Se le acaba el tiempo al alma de Europa

Artículo publicado el 29 de Noviembre de 2006
Artículo publicado el 29 de Noviembre de 2006
La conferencia “Darle un alma a Europa” desarrollada en Berlín del 17 al 19 de noviembre pasado, ocasión perdida para reconciliar cultura y política.

Más de 500 participantes, toda una panoplia de comisarios europeos, políticos de renombre y personalidades influyentes llegadas de los cuatro rincones del continente a Berlín entre los días 17 y 19 de noviembre para discutir sobre el modo de “darle un alma a Europa”. El objetivo de esta conferencia era lograr un intercambio intenso de ideas sobre la utilidad y el poder de la cultura como condición de unificación europea.

Discursos bonitos y sólo bonitos

Una gran ambición y un desafío gigantesco. La conferencia, mimada hasta en sus más mínimos detalles por parte de una miríada de consejeros en comunicación, juntó a numerosas personalidades comprometidas en favor del entendimiento y la unidad europea, como Richard von Weizsäcker, el ex disidente polaco Bronislaw Geremek, el mecenas húngaro George Soros o el realizador alemán Wim Wenders. Condiciones todas ideales para estimular el diálogo entre cultura y política.

Libertad, humanismo y tolerancia. El Presidente de la Comisión europea, José Manuel Durão Barroso, no se ando con miramientos en sus discurso de apertura. “Defendamos la libertad haciendo valer nuestro derecho de soñar una Europa unida, democrática, tolerante y en paz”, preconizó. Un llamamiento claro para reforzar la dimensión cultural de la unificación europea.

Volker Hassemer, uno de los organizadores de la conferencia, insistió en la necesidad de reforzar la culture europea y no tanto de promover las empresas culturales al declarar: “No somos un lobby cuando decimos que Europa necesita usar sus fuerzas culturales para afianzar su futuro”. La ambición de estos precursores es darle un nuevo impulso a Europa apoyándose en su sociedad civil.

Charlatanería oficial

Por desgracia, todos estos brindis y declaraciones de intenciones se ha quedado en eso. No se alcanzó el objetivo de la conferencia, pues para un intercambio fructífero de ideas no bastan condiciones óptimas. Hace falta, además, que los participantes no se contenten con soltar discursos de conveniencia sobre el valor de la cultura, sino que se tomen el tiempo de contestar a los argumentos y críticas de los demás participantes.

El programa del evento no permitió a penas el debate. Las discusiones se desempeñaron a menudo en forma de discursos magistrales durante los que los políticos, en activo o retirados, se limitaban a recitar su lección particular sobre la cultura y los valores. Otros intervinientes de gran talla apenas tuvieron un minuto para expresarse. Poco tiempo para personalidades como Avi Primor, ex embajador de Israel en Alemania. Quizás si hubieran participado menos ponentes, la calidad del debate hubieses sido mayor.

Habrá quienes justifiquen que esta clase de evento debe servir sobre todo para poner en contacto a la gente durante la hora del café y los encuentros en los pasillos. Sin embargo, los políticos se contentaron con apariciones fugaces y vuelos inmediatos de vuelta a casa. Sólo algunos eurodiputados constituyeron la excepción, como el alemán Hans-Gert Pöttering o el ex ministro francés de Cultura, Jacques Toubon

Torre de Babel

A esto hay que añadir los debates baldíos en los que se cayó durante los tres días, a pesar de los intentos de aclaración de la organización. ¿Los participantes quería decir “Unión europea” al referirse a “Europa”? ¿Qué entendían por “Cultura” y “valores europeos”? Mucho se habló sobre la importancia de la traducción. En cambio, hubiera sido más provechoso definir con claridad los conceptos manejados antes de traducirlos.

Que esta iniciativa dé sus frutos dependerá del eco que logre trasladar a la sociedad y de su influencia en los procesos políticos. Estas tres jornadas de conferencia en Berlín han demostrado que apoyos no faltan. Las propuestas concretadas en proyectos específicos y duraderos están encima de la mesa. Sólo queda desearle ánimo y tesón a los organizadores, pues, como dijo el cineasta Wim Wenders durante el disucrso más convincente de la conferencia, la cultura es “es el pegamento de todos los sentimientos europeos”.