AWACS de la Organizaciòn del Tratado Atlàntico Norte (OTAN) para defenderse ante un posible ataque por parte de Irak. La crisis en la OTAN no es sino el ùltimo de una serie de acontecimientos en el marco de los avances hacia una guerra contra Irak, que enfrentan a la conciliadora “Vieja Europa” y a la belicosa administraciòn Bush. La incendiaria crìtica dirigida a Alemania y Francia no ha llegado ùnicamente del otro lado del Atlàntico, sino también, con consecuencias màs bien preocupantes para la unidad europea, del otro lado del Canal de la Mancha. La Administraciòn Bush y la prensa amarilla de ambos paìses estàn encantados de poder recordar a Alemania y a los demàs abogados europeos del “apaciguamiento” que si no fuera por el apoyo de la fuerza militar estadounidense durante la segunda guerra mundial, el continente estarìa viviendo hoy en dìa bajo la autoridad nazi.

Si miramos atràs, durante las ùltimas decadas, la disidencia con Estados Unidos parece haber sido algo a lo que Francia recurrìa con total naturalidad, pero ¿porqué Alemania, un paìs que desde el final de la guerra ha disfrutado de una relaciòn especial con Washington, ha adoptado una posiciòn tan dogmàtica en contra de la polìtica exterior americana? ¿Cuàles seràn las consecuencias de una posiciòn tan radical? ¿Còmo afectara a Europa? ¿Y sobrevivirà la relaciòn transatlàntica a este mal trago?

Schröder no tenìa otra alternativa.

La opsiciòn a la guerra de la coaliciòn rojiverde esconde varias razones. Ideològicamente, el SPD (Partido Socialista Alemàn) y los Verdes, y en particular los Verdes, estàn a favor de la contenciòn y de las sanciones econòmicas como alternativa a la beligerancia. Y por razones històricas obvias, la poblaciòn alemana en su conjunto està poco dispuesta a verse involucrada en un aguerra, en el lado de los agresores. Es màs, hasta la fecha, la opiniòn pùblica se ha posicionado contra la guerra de manera aplastante, lo cual se vio reflejado en el resultado de las elecciones legislativas federales en septiembre de 2002, cuando Gerhard Schröder clamò a los cuatro vientos su oposiciòn a la guerra contra Irak, lo que le llevò a una vistoria por los pelos sobre su rival Edmund Stoiber.

Otro factor importante que ha influenciado la posiciòn alemana es la precaria situaciòn de la economìa nacional. Schröder se enfrenta a dificultades inmensas para controlar el gasto presupuestario y el crecimiento el año pasado ha sido menor que el de cualquiera de los otros miembros de la UE en la ùltima década. Es posible que la guerra no sea el mejor modo de mejorar el estado de la economìa (si bien, algunos presentan argumentos en sentido contrario). Ademàs, en los medios polìticos se teme que una guerra contra Irak haga pasar a un segundo plano las “otras guerras” en las que Alemania està implicada, es decir la guerra contra el Terror y la guerra contra las armas de destrucciòn masiva. Una guerra en Irak podrìa provocar un contragolpe en el mundo musulmàn y crear un ambiente propicio para los grupos terroristas. Irak, si efectivamente posee armas de destrucciòn masiva, sin duda no tiene el monopolio sobre ellas ¿Sentarìa la guerra en Irak un peligroso precedente? ¿Deberàn ser desarmados otros regìmenes (Pyongiang, pongamos por caso) del mismo modo? Alemania piensa que serìa màs coherente continuar las inspecciones en Irak, no solamente por las razones ya mencionadas, sino también porque sienta un razonable precedente para desarmar en el futuro otros Estados gamberros.

