Seis buenos motivos para integrar a Turquía

Artículo publicado el 17 de Diciembre de 2004
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Artículo publicado el 17 de Diciembre de 2004

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Va a tomarse una decisión tras 40 años de espera. La Unión europea debe pronunciarse respecto a la petición de Ankara. Sobran los motivos para abogar por la apertura de negociaciones para la adhesión.

1. Lo que se promete, se hace

En 1964, la Comunidad Económica Europea ya le sugirió a Turquía la posibilidad de convertirse en miembro. Desde entonces diecinueve otros Estados han ingresado en la Unión y la perspectiva de adhesión en Turquía ha provocado una gigantesca ola reformadora. Si los europeos no cumplen hoy su promesa y no abren negociaciones para la adhesión, estarán enviando una señal catastrófica a los turcos y a todos los musulmanes, tanto dentro como fuera de la Unión: “cualquiera que sea el modo en que os comportéis –diríamos-, nunca os aceptaremos entre nosotros”.

2. Turquía es Europa

El imperio otomano siempre ha estado presente en la comunidad de cultura europea. Los históricos sabios musulmanes transmitieron a la Europa medieval la filosofía de la antigüedad, los fundamentos de la medicina moderna, e introdujeron, más acá del Bósforo, bienes cuya existencia nunca habíamos imaginado, tal y como el café. Desde 1949 Turquía es miembro del Consejo de Europa, pertenece a la OTAN desde 1952 y está asociada a la UE desde 1963 mediante un Acuerdo de Cooperación. Es miembro de la Liga Europea de Fútbol, la UEFA, y, con la friolera de 3,3 millones de turcos viviendo en la Unión, hasta llegó a ganar el festival de Eurovision en 2003.

3. Turquía es joven…

… y la Unión Europea está envejecida: en ella hay cada vez más jubilados y menos y menos jóvenes. Turquía, con sus 68 millones de habitantes, presenta la situación inversa, en especial en lo relativo a la nueva generación dinámica y ambiciosa que la habita, savia nueva con la que la “vieja Europa” haría bien en “medicarse”.

4. Turquía es musulmana…

… y laica. En 1492, los judíos expulsados de España encontraron refugio en Turquía. La tolerancia y el humanismo son tan específicos del islam como del judaismo o el cristianismo, con los que comparte los fundamentos religiosos históricos del Antiguo Testamento. 15 millones de musulmanes, en la UE, se hallan a la espera de esta importante señal que les aclare que Europa no es un club cristiano; también el mundo islámico en su conjunto desea ese gesto razonable por parte de Europa ante el “choque de civilizaciones”

5. Turquía propiciará la modernización de la Unión

Las estructuras de la Unión Europea no aguantarán la integración de Turquía, claman los opositores a la adhesión. Es cierto. Esto significará que Europa tendrá que reformarse en profundidad. Hoy, casi la mitad del presupuesto comunitario (48 millones de euros) va a parar a un absurdo sistema de subvenciones agrícolas que no sólo engendra colosales excedentes de producción, sino que arruina a millones de campesinos en todo el mundo: campesinos que no pueden competir con los precios subvencionados de los agricultores europeos. La adhesión turca empujará a la Comunidad a revisar en profundidad algunos de sus desfasados principios fundacionales, y no sólo en lo tocante a política agrícola, con el fin de adaptarse a la realidad del siglo XXI.

6. No existe “tercera vía”

Quienes se oponen a la entrada turca en la UE hablan de la posibilidad de una “asociación privilegiada”, como alternativa a la adhesión o al abandono. Un sinsentido que obvia la asociación privilegiada que ya de por si existe entre ambas desde hace medio siglo. Es más, habría que precisar mejor en que consistiría esa “asociación privilegiada” que va más allá del acuerdo de cooperación de 1963, el acuerdo de librecambio de 1995 y la política europea de vecindad. La alternativa a la adhesión es un No rotundo que los reticentes no osan pronunciar.

Con las negociaciones para la adhesión, la Unión europea tendrá que hacer frente a sus responsabilidades, y estas superan sus fronteras. En este sentido, el modelo pacífico de la UE ganará terreno y se confirmará como un modelo positivo opuesto al neocolonialismo de un Bush o de un Putin cualquiera. ¡No dejemos escapar esta oportunidad!