Selah Sue, 21 años: La belga que se llenó de 'soul'

Artículo publicado el 5 de Enero de 2011
Artículo publicado el 5 de Enero de 2011
Selah Sue reúne todas las condiciones para ser una cantante de soul estadounidense, o incluso jamaicana; pero también pasaría perfectamente por una joven belga con cara angelical, piel cristalina y edad de pasearse por la facultad. Nos encontramos con la nueva joya en bruto del reggae-groove que florece en cierto "país llano".

Cuando le dije a uno de mis amigos que iba a entrevistar a Selah Sue, me contestó: “Es esa intérprete de madre belga y padre jamaicano, ¿no?”. Puede que el conocido cantante Milow se hiciera esa misma reflexión cuando decidió lanzar prematuramente la carrera de esta joven, proponiéndole a sus 17 años que le acompañara en el escenario. Todo lo demás llegó casi de golpe: apariciones escénicas junto a artistas como Moby, Simple Red, JaimeLidell, Keziah Jones o Sébastien Tellier, conciertos en los festivales de rock más importantes de Europa, momentos en televisión y los preparativos de su primer álbum, previsto para febrero de 2011.

Creación y depresión

A los 17, Milow la descubrió y empezó a compartir escenarios con artistas como Moby o Keziah JonesSin embargo, Selah sólo tiene 21 años. Su larga melena rubia, su tez casi diáfana, sus ojazos azules y su mirada traviesa esconden una voz soul y ronca que nos recuerda a las mejores voces femeninas: “Tenía unos 15 años cuando me di cuenta de que podía imitar con facilidad a las cantantes que en aquella época escuchaba en bucle: Lauryn Hill, Erykah Badu, Meshel Ndegeocello... Y que, además, tenía buen oído".

En este fragmento, la joven belga desvela una voz ligeramente rasgada que le ha valido comparaciones con Amy Winehouse o DuffyLa voz inédita que vibra en ese cuerpo de porcelana no tiene nada que ver con un supuesto antepasado jamaicano. Selah es una belga de pura cepa, nacida en Lovaina, en el lado flamenco de ese "país llano", y cuya juventud no ha sido de color de rosa, lo que la asemeja a muchos adolescentes: “De pequeña era una niña risueña con ganas de comerme el mundo; mi adolescencia, en cambio, fue una época delicada, pues era una joven más bien tímida, con saltos de humor bruscos y tendencia a deprimirme”. Quizás, más que en sus genes, sea en su pasado donde reside el secreto de su gancho. Si a todo esto le añadimos una facilidad desconcertante para escribir (empezó a componer con 15 años) y a utilizar su órgano para rapear y pasar de sonidos suaves a estribillos poderosos, obtenemos su efervescente single Raggamuffin.

Selah, la bella y la bestia

¿De qué hablan sus canciones? De emociones y sentimientos que disecciona meticulosamente y en inglés, pese a las complicadas sutilidades sintácticas y léxicas de este idioma, porque “cantar en neerlandés no sonaría tan bien”.

No me sorprende que esta joven haya empezado la carrera de psicología en la Universidad de Lovaina. Viéndola sentada frente a mí, tan radiante, pienso que quizás la música sea una terapia excelente: “Cuando tenía la impresión de que iba a derrumbarme, escribía sobre cómo me sentía. Estos últimos meses todo ha sido tan maravilloso para mí que las dudas que tenía sobre mí misma se han desvanecido. Ahora es como si estuviera demasiado feliz para escribir”. No se preocupen, su música sigue envuelta de melancolía: Break, su canción favorita, lo demuestra con creces: “Más allá de la melodía y del encadenamiento de los acordes, estoy íntimamente ligada a las profundas emociones que expresa”. Es una canción que da escalofríos.

Sobre el escenario atrae al público con su sensibilidad. El 7 de diciembre, en la sala de conciertos La Boule Noire, las melodías soul de Selah y sus letras melancólicas nos mecen con dulzura. Nada que envidiar a Ben Harper. De repente, la apoteosis: el reggae y el rap se imponen, el ambiente de esta sala parisina del barrio de Pigalle se caldea, la joven belga libera su teatralidad, su espontaneidad... Pero sólo hasta cierto punto: “Si las vibraciones son buenas, es verdad que me dejo ir sin pensarlo demasiado. Pero, aún así, soy tímida y me siento mucho más segura cuando puedo refugiarme detrás de mi guitarra. A veces, cuando canto sin ella, las cosas se complican un poco y debo pensar con antelación a lo que voy a hacer con mis brazos, por ejemplo. ¡Así, este lado teatral ya no es tan espontáneo!”.

Buscando un sonido único

A veces esconde su timidez detrás de la guitarraSelah Sue es joven pero determinada. No quiere ser una “se parece a”, aunque no le molesta que la comparen con Lauryn Hill, Amy Whinehouse o Duffy. “Me alegra y, como me comparan con tantas artistas distintas, no me da la sensación de ser la copia de una artista en particular”, reconoce.

Su éxito ha sido fulgurante, y aún así notamos que lo piensa todo. Con 16 años rechazó un contrato con la Universal, pues sentía no estar lista: “No era el momento. En aquel entonces no estaba ni siquiera segura de querer que la música fuera mi oficio”. Su familia la apoya y le ha asegurado que podrá dejarlo en cuanto ya no se divierta: “Sí, así es: alguna vez lo dejaré, pero en este momento ni siquiera me lo planteo”.

Las dudas han desaparecido: Selah no podría imaginar una vida sin esa música que ahora, con la preparación de su álbum, ocupa la mayor parte de su tiempo. Su primer trabajo mezclará todos los estilos de su repertorio (reggae, soul, hip-hop, y ritmos más lentos), y será un disco “intenso, psicológico, melancólico, meditativo y oscuro”.

Fotos: en color: ©Rob Walbers; en blanco y negro, tomadas en la Boule Noire: ©Michela Cuccagna/cortesía de Selah Sue/myspace