En tanto que actor mayor en la escena internacional, Alemania està activamente envuelta en un cierto nùmero de instituciones internacionales. Ha sido interesante, a lo largo de las ùltimas semanas, observar còmo las alianzas polìticas màs antiguas en las que està envuelta Alemania han reaccionado al “desafìo” franco-alemàn a la polìtica exterior de Estados Unidos. Alemanìa fue recientemente elegida para un periodo de dos años como uno de los 10 miembros no permanentes del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas. Su papel como presidente del Consejo en febrero la ha situado en una posiciòn prominente en la escena internacional ¿Ha usado esta posiciòn para apoyar sus polìticas respecto a Irak? Los analistas señalan que serìa poco probable que usase este papel de naturaleza protocolaria para defender su pociciòn nacional. Pero la neutralidad de Alemania como presidente no le impide adoptar una posiciòn discutible respecto a otros miembros del Consejo fuera de su papel oficial. A lo largo de los ùltimos dos meses, Alemania ha formado un asì llamado “eje de escepticismo” con Francia (miembro permanente del Consejo). Francia y Alemania celebraron recientemente el 40 aniversario del Tratado del Eliseo prometiéndo una cooperaciòn franco-alemana aùn mayor. Tras la intervenciòn de Colin Powell en la ONU, el pasado 5 de febrero, Joschka Fischer, ministrod e exteriores alemàn, hizo eco a las palabras de Dominique de Villepin, que habìa sugerido que habrìa que enviar a Irak màs inspectores y resaltò la necesidad “de aumentar los intrumentos de inspecciòn y control” en el paìs. Sin embargo, los destractores de Alemania, e incluso el jefe de los inspectores, Hans Blix, han acusado al gobierno alemàn de inocencia polìtica sobre este tema: el problema no es que no haya suficientes inspectores en Irak, sino màs bien que Saddam Hussein no està cooperando enteramente con el equipo actual.

Alemania en malos términos con Estados Unidos

La construcciòn de esta alianza no sòlo ha abierto una enorme brecha en la ONU, sino que ademàs, como era de esperar, ha minado las relaciones en el seno de la Uniòn Europea. Ultimamente hemos visto al Reino Unido, España, Italia, Portugal y Dinamarca (entre otros) comprometiéndose a apoyar a Estados Unidos en caso de incursiòn militar en Irak y a la alianza franco-alemana (con sus amigos) defiendo con vehemencia una salida diplomàtica a la crisis. Esta divisiòn pone en entredicho una de las piedras angulares de la unidad europea, la PESC (Polìtica Exterior y de Seguridad Comùn), que, par ser efectiva, exige que todos los miembros de la Uniòn Europea hagan frente comùn en la escena internacional. Està aùn por ver si los quince seràn capaces de salvar sus diferencias y ponerse de acuerdo sobre una acciòn coherente o si la crisis actual es el prologo de una fase màs inestable de la integraciòn europea.

La administraciòn americana ha sido la fuente de las crìticas màs feroces hacia Alemania. Ha habido repetidas escaramuzas verbales entre los miembros de la Cancillerìa y los halcones de la administraciòn Bush. Los Estados Unidos afirman sentirse traicionados por su antigo protegido, que realizò su milagro econòmico apoyàndose en el Plan Marshall durante la posguerra. Hasta ahora, las relaciones germano-americanas se han mantenido en un espìritu de civismo, pero a medida que las cosas avancen, es previsible que la relaciones transatlànticas se degraden gradualmente. Sin embargo, hay que notar que Alemania ha ofrecido sus bases militares a la OTAN en caso de guerra. Por esta ùnica razòn (y a pesar del hecho que Estados Unidos està desplazando muchas de sus bases hacia los paìses del antiguo bloque comunista), Washington se esforzarà probablemente proe vitar un brote de “hostilidades” con Alemania.

Un poder diplomàtico en potencia

Si efectivametne la guerra estalla en Irak, Alemania podrìa encontrarse en una posiciòn extremadamente envidiable. Si la campaña militar es un éxito, Alemania podrìa ser sancionada por haber dudado de su antiguo aliado; si es un desastre, Alemania podrìa tener que cargar con una parte considerable de la responsabilidad por haber frustrado una operaciòn humanitaria para liberar a la poblaciòn iraquì de un dictador terrible. Sin embargo, teniendo en cuenta la recientes manifestaciones masivas contra la guerra, parece cada vez màs probabel que Alemania y los otros defensaores de la paz. Ahora da la impresiòn que la guerra es al menos evitable. Estas protestas pùblicas han dado a Alemania fuerza y presencia polìtica y ya no està aislada en la escena mundial. No serìa sorprendente, en el contexto actual, que Alemania saliera de la crisis con unas credenciales diplomàticas reforzadas. Defender sus principios es una empresa delicada, pero las comensaciones son a vec considerables.

Desde la segunda guerra mundial, y a pesar de haberse convertido en un poder econòmico de primer orden, Alemania ha jugado un papel polìtico poco apreciable en la escena mundial. La crisis de Irak podrìa facilitarle un importante catalizador de cambio. De cualquier modo, la dinàmica de las relaciones internacionales no volverà a ser la misma.