SELLOS INDEPENDIENTES PARA BAILARLE A LA CRISIS

Artículo publicado el 2 de Octubre de 2013
Artículo publicado el 2 de Octubre de 2013

En la ciudad de Nápoles, los jóvenes se han dado cuenta de que el autoempleo puede ser un buen remedio contra la crisis. Esta ruta hacia la autonomía profesional se manifiesta especialmente en la industria de la música. Sellos independientes y alternativos crecen como champiñones en la ciudad del Vesubio, ofreciendo a los jóvenes artistas la posibilidad de emprender su carrera con total libertad.

Muchas cosas han cambiado desde los noventa”, afirma Carlo Doino, presidente y director artístico de Ikebana Records, sello discográfico creado en 2008 por tres amigos que decidieron montar su negocio. Negocio que, hoy en día, cuenta con su propio estudio, organiza cursos de formación musical y pone en marcha su propia discográfica. “El Mercado exige cambios”, declara este joven de 20 años. “Vender música no es como vender un par de zapatos. No puedes tratar el producto como algo exclusivamente comercial. Hacemos lo que hacemos por vocación, por amor a la música. No pretendemos ganar mucho dinero, ya que este negocio no es ninguna mina de oro. Creemos que algún día encontraremos nuestro lugar y somos conscientes de que antes tendremos que haber hecho una gran inversión.

AIRES DE LIBERTAD

¿Por cuánto? Sería la pregunta. Carlo hace un rápido cálculo mental – teniendo en cuenta los CD’s, la producción de los proyectos, las impresiones promocionales, los anuncios en los medios de comunicación y la creación de videoclips, entre otras cosas-  y llega a la conclusión de que el coste aproximado puede superar los cinco mil euros. “Es evidente que internet y las redes sociales nos ofrecen múltiples maneras de promocionar nuestro trabajo”, dice Carlo. “Sin embargo, si quieres crear un producto de calidad, no puedes escatimar dinero en tareas como la producción de discos”.

Los chicos de Ikebana enfatizan que un creciente número de personas quiere escuchar buena música y está dispuesta a pagar por ella. Además de la edición, la empresa también organiza conciertos, principal fuente de ingresos para los artistas. “Normalmente, los sellos ganan dinero vendiendo discos, en la producción de los cuales han invertido previamente”, declara Valerio Merolla, responsable de la página web, las contrataciones y otras tareas administrativas. “Los grupos, al mismo tiempo, ganan dinero haciendo conciertos. Hay quien dice que no somos independientes porque la libertad que damos a los artistas nos hace depender de ellos. Pero muchas decisiones las tomamos juntos. Tratamos a los artistas como nos gustaría que nos trataran a nosotros.

En una de las salas del estudio de Ikebana Records nos topamos con los músicos de la Orchestra Multietnica Mediterranea (la orquesta mediterránea multiétnica). Su manera de entender la música es muy distinta. La orquesta cuenta con dieciocho miembros, prodecentes en su mayoría de Rumanía, Bulgaria, Sri Lanka, Colombia y distintos puntos de África. “Cada miembro de la orquesta practica un estilo distinto. En consecuencia, creamos un nuevo estilo de mucha calidad”, afirma Giovanni Guarerra, el líder del grupo. “Nápoles nunca había sido un buen sitio para dar conciertos, especialmente para una banda como nosotros. Así que valoramos todavía más esta oportunidad”.

No obstante, si hay un caso particular entre las bandas que forman parte del elenco de Ikebana Records, éste es el de Sula Ventrebianco. Los fundadores del sello creen firmemente que, algún día, este grupo conseguirá el difícil propósito de ganar dinero con su trabajo, más allá de subsistir.

ENCONTRAR TRABAJO EN NÁPOLES A LOS TREINTA

Otros jóvenes talentos napolitanos han decidido también tomar las riendas de su carrera. Giovanni Truppi se mudó de Nápoles a Roma hace diez años. Nos reunimos con él en Lanifice, punto caliente en el mapa del ocio nocturno de la ciudad. La antigua fábrica de lana alberga ahora un conocido club, fundado por un cirujano que quería contribuir al desarrollo de la ciudad. Truppi fue invitado a Lanifice por BulbArtWorks, compañía musical encargada de organizar conciertos y eventos, como el festival de música La Nostra Primavera (“nuestra primavera”) que cada año atrae a los artistas alternativos de toda Europa.

