Ser o no ser euroescéptico

Artículo publicado el 9 de Mayo de 2007
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Artículo publicado el 9 de Mayo de 2007
La amenaza del euroescepticismo recorre la Unión Europea. Según el Eurobarómetro, sólo el 54% de los europeos ve a la Unión como algo positivo, mientras el 34% la considera negativa.

Los datos del último estudio de opinión pública europea empeoran respecto al año pasado: Europa pierde confianza. El Reino Unido sigue liderando la oleada de euroescepticismo, pero nuevos países se añaden para desconcierto general: Italia, República Checa y Turquía. En el otro extremo de satisfacción encontramos a Irlanda, Luxemburgo y los Países Bajos. ¿Qué diferencia sus vidas y sus perspectivas?

El Reino Unido, la isla soberana

Año de entrada: 1973. PIB por habitante: 32.860 dólares

El caso del Reino Unido es el más serio: tan sólo el 34% considera abiertamente positivo formar parte de la Unión. Su euroescepticismo es casi legendario: si bien son partidarios del libre mercado, se oponen a una centralización de la burocracia y de las políticas. También hay cierto sentido de superioridad (en influencia política, en tradición jurídica, como potencia económica, etc.) que hace que el Reino Unido rechace amoldarse a la Unión.

Si bien desde siempre el Partido Laborista, en el poder en la actualidad, tendía al euroescepticismo, el primer ministro, Tony Blair, se ha mostrado más bien partidario de un acercamiento a la UE. Sin embargo, el pueblo británico no parece estar de acuerdo, y este malestar encuentra su fiel reflejo en la blogosfera.

Italia, la nueva euroescéptica

Año de entrada: 1957 (miembro fundador) / PIB por habitante: 28.094 dólares

Por primera vez, la satisfacción italiana se sitúa por debajo de la media de la UE: sólo un 47% de los italianos cree que estar en la Unión les ha aportado algún beneficio. La razón del desencanto actual de los italianos puede que haya que buscarla en su percepción de la economía del país: el 69% considera encontrarse en una situación negativa –aunque el año pasado este porcentaje era todavía más alto: un 76%.

Según el estudio, los italianos consideran que en general la globalización no ha ayudado al desarrollo de su economía ni a sus oportunidades laborales, y la ven más bien como una amenaza (39% de los encuestados). No obstante, la encuesta se llevó a cabo en septiembre y no pudo predecir la recuperación económica del país de finales de año.

La República Checa conservadora de Václav Klaus

Año de entrada: 2004 / PIB por habitante: 20.606 dólares

El caso de Chequia, que sólo lleva tres años en la UE, es paradójico: ¿Por qué en un país que acaba de entrar en el club europeo sólo la mitad de los ciudadanos cree que “es bueno” pertenecer a la Unión? Su presidente, el economista conservador y euroescéptico Václav Klaus, puede ser parte de la explicación. En el año 2000, Klaus ya puso en duda la idoneidad de ingresar en la Unión, por miedo, entre otros, a que se pudiese deteriorar la identidad y soberanía checas. Hace falta recordar que como país independiente y soberano, la República Checa tiene sólo 38 años en su haber.

Poco después de su adhesión, el porcentaje de checos que estaban muy satisfechos con su vida aumentó, y se ha mantenido hasta hoy día. Aun así, los niveles (13%) siguen siendo muy inferiores a la media europea. No obstante, la mayoría confía en que la cosa mejore en los próximos meses, y un 63% admite que el ingreso ha tenido consecuencias positivas en su economía, como un aumento de la competitividad de su tejido empresarial. (El 50% considera la globalización una buena oportunidad para la República Checa.)

El agradecimiento por el milagro irlandés

Año de entrada: 1973 / PIB por habitante: 38.850 dólares

Irlanda es el país que alimenta los sentimientos más tiernos hacia a la UE: casi ocho de cada diez ciudadanos se sienten contentos de formar parte de ella, y un incomparable 87% cree que ha sido beneficioso para Irlanda. Valoran como muy positivo el aumento de su influencia en el mundo, el incremento de su calidad de vida, el trabajo y la economía en general.

Irlanda obtuvo importantes dotaciones de fondos estructurales de la UE, que se invirtieron en infraestructuras, trabajo y educación, colaborando en su vertiginoso crecimiento durante la segunda mitad de la década de los noventa. El PIB irlandés en 1973 rondaba los 5.000 euros por habitante; ahora supera los 32.000.

El cansancio turco

Año de entrada: candidato a la adhesión / PIB por habitante: 7.711 dólares

Turquía es un país que lucha por entrar en la Unión donde, no obstante, sólo el 54% de los ciudadanos cree que su entrada sería positiva. La cadena de obstáculos y altas exigencias que ha impuesto Bruselas parecen haber calado hondo en el pueblo turco. La actitud de repulsa europea es considerada humillante: sólo un 28% de los europeos está a favor de su ingreso.

La evolución del desencanto turco pone de manifiesto su cansancio: en 2005, el 55% de los turcos creía que entrar en la UE les sería positivo. En 2006, sólo un 44% lo piensa. Turquía pierde la fe en el proyecto europeísta –o le cuesta más creer que algún día formará parte-.

Datos de PIB por habitante 2005 [en dólares]: OCDE Factbook 2007 (a precios constantes y paridad de poder de compra)