Serbia-Montenegro: unidos a su pesar

Artículo publicado el 14 de Octubre de 2004
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Artículo publicado el 14 de Octubre de 2004

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El nuevo Estado de Serbia-Montenegro lo ha querido Occidente y sobretodo la Unión Europea para evitar nuevas divisiones. ¿Aguantarán los apuntalamientos europeos de aquí a la adhesión?

¿El Estado de Serbia-Montenegro en la UE? La declaración de la cumbre europea de Tesalónica en en junio de 2003 atribuyó por fin la calidad de futuros candidatos a los países de la exYugoslavia. Nadie cuestiona ya su adhesión tarde o temprano, un destino envidiable comparado a de Ukrania, Moldavia o incluso Turquía. Para Serbia-Montenegro no será sino cuestión de tiempo.

El consenso planea sobre los representantes de los partidos políticos serbios, desde los demócratas a los radicales: durante la campaña de las últimas elecciones presidenciales, todos los candidatos se mostraron a favor del ingreso en la UE en sus programas. Esto permite ahorrarse un debate, pero esconde opiniones matizadas y solapadas a la sombra de los discursos oficiales. Cuanto más lejana se coloca la fecha de posible adhesión, más fácil es tirar el sombrero al aire sin comprometerse realmente. Se explica así porqué las exigencias planteadas por la Comisión Europea para considerarlos candidatos «sinceros» se topan con tantas dificultades. También las relaciones entre Serbia y Montenegro se hallan en tela de juicio.

¿De quién es la culpa?

El Estado común de Serbia-Montenegro ha revelado durante los últimos dos años disfunciones en su seno que han dañado seriamente el arranque del proceso de estabilización y asociación, posponiendo de modo sistemático el lanzamiento del estudio de fiabilidad, condición previa a toda negociación de dichos acuerdos. Mientras Croacia y Macedonia lo han firmado, Albania ha comenzado las negociaciones y Bosnia-Herzegovina ha visto aprobado su estudio de fiabilidad por la Comisión en 2003; Serbia-Montenegro sigue siendo el alumno menos aventajado.

¿Porqué? Pues porque el lanzamiento de estos estudios se hallaba condicionado al refuerzo del Estado común. Sobretodo a la supresión de los aranceles entre Serbia y Montenegro, asunto sobre el que las dos repúblicas no deciden ponerse de acuerdo. Se han acusado mutuamente de retrasar los progresos para ingresar en la UE: acusando Podgorica a Belgrado de mala fe en su colaboración con la Corte penal internacional para la antigua Yugoslavia (TPIY), y en sentido inverso, Serbia considera a Montenegro como un obstáculo económico en la materialización del esfuerzo de adaptación. La tradicional voluntad de la comunidad internacional de mantener en el seno de un mismo Estado a Serbia, Montenegro y Kosovo parece cada vez menos realista.

Doble vía

La Comisión europea ha decidido revisar el ejercicio: en septiembre de 2003, adoptó una nueva orientación denominada «doble vía» (twin track en inglés). A la vez que reafirmó la importancia de negociar sólo con el Estado de Serbia-Montenegro, la Comisión preparó disociadamente las reformas, así como una integración económica que pudiera separarse. Esta declaración, aun siendo poco clara sobre las modalidades de realización de una integración separada en un Estado común, ha tenido en Serbia y Montenegro una buena acogida: podría desbloquear la situación.

¿No se basarán estas resistencias en algo más profundo y propio de Serbia, que pudiera desconfiar de Occidente? La historiadora Dubravka Stojanovic define esta actitud antioccidental como «un tipo de igualitarismo antiindividualista, antiurbano, antiintelectual, antimoderno y antireformador» (1) que se place en camuflar tras un discurso proeuropeísta el rechazo de la mayoría de las condiciones propuestas por la UE y de sus valores.

Las raíces de esta postura pudieran estar –según la historiadora- en la más atávica historia de Serbia, desprovista además para encarar este fenómeno de partidos políticos funcionales: «los partidos políticos creados a finales del siglo XIX y los que nacieron al final del siglo XX aparecieron del mismo modo. En ninguno de los casos han representado los intereses de grupos sociales; antes bien, han nacido de conflictos –personales en muchos casos- en el seno de la elite intelectual de la capital» (2).

La hora de la elección

El culebrón con suspense que ha precedido la formación del gobierno de Kostunica entre diciembre de 2003 y marzo de 2004, ha desvelado el triste espectáculo del mercadeo sin fin entre antiguos amigos y nuevos enemigos. Es más, la elección presidencial del mes de junio pasado ha puesto en evidencia una rivalidad encarnizada entre las dos principales fuerzas democráticas: el DS (Partido Democrático) del Presidente Boris Tadic y el DSS (Partido Democrático de Serbia), más conservador, de Vojislav Kostunica, que no han colaborado para frenar a los radicales del nacionalista Tomislav Nikolic sino a última hora, en el marco de una alianza de ocasión poco convincente.

La apatía en la sociedad civil y el aísalmiento consular de los que es víctima el país no ayuda a progresar en materia de cooperación regional, ni a poner en práctica un trabajo de veracidad histórica sobre los acontecimientos de la década de los 90’.

Ha llegado la hora de que elijan: o bien la adopción de una estrategia de reformas hacia la UE, o proseguir su propio camino a contracorriente de Europa y sus valores y lleno de inconvenientes para su rehabilitación.

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(1) Dubravka Stojanovic, artículo publicado en «Radiographie d’un

nationalisme - les racines serbes du conflit yougoslave », Edición

bajo la dirección de Pascale Delpech, Editorial l’Atelier/Editions Ouvrières, París, 1998.

(2) Entrevista publicada en la revista franco-serbia «Contrastes», n°2, verano de 2004.