Ser Queer en Túnez: ¿Eres maricón?

Artículo publicado el 4 de Marzo de 2014
Artículo publicado el 4 de Marzo de 2014

Son jó­ve­nes, queer* y su­fren. Tres años des­pués de la Pri­ma­ve­ra Árabe, la pluma y la bi­se­xua­li­dad si­guen sien­do no sólo un tabú en Túnez, sino que ade­más están pe­na­li­za­das. A pesar de todo esto, la joven ge­ne­ra­ción queer lucha por sus de­re­chos, pero le falta unión, es­tra­te­gia y valor para ini­ciar un mo­vi­mien­to con fuer­za.

En enero de 2011, du­ran­te las ma­ni­fes­ta­cio­nes con­tra el dic­ta­dor Ben Ali, su­ce­dió algo es­pe­cial: los jó­ve­nes tu­ne­ci­nos sa­ca­ron por pri­me­ra vez en pú­bli­co las ban­de­ras del ar­coí­ris. Aquel mo­men­to re­pre­sen­tó un sím­bo­lo del cam­bio. Ràm'y guar­da una foto de ese día en su por­tá­til. La mues­tra or­gu­llo­so en una ca­fe­te­ría en La Marsa, la ciu­dad más chic de Túnez. No le mo­les­ta que otras per­so­nas la vean, por­que allí no es ne­ce­sa­rio es­con­der­se. Se trata de un lugar de es­ti­lo hips­ter, con una clien­te­la joven, aco­mo­da­da y con es­tu­dios. Si no fuese por la brisa me­di­te­rrá­nea que sopla por la te­rra­za, po­dría­mos pen­sar tran­qui­la­men­te que la ca­fe­te­ría se en­cuen­tra en Ber­lín o en París.

Ràm'y está sen­tan­do, fuma y cuen­ta que su madre sabe que es gay. Su padre, en cam­bio, lo ig­no­ra, pero a él le es in­di­fe­ren­te, vive su vida. En Fa­ce­book cuel­ga fotos y co­men­ta­rios sobre gays, bi­se­xua­les y les­bia­nas. Ade­más no tiene pelos en la len­gua, in­clu­so cuan­do per­ci­be cier­to ma­les­tar ge­ne­ral y re­ci­be no­ti­fi­ca­cio­nes del tono "¿eres ma­ri­cón?". "Quie­ro que la gente se acos­tum­bre a ello. Con el tiem­po, la ho­mo­se­xua­li­dad será algo nor­mal", dice Ràm'y. A pesar de sus 20 años, habla de forma sor­pren­den­te­men­te ma­du­ra. Tiene gran­des as­pi­ra­cio­nes y desea que en un fu­tu­ro la cul­tu­ra queer lo tenga más fácil en Túnez. "Me gus­ta­ría que tu­vié­se­mos más opor­tu­ni­da­des: un or­gu­llo gay, gru­pos de au­to­ayu­da, más acep­ta­ción".

Se trata del fu­tu­ro de jó­ve­nes cuya iden­ti­dad se­xual ha re­ci­bi­do y re­ci­be des­pre­cio por parte del es­ta­do y la so­cie­dad tu­ne­ci­nos. El pá­rra­fo 204 del Có­di­go Penal con­de­na hasta con tres años de pri­sión a aque­llas per­so­nas que man­ten­gan una re­la­ción se­xual con per­so­nas del mismo sexo, aun­que esto se apli­ca en pocos casos. Sin em­bar­go, re­cuer­da que los gays y bi­se­xua­les siem­pre serán víc­ti­mas de per­se­cu­ción, por­que para la so­cie­dad tu­ne­ci­na esto es igual de tabú que ser tran­se­xual.

DOS VECES CA­SA­DO POR UNA APA­REN­TE VIDA HE­TE­RO­SE­XUAL

Eso es lo que ha vi­vi­do Methi (nom­bre cam­bia­do por la re­dac­ción). Vive a dos horas y media de Túnez. Ne­ce­si­ta estar dis­tan­cia­do de su fa­mi­lia y "res­pi­rar aire fres­co". Desde su apar­ta­men­to uni­per­so­nal dis­fru­ta de vis­tas al mar de una ciu­dad tu­rís­ti­ca de la costa este tu­ne­ci­na. En su apar­ta­men­to cuel­gan óleos pe­que­ños, bos­ques ver­des ale­ma­nes. A Methi le en­can­ta Ale­ma­nia, un país en el que vivió siete años y donde es­tu­dió Fi­lo­lo­gía ger­má­ni­ca. Fue la etapa de su vida en la que gozó de más li­ber­tad, cuen­ta. Ahora tiene 35 años. Desde la pu­ber­tad, tiene claro que es bi­se­xual, aun­que sien­te pre­fe­ren­cia por los hom­bres. Una sa­li­da del ar­ma­rio como la ac­tual no en­tra­ba en sus es­que­mas por aquel en­ton­ces: "de­ma­sia­do pe­li­gro­so". Pre­sio­na­do por su fa­mi­lia, se casó dos veces con la misma mujer, con la que ac­tual­men­te tiene un hijo. Se ha se­pa­ra­do dos veces y ahora vive solo. 

