¿Se puede ser mujer e independiente en Zagreb?

Artículo publicado el 25 de Mayo de 2011
Artículo publicado el 25 de Mayo de 2011
Salir de la tradición no es fácil según en que sitios. Y si eres mujer, la aventura se complica aún más. En Zagreb, la población femenina con más estudios se acerca cada vez más al modelo 'occidental' de independencia.
En la capital croata, una periodista serbia conoce a feministas, estudiantes, músicos y actrices que, según ella, se desprenden de esa tradición, al menos desde la perspectiva balcánica.

Según los últimos datos de la oficina de estadística croata, CBS, las mujeres de Zagreb son cada día más independientes: ya son mayoría en la educación superior (56,3%) y en las licenciaturas de ciencias y másteres. Sin embargo, Croacia es el único país que, junto con Albania, no ofrece ningún curso sobre estudios de la mujer en las universidades estatales. Esto no detuvo a Rada Boric, que posee un currículo impresionante. Boric es una de las siete feministas más poderosas del mundo según la lista de la revista Forbes y, en la actualidad, está trabajando en el primer diccionario croata-finés sensible a la cuestión de género. Saltó a la fama por haber producido en el 2003  la obra teatral de 1996Los monólogos de la vagina de la escritora estadounidense Eve Ensler en la región.

Los monólogos de Zagreb

Entre su estancia en la universidad de Zagreb y su tiempo en la de Helsinki, Boric trabajó en los EE.UU (en la universidad de Indiana), donde comprobó que había actitudes que se reflejaban en las de los Balcanes. “En un gran evento público, el presentador pregunta si alguien tiene alguna duda entre el público", dice Boric. "Cualquiera pensaría: oh,  si hago una pregunta todo el mundo se volverá para ver quién soy y si llevo las medias subidas. Me sonrojaré, me temblará la voz y será una pregunta tonta. Pero el hombre que está delante de mí se levantará con la camisa desabrochada y hará, con toda seguridad, la pregunta más tonta inimaginable. Esta opresión y este silencio están más arraigados en la cultura balcánica, cuando el hombre habla, la mujer se mantiene en silencio. Te preguntas quién puede detenerte por expresarte tal cómo eres realmente, y entonces es cuando empiezas a trabajar en ello.”

La opresión y el silencio están más arraigados en la cultura balcánica

Boric trabaja como coordinadora de programa en el Centro de Estudios para la Mujer. Se encuentra ubicado en el antiguo apartamento de Marija Juric Zagorka, la primera mujer periodista profesional de Croacia. “Queríamos que fuera algo más que un espacio sin vida, un lugar dinámico que diera a conocer la vida y trabajo de Zagorka así como un centro donde se promocionara la creatividad y el trabajo de las mujeres de hoy en día”, dice Boric. Se refiere al trabajo de mujeres como Dunja Kobas, violinista de treinta años que toca en la orquesta sinfónica de la televisión nacional croata (HRT) y se gana la vida trabajando en su campo. Ésta no es la tónica general en países en transición donde “apenas se invierte en cultura”, dice Dunja.

“Cada vez es mayor el número de mujeres que tocan un instrumento musical; hasta hace treinta años la mayoría eran hombres. Nuestra orquesta tiene ahora más mujeres", explica Dunja en Lisinski, la sala de conciertos más famosa de Croacia. Después de años pasando apuros económicos con trabajos a tiempo parcial en teatros, consiguió un trabajo fijo. Aunque Croacia es el país líder en la región balcánica con una media de ingresos netos mensuales de 708 euros, según la oficina de estadística croata (CBS) (por 330 euros en Macedonia, 357 euros en Serbia, 400 euros en Bosnia y Herzegovina y 518 en Montenegro), Dunja cree que esto es lo normal porque “todos tenemos deudas. Croacia es uno de los pocos países en los que todavía se ofrecen contratos indefinidos”. A pesar de ello, cada vez es mayor el número de mujeres que elige la música como profesión. Existe incluso un festival de jazz para mujeres en Zagreb llamado Jazzerela. Según parece, aquí las mujeres se están abriendo camino, incluso en profesiones tradicionalmente “inciertas”. Croacia comparte con la UE el problema de la desigualdad salarial entre hombres y mujeres y la tasa de desempleo femenino.

Cambio de papeles

Los países balcánicos se perciben como países rurales, sin desarrollar y conservadores, con líderes bárbaros que comiten genocidios. Estas mujeres proyectan una idea de una ciudad balcánica con individuos creativos, independientes, inteligentes, con un grado alto de educación y libres de elegir su propio destino. Por ejemplo, Ana Borac, de padres bosnios, es bailarina y estudiante de psicología en Zagreb. La iglesia protestante es una parte importante en su vida en un país donde casi el 90% de la población es católica.

Otro ejemplo es Sanja Milardović, con la que comparto un risotto casero con gambas y una conocida cerveza de trigo croata, Ožujsko. Sanja, actriz de 23 años en una compañía de teatro ambulante, demuestra ser también una buena cocinera. Es parte del 'paquete estándar' de las habilidades femeninas en los países balcánicos. Según el informe de una encuesta realizada sobre la igualdad de género y publicada en el periódico Croatian Times, el 36% de los hombres croatas creen que el papel más importante de una mujer además del de ser madre, es el de cocinera.

"Me enamoré de la poesía de Antic. Escribe de un modo simple, no pretencioso", dice.

Estas mujeres que conozco en Zagreb han tomado sus propias decisiones, aunque no son comunes. Si aspiras a un futuro y a unos ingresos ciertos en un país después de la guerra, donde un gran número de personas no trabajan o sólo ganan lo suficiente para comer, o si tu familia es extremadamente católica o puedes encontrarte desempleado durante meses, no elegirías ser músico o actriz. Las mujeres luchan por lo mismo en todos los sitios. Aquí la diferencia radica en que esta gente ha tenido la mala suerte de vivir en un país donde la guerra ha destruido el desarrollo. Al menos, las mujeres de Zagreb se acercan al modelo occidental.

Foto portada: (cc) black stena/ Flickr; Fotos texto: cortesía de ©Rada Boric y ©Ana Borac