Señor Presidente...

Artículo publicado el 11 de Junio de 2004
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Artículo publicado el 11 de Junio de 2004

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Las elecciones europeas van a toda vela. Pero Europa va mal. Carta abierta a Romano Prodi, Président de la Comisión Europea.

Señor Presidente,

Debo confesar que no sé porqué me dirijo a usted en particular. En estos tiempos de elecciones ando buscando a alguien que encarne la Unión Europea, algo así como ese célebre «número de teléfono» de Europa del que Henry Kissinger echaba mano según un principio muy simple: l’accountability, la responsabilidad democrática. En efecto, podría haber escrito a Bertie Ahern, como primer ministro irlandés y actual Presidente de turno de la UE. Pero tras seis meses de actividad, se marchará sin haber podido hacer gran cosa por Europa. O a Valéry Giscard d'Estaing, como Presidente de una Convención con la misión de redactar una «Constitución para Europa». Pero incluso él ha agotado el mandato sin que se haya aprobado la Constitución. Me he decidido por usted porque, en el fondo, siempre ha perseguido forjarse, ante la opinión pública, un verdadero rol de «Presidente» europeo. Sólo espero que el líder del centro izquierda italiano que usted representa encuentre algunos minutos para responder.

La paradoja de una Europa que va mal

Señor Presidente, Europa va mal. Entre el 10 y el 13 de junio, 340 millones de Europeos acudirán a la llamada de las urnas para unas elecciones que serán las elecciones transnacionales más grandes del planeta. Desgraciadamente, la participación apenas superará costosamente el 50% del electorado, confirmando una tendencia que viene de lejos. ¿Cómo explicarlo?

¿No le resulta paradójico que a medida que el Parlamento adquiere más poder, la tasa de abstención aumenta? Debería, no obstante, ser al contrario: con los Estados-nación en crisis y una Europa cuyo poder es cada vez más decisivo en la vida de sus ciudadanos, el interés de estos últimos debería acrecentarse. Pero no, resulta que disminuye, que incluso roza la caída libre.

¿No le resulta paradójico que a medida que los desafíos de la UE crecen en número, más se extiende la apatía y el desentendimiento ciudadanos? Seguro que está usted de acuerdo conmigo en que el calentamiento climático, la crisis económica en la zona euro, la reforma del Estado del Bienestar, los problemas del comercio mundial, la adhesión de Turquía, el envejecimiento demográfico o la crisis en el sector europeo de la investigación, son problemas cuya resolución sólo puede operase a escala europea.

¿No le resulta paradójico que, pese a la creación de la moneda única, la ampliación más grande de la historia de la Unión y la redacción de un Tratado Constitucional, que pese a todos estos éxitos, digo, los ciudadanos no logren realmente sentirse implicados en una construcción europea con una veteranía de 50 años?

Mayoría y oposición

La responsabilidad de todo esto, señor Presidente, también recae sobre sus espaldas. Sobre las suyas y sobre las de toda la clase política europea a la que, para bien o para mal, usted representa. Y en el fondo, la tarea se divide en 2 puntos:

1) Presentar a la opinión pública el balance de la Comisión que usted ha presidido durante los últimos 5 años, los más intensos de la construcción europea defendiéndolo y exponiéndolo a la crítica. Un balance, del que puede usted sentirse orgulloso, pero del que, exceptuando a café babel y al Financial Times, pocos medios han hablado.

2) Elaborar un verdadero programa de gobierno para la Europa de los próximos 5 años. Pero no 2500 programas extraídos de los tropecientos partidos de los 25 estados miembro, sino, en lo mejor de la tradición anglosajona, programas materializables por coaliciones de hombres y mujeres, con acentos y orígenes distintos, pero con una determinación común: gestionar el futuro del sistema europeo. La triste realidad arroja lo contrario, un debate vacío de contenido e inútil, nacionalizado hasta la saciedad.

Todo debería haber sido supeditado a un debate. Un debate abierto y multilingüe que sobrevolara las fronteras nacionales. ¿Un sueño, acaso? Bien, quizás, pero para hacerlo realidad, nada han hecho nuestros dirigentes europeos. Se trata sin embargo de un sueño que, a nivel mediático, ha tratado de concretar el semanario café babel a través de 3 dosieres-clave para lanzar el debate de las elecciones europeas: «A quién votar», «Balance para la Comisión Prodi», y «Turquía-UE: retorno a los hechos».

Pero vuestra Europa, y la de Giscard, Ahern, Berlusconi, Zapatero o Kwasniewski, es demasiado «nacional», demasiado taimada y demasiado alérgica a esta clase de práctica democrática «extremadamente difícile». No, la verdad, señor Presidente, sigo sin saber porqé es a usted a quien escribo.