Seguridad en los aeropuertos: embarcados en una farsa

Artículo publicado el 10 de Marzo de 2009
Artículo publicado el 10 de Marzo de 2009
El escarnio que todo pasajero europeo de avión sufre al embarcar en la aeronave no se detiene con el estrés coreográfico al que se le somete estudiadamente. No sólo debe medio desnudarse y correr detrás de sus pertenencias al ritmo de una cinta transportadora mientras le jalea un grupo de entrenados vigilantes o agentes de seguridad.
No basta con que no pueda llevarse una botella de agua de casa con la que avituallarse sin realizar gastos superfluos, ni introducir en su equipaje de mano un vulgar cortaúñas con el que adecentar sus dedos durante las horas muertas que a menudo pasa en un aeropuerto. Ahora, además, debe encajar la humillación de comprobar que estas medidas son una farsa.

Descubrimos cómo una lata de anacardos de la marca alemana Pittjes demuestra que la tensión a la que se somete a los pasajeros aeroportuarios tiene menos que ver con la seguridad que con el fin de las tiendas sin impuestos y la necesidad de que los viajeros consuman en los aeropuertos.

Dejen de dar la lata

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Aeropuerto de Budapest, capital de Hungría, Estado miembro de la Unión. Domingo 8 de marzo de 2009. El periodista que esto escribe, después de pasar todos los controles hacia la zona de embarque y volver a vestirse por completo, se topa, de inmediato y de bruces con una zona de tiendas con toda clase de productos. Le llama la atención una lata de aluminio que contiene 150 gramos de anacardos. La adquiere y acto seguido decide comprobar su sistema de apertura y cierre. Tal y como sospecha desde el inicio, para consumir estos frutos secos basta con tirar de una anilla y retirar una tapadera de aluminio cortante como el filo de un escalpelo. Bastaría un gesto rápido y certero para desangrar por la vena yugular a cualquier pasajero, a cualquier miembro de la tripulación y, por supuesto, también al comandante de la nave, pues el objeto cabe perfectamente en la palma de una mano sin que nadie pueda advertirlo hasta el fatal momento. Y todo esto lo vende una empresa alemana, Pittjes, especializada en envasar frutos secos y aperitivos de bolsillo presentes en muchas tiendas aeroportuarias de la UE. Lo difícil es no preguntarse qué sentido tienen las molestas –y a menudo alienantes- medidas de seguridad padecidas durante un cuarto de hora antes de llegar al embarque.

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Un negocio que apuntalar

Desde que Irlanda inventara en 1946 el concepto de las tiendas libres de impuestos en los aeropuertos internacionales, el modelo se extendió por el mundo entero generando un gran consumo que ha beneficiado históricamente a quienes podían permitirse pagar un pasaje de avión y a las empresas públicas que gestionaban dichas tiendas. Sin embargo, en la Unión Europea, desde 1999, se han eliminado estas compraventas privilegiadas para los pasajeros de vuelos intracomunitarios, es decir, para la inmensa mayoría de los pasajeros de avión que transitan por Europa, al tiempo que privatizaban las famosas tiendas . Todo ello ha coincidido con la puesta en marcha de medidas pretendidamente “de seguridad” para evitar actos terroristas a bordo de las aeronaves, medidas que obligan en la práctica al pasajero a tener que adquirir en las tiendas de las zonas de embarque de los aeropuertos aquellos enseres o vituallas que requiera durante las horas de espera y vuelo. Sin estas medidas, los pasajeros consumirían mucho menos en estas tiendas que ya ni siquiera son libres de impuestos.

duty free

(fotos: Alejandro Márquez Lago / Flickr - http://www.flickr.com/photos/21746221@N06/ Eudebate2009.eu)