BulbArtWorks funciona también como agencia de contratación, en representación de dieciocho bandas. “Ante todo, somos un grupo de amigos que solía reunirse para ir de concierto”, dice Andrea Salada, miembro de la empresa. “Compartíamos el mismo amor por la música y pensamos que estaría bien empezar algo juntos. Aunque ni siquiera seis años de trabajo constante suponen una vida fácil en esta industria. La gente no tiene dinero para pagar las entradas de los conciertos, ya que los recortes personales en tiempos de crisis suelen ir dirigidos a este tipo de actividades”, declara. “Hoy en día, encontrar un trabajo en Nápoles a los treinta es casi un milagro. Sin embargo, eso no significa que nos vayamos a rendir. Ganar dinero no es un fin en sí mismo. Lo que hacemos es un agradable segundo trabajo”. El primer trabajo de Andrea está en la Universidad, y su sueño es convertirse en profesor de ciencias políticas. Mientras tanto, es uno de los cofundadores de la empresa, además de su miembro más polifacético. “Sé cómo construir  un escenario aunque también puedo trabajar como técnico de sonido”, dice. “En nuestra empresa, todo el mundo hace de todo. Es la única manera de conseguir que la asociación funcione.”

ENERGÍA VOLCÁNICA

En cuanto a su relación con Ikebana, el equipo de BulbArtWorks nos revela que existe una actitud positiva entre las compañías musicales. Esta carencia de competitividad responde a otra particularidad napolitana. “No tiene sentido pelearse por una pequeña porción de pastel”, comenta con humor Andrea. “Nápoles es una gran ciudad, pero no hay mucha gente asidua a este tipo de eventos. Es mejor idea intentar hacer algo divertido juntos, contar el uno con el otro y que el éxito de unos suponga el reconocimiento de los otros”. Giovanni Truppi es su propio jefe y distribuye su propia música. Le costó quince años llegar donde está ahora, pero es feliz. “Nunca ha sido fácil”, afirma, “pero al menos trabajo por mi cuenta y no para una gran empresa”.

Desde la ciudad, un largo Puente nos lleva hasta el Monte Vesubio, uno de los volcanes inactivos más famosos de Europa. A sus pies se encuentra la zona residencial que acoge a la Casa Lavica (“la casa de lava”), otro sello independiente a destacar en Nápoles. Ellos insisten en transmitir que “independiente” no significa “amateur”. Con a penas tres miembros en su organigrama, cuentan con un estudio de grabación profesional, publican sesiones en directo a través de la red y  producen clips. Detrás de las luces, mesas de mezcla y el gran trabajo de edición, se esconde la clave del éxito: un alto nivel de perfección.

A pesar de que la compañía se centra principalmente en la promoción de jóvenes músicos, artistas más conocidos como Gionata Mirai trabajan con ellos, atraídos por su profesionalidad. “Dándole libertad a los artistas intentamos crear una zona de confort y creatividad que ayude a los músicos a ser productivos”, afirma uno de los cofundadores de Casa Lavica. “Centramos nuestros esfuerzos en encontrar la mejor forma de promocionar a cada artista. Muchas veces hacemos cosas de manera gratuita, porque advertimos un gran potencial artístico en alguien. También fomentamos la unión de talentos si consideramos que dos músicos podrían sonar bien tocando juntos”. Fruto de esta mentalidad, Casa Lavica produce proyectos originales, como la mezcla de drum’n’bass i didgeridoo que da lugar a Triad Vibration. “Queremos que la calidad sea nuestro sello. Nuestro objetivo no es solo vender, aunque vender sea también importante. Para nosotros es fundamental producir buena música”.

Muchas gracias a Eliana de Leo de cafebabelNapoles y a Angelo Santonicola.

Este artículo forma parte de una serie de informes mensuales que lleva en varias ciudades "EUtopia on the Ground". Consulte la páginap ara obtener más información acerca de nuestro dese de "másEuropa" desde Atenas a Varsovia. Este proyecto ha contado con el apoyo financiero de la Comisión Europea en el marco de una sociedad de gestión con el Ministerio de Relaciones Exteriores, la Fundación Hippcrene y la Fundación Charles Léopold Mayer para el Progreso Humano.