Sevilla:  Clases de baile en el banco del tiempo

Artículo publicado el 3 de Abril de 2014
Artículo publicado el 3 de Abril de 2014

Al pa­re­cer, la cuna del fla­men­co se en­cuen­tra en el ba­rrio se­vi­llano de Tria­na. Allí la gente asis­te a cla­ses de fla­men­co en un banco, el Banco del Tiem­po, donde se in­ter­cam­bian diferentes pres­ta­cio­nes de ser­vi­cios. He vi­si­ta­do el Banco en Se­vi­lla para ver si real­men­te fun­cio­na. No llevé di­ne­ro para ello.

Cada jue­ves por la tarde tiene lugar una reunión del Banco del Tiem­po en el Cen­tro Cí­vi­co en Tria­na. El Cen­tro Cí­vi­co, como punto de en­cuen­tro, es una no­ve­dad. Ade­más, a lo largo de nues­tra en­tre­vis­ta, y qui­zás por ello, esta vez se en­cuen­tra even­tual­men­te más bien vacío y tran­qui­lo, al menos la sala de reunio­nes. En la sala de al lado se oye mú­si­ca com­bi­na­da con ta­co­neos y pal­mas: Se está im­par­tien­do una clase de se­vi­lla­nas para per­so­nas ma­yo­res.

Los co­mien­zos en el mo­vi­mien­to de pro­tes­ta

Eva Ma­ri­no, una de las ini­cia­do­ras del Banco del Tiem­po, habla de los co­mien­zos y del ori­gen, que se re­mon­tan al Mo­vi­mien­to 15M. Tras la pri­me­ra olea­da se reunie­ron en un prin­ci­pio co­mi­sio­nes ais­la­das, en el marco de las cua­les se re­fle­xio­nó y se de­ba­tió sobre al­ter­na­ti­vas eco­nó­mi­cas. De ahí sur­gió al final la idea

de crear un banco de tiem­po. Se que­ría hacer y cons­truir algo con­cre­to que de ver­dad con­ti­nua­ra ayu­dan­do. El prin­ci­pio es sen­ci­llo: in­ter­cam­bio de una hora de un ser­vi­cio por una hora de otro tipo de ser­vi­cio, la cuen­ta es sim­ple. Aquí se trata sobre todo de so­li­da­ri­dad mutua, no de un in­te­rés pu­ra­men­te eco­nó­mi­co. Así, el banco con­sis­te en ofre­cer un apoyo mutuo en tiem­pos de cri­sis. No todo el mundo tiene di­ne­ro, pero sí al­gu­na ha­bi­li­dad que ofre­cer e igual­men­te, como mo­ne­da de cam­bio, algo que se ne­ce­si­ta. Rige el prin­ci­pio de la ayuda re­cí­pro­ca: for­ma­ción adi­cio­nal, ta­lle­res, cla­ses, etc. Es­pe­cial­men­te son de­man­da­dos los in­ter­cam­bios lingüís­ti­cos, pero tam­bién la ayuda con las ta­reas del hogar, el acom­pa­ña­mien­to de per­so­nas ne­ce­si­ta­das, tra­ba­jos de tra­duc­ción, de cos­tu­ra, de pe­lu­que­ría y mucho más. Exis­te una pá­gi­na web donde puede in­for­marse y re­gis­trar­se uno mismo per­so­nal­men­te. Ac­tual­men­te hay al­re­de­dor de 160 per­so­nas re­gis­tra­das en el Banco del Tiem­po. Al prin­ci­pio sólo eran unas 70. Este prin­ci­pio goza de una gran acep­ta­ción y, más allá de re­ci­bir o pres­tar un ser­vi­cio, este tipo de in­ter­cam­bio es un por­ta­dor de es­pe­ran­za e in­clu­so una te­ra­pia. Así, se ex­pe­ri­men­ta que los demás están ahí para uno, que le pue­den ayu­da­r y que uno mismo tam­bién puede ayu­dar, lo que hace que au­men­te la au­to­es­ti­ma. 

Desde hace algún tiem­po, este in­ter­cam­bio se lleva a cabo en gru­pos. Una clase de gui­ta­rra con seis alum­nos tiene lugar allí cada día du­ran­te una hora. Cada alumno paga con una hora de la pres­ta­ción de su ser­vi­cio per­so­nal.

Fren­te a la pre­gun­ta de si un sis­te­ma al­ter­na­ti­vo sin di­ne­ro puede exis­tir a nivel más ge­ne­ral en el seno de un sis­te­ma ca­pi­ta­lis­ta, la misma ini­cia­do­ra tiene sus dudas. A ni­ve­les re­du­ci­dos fun­cio­na bien, pero a ni­ve­les de mayor es­ca­la todo se vuel­ve cla­ra­men­te más com­pli­ca­do.

Aquí tam­bién nació el fla­men­co

Salvo una ex­cep­ción, no hay coope­ra­cio­nes con otros ban­cos de tiem­po hasta ahora. Bien se po­dría ima­gi­nar uno la cons­truc­ción de todo el con­jun­to. Por el mo­men­to, nos con­cen­tra­mos en Se­vi­lla. Allí se ha pen­sa­do igual­men­te en tra­ba­jar, de forma con­jun­ta y si­guien­do el mismo prin­ci­pio, con ins­ti­tu­cio­nes del ám­bi­to so­cia, como en el cui­da­do de per­so­nas ma­yo­res -muy de­man­da­do-, así como en la ayuda en co­le­gios e ins­ti­tu­cio­nes para niños. Sin em­bar­go, la ini­cia­ti­va Banco del Tiem­po no cuen­ta con el apoyo de la ciu­dad, al menos hasta ahora. Eva Ma­rino cree que Tria­na, en su papel de lugar de na­ci­mien­to del Banco del Tiem­po, en­ca­ja muy bien: aquí no sólo nació el fla­men­co sino que, ade­más, es el punto de en­cuen­tro de la gente que que se in­tere­sa por las al­ter­na­ti­vas, por los in­ter­cam­bios, por el otro. Yo misma vivo como ale­ma­na ex­pa­tria­da en Bar­ce­lo­na y co­noz­co el es­ca­so nú­me­ro de ofer­tas de tra­ba­jo y su co­rres­pon­dien­te re­mu­ne­ra­ción. Ade­más, per­te­nez­co a aque­llos que in­ten­tan en­con­trar un ca­mino para vivir con y en esta si­tua­ción y, de al­gu­na ma­ne­ra, ha­cer­lo lo mejor po­si­ble. Co­no­cía mu­chos mo­vi­mien­tos al­ter­na­ti­vos, pero hasta ahora nada con­cre­to sobre un banco del tiem­po, cuyo mo­de­lo tam­bién se puede en­con­trar en Bar­ce­lo­na. Así pues, co­rren bue­nos tiem­pos para el Banco del Tiem­po en Es­pa­ña.    

Este ar­tícu­lo forma parte de una edi­ción es­pe­cial de­di­ca­da a Se­vi­lla y rea­li­za­da en el marco del pro­yec­to 'eu-to­pia time to vote' ini­cia­da por ca­fé­ba­bel en co­la­bo­ra­ción con la fun­da­ción hip­po­cre­ne, la co­mi­sión eu­ro­pea y el mi­nis­te­rio de asun­tos ex­te­rio­res fran­cés.