Sesión de apertura del Festival de Cine de Bruselas

Artículo publicado el 6 de Agosto de 2016
Artículo publicado el 6 de Agosto de 2016

Atención, este artículo no ha sido revisado ni publicado en ningún grupo

El Festival de Cine de Bruselas abrió sus puertas el viernes pasado en Place Flagey. Decenas de cinéfilos han dejado a un lado el Euro y la pequeña pantalla para saciar su hambre de películas. CaféBabel ha estado allí.

El primer semestre de 2016 resultó delicado para Bélgica; las huelgas y los atentados son solamente algunos ejemplos de las dificultades a las que el país ha tenido que hacer frente. Es por esto que Ivan Corbisier, director del festival, ha inaugurado el festival. Ha recordado la importancia de la cultura para superar los desafíos actuales, pocas horas después del homicidio de Jo Cox en Inglaterra.

Esta visión se observa también en la identidad de dos invitados, que además intervienen en la sesión. El primero, el realizador Volker Schlöndorff, es una de las figuras del nuevo cine alemán de los años 90. Sus películas han estado siempre muy comprometidas con la lucha contra el terrorismo. Después de su intervención, afirmó que los festivales eran extremadamente importantes para preservar el cine.

El segundo invitado, el actor y humorista Guy Bedos, que enseguida se ha hecho notar preguntándose qué era lo que hacía aquí y provocando risas en el público, poco antes de tomarla con el primer ministro francés Manuel Valls : "Tengo ganas de coserle la boca". El actor será homenajeado mañana con motivo de una velada en el teatro 140.

La Pazza Gioia

Es la película La Pazza Gioia, del realizador italiano Paolo Virzì, la que ha abierto el evento y ha suscitado la hilaridad además de un puñado de emociones. Dos mujeres ocupan los papeles principales: la rotunda Valeria Bruni Tedeschi, que ya había actuado en la película Les opportunistes del mismo realizador, y la convincente Micaela Ramazzotti, verdadera musa de su marido Paolo Virzì, haciendo un papel de mujer vulgar que interpreta de maravilla.

Dos amigas particulares, dos locuras complementarias que, de un momento a otro, convierten la sonrisa en seriedad y nos hace reflexionar sobre la forma de ver a los enfermos mentales. Esta película nos sumerge dentro de los sentimientos de las protagonistas, y especialmente en el amor. "Creía que iba a quedarme dormido”, me ha dicho mi vecino al acabar la película mientras se secaba las lágrimas.

“El mundo está dividido en dos: los que son malvados, o sea la mayoría de la gente, y los que no lo son, como yo”, suelta la actriz Valeria Bruni Tedeschi en la película. A la pregunta “¿A dónde vamos?”, planteada por esta última, Micaela Ramazzotti responde “Buscamos un poco de felicidad”. La felicidad, el desafío que cada uno de nosotros busca en su vida, pensándolo lejos e inaccesible.

Una de ellas, Valeria Bruni Tedeschi, ha crecido en una familia acomodada, pero no ha sido capaz de encontrar la felicidad a pesar del dinero del que disponía, prefiriendo seguir a un criminal que la ha hecho perder toda su fortuna y también la de su familia. La otra, Micaela Ramazzotti, ha sido abandonada por su padre, siempre ausente, y descuidada por una madre incapaz de hacerse cargo de sí misma. Las dos protagonistas se cuentan sus respectivas vidas durante unos de los momentos más emotivos de la película. Cuando Micaela Ramazzotti afirma “nací triste”, su interlocutora le responde “yo también”, traduciendo una realidad: no importa el medio social de procedencia de uno mismo, la falta de respaldos afectivos conduce a la tristeza.

Esta película es una especie de retrato de Italia. Hay referencias a la corrupción y al dinero en réplicas como “Recuerda que esto es Italia” o “En la vida, lo que importa, son los contactos”, y las referencias a la Bota son múltiples. No olvidemos que esta película trata sobre la psiquiatría y que, por lo tanto, se puede encontrar un particular eco en el país natal de Franco Basaglia. Nos debe hacer reflexionar sobre la medicina y sobre las diferentes terapias para curar las enfermedades psiquiátricas, que a veces no son las más adecuadas.

Pero este largometraje marca, sobre todo, el comienzo de la orgía cinematográfica que está por llegar a Place Flagey.