La re­vo­lu­ción ha cam­bia­do muy poco para él, al igual que para mu­chos otros gays y bi­se­xua­les tu­ne­ci­nos que su­pe­ran la trein­te­na. "La si­tua­ción para los ho­mo­se­xua­les bajo el man­da­to de Ben Ali no era tan di­fí­cil", dice Methi. Él temía sobre todo un em­peo­ra­mien­to en el caso de que el lado con­ser­va­dor de ten­den­cia sa­la­fis­ta en­san­cha­se su poder.

Por eso para Methi está claro: se vol­ve­rá a casar y vol­ve­rá a tener una vida apa­ren­te­men­te he­te­ro­se­xual. La si­tua­ción para los jó­ve­nes tu­ne­ci­nos es mejor: "in­ter­net no sólo ha traí­do hasta aquí la re­vo­lu­ción, sino que tam­bién ha reuni­do a per­so­nas con el mismo modo de pen­sar". "Esa es la au­tén­ti­ca re­vo­lu­ción", opina. 

CON­DE­NA­DA LA PRI­ME­RA RE­VIS­TA QUEER

In­ter­net es el lugar a tra­vés del cual los miem­bros de la cul­tu­ra queer co­nec­tan. La co­mu­ni­dad de citas Pla­ne­tromeo pone a hom­bres en con­tac­to, ya sea para sexo, para bus­car una re­la­ción o para hacer nue­vas amis­ta­des. En Fa­ce­book mu­chos queers tie­nen un se­gun­do per­fil anó­ni­mo para re­la­cio­nar­se y or­ga­ni­zar­se. Del mismo modo tam­bién hay pá­gi­nas como Kelmty, la pri­me­ra or­ga­ni­za­ción tu­ne­ci­na LGBT on­li­ne. Asi­mis­mo, un grupo de ac­ti­vis­tas ha fun­da­do la pri­me­ra re­vis­ta queer tu­ne­ci­na Gay­Day­Ma­ga­zi­ne. Pero tras el boom de su pu­bli­ca­ción, ape­nas se ha ac­tua­li­za­do, ya que el mi­nis­tro tu­ne­cino de De­re­chos Hu­ma­nos la con­de­nó pú­bli­ca­men­te. “Desde en­ton­ces su fun­da­dor vive con miedo y se muda de casa cada dos meses, para que no lo en­cuen­tren”, dice Ali.

Este joven de 25 años tra­ba­ja, entre otras cosas, como ad­mi­nis­tra­dor web de la re­vis­ta y ade­más es miem­bro ac­ti­vo de Am­nis­tía In­ter­na­cio­nal. Se trata de uno de esos jó­ve­nes tu­ne­ci­nos que tie­nen mucha vi­si­bi­li­dad en la red y que lu­chan por una mayor de­mo­cra­ti­za­ción. En vez de pasar las no­ches de­lan­te de la te­le­vi­sión, asis­te a de­ba­tes en cen­tros cul­tu­ra­les al­ter­na­ti­vos. Sus ami­gos no sólo están para pasar el rato, sino que quie­ren mo­ver­se jun­tos, tam­bién por los de­re­chos de los queers. Pero hace falta tiem­po. Ali es­pe­ra a que lle­gue el mo­men­to ade­cua­do. Eso lo di­fe­ren­cia del resto de jó­ve­nes que tras la re­vo­lu­ción em­pren­die­ron ini­cia­ti­vas rá­pi­da­men­te: "Todos han em­pe­za­do algo, sin saber a lo que po­drían lle­gar con­cre­ta­men­te".

IN­CLU­SO EN LA CO­MU­NI­DAD FALTA SO­LI­DA­RI­DAD

Al con­tra­rio, el com­por­ta­mien­to de Ali es más so­se­ga­do. Hasta el mo­men­to ha ana­li­za­do cómo po­dría ser la es­tra­te­gia para crear el mo­vi­mien­to queer. Habla con ac­ti­vis­tas de otros paí­ses, atien­de con­se­jos, in­ten­ta co­nec­tar­se con otros queer. Es­pe­cial­men­te esto úl­ti­mo no es fácil. Mu­chos tie­nen miedo de que su com­pro­mi­so se con­vier­ta en una sa­li­da del ar­ma­rio in­vo­lun­ta­ria y obli­ga­to­ria. Ade­más, to­da­vía no exis­te una co­mu­ni­dad só­li­da que actúe en nom­bre de todos. Por ejem­plo, en las di­fe­ren­tes par­tes de Túnez hay gru­pos in­for­ma­les de gays y les­bia­nas. No obs­tan­te, éstos están en com­pe­ten­cia con­ti­nua unos con otros. “Y es que si no somos so­li­da­rios entre no­so­tros será di­fí­cil re­ci­bir so­li­da­ri­dad de fuera”, dice Ali.

Para él, tres años des­pués de la re­vo­lu­ción, es­ta­mos sólo ante los al­bo­res del mo­vi­mien­to queer. Pero el tiem­po apre­mia, por­que si no to­da­vía más queers como Methi es­ta­rían con­de­na­dos a un ma­tri­mo­nio y vida mo­dé­li­ca for­za­dos por tabús so­cia­les. Nada desea­ble.

*Queer: la teo­ría queer es una hi­pó­te­sis sobre el gé­ne­ro y la se­xua­li­dad, según la cual la iden­ti­dad se­xual es el re­sul­ta­do de una cons­truc­ción so­cial y, por tanto, es va­ria­ble.

Este re­por­ta­je forma parte del Dos­sier Eu­ro­med Re­por­ter lle­va­do a cabo por Ca­fé­Ba­bel en la ciu­dad de Túnez.