Sevilla, cooperativas jóvenes contra la crisis

Artículo publicado el 9 de Abril de 2014
Artículo publicado el 9 de Abril de 2014

Su pe­que­ña em­pre­sa no co­no­ce la cri­sis. En Se­vi­lla, Mayte, Ale­jan­dro y Ana tu­vie­ron la loca idea de mon­tar su pro­pia com­pa­ñía a pesar de que la eco­no­mía es­pa­ño­la se es­ta­ba hun­dien­do. A día de hoy si­guen en pie, con un punto en común: la coope­ra­ti­va.

Tanto en Fran­cia como en Es­pa­ña, la "coope­ra­ti­va" nos re­cuer­da más a me­nu­do a vi­ña­do­res bi­go­tu­dos que a jó­ve­nes em­pre­sa­rios. Pen­sa­mos, sobre todo, en un mo­de­lo de uto­pía post-ochen­te­ra, dis­pues­ta a tirar la toa­lla cuan­do el ma­ña­na no pinta bien. Sin em­bar­go, en An­da­lu­cía, re­gión du­ra­men­te azo­ta­da por la cri­sis, las coope­ra­ti­vas cre­cen como setas. Lejos de li­mi­tar­se a la agri­cul­tu­ra sin com­pli­ca­cio­nes (que sólo re­pre­sen­ta el 14% de las coope­ra­ti­vas es­pa­ño­las), des­cu­bri­mos que "coop" tam­bién se con­ju­ga con 2.0. El prin­ci­pio es sim­ple: tres so­cios como mí­ni­mo que con­tri­bu­yen a par­tes igua­les, poder de de­ci­sión es­ta­ble­ci­do equi­ta­ti­va­men­te, nada de je­rar­quía. Con­tra­ria­men­te a una em­pre­sa clá­si­ca, los tra­ba­ja­do­res tam­bién in­vier­ten, y están im­pli­ca­dos en todas las eta­pas de pro­duc­ción.

Lejos de los cli­chés, la "Coop" versión 2.0

En un ba­rrio mo­derno a las puer­tas de la ciu­dad tra­ba­jan Ana y Ale­jan­dro, jefes de Mar­ke­ting On­li­ne. Iro­nías del des­tino: el com­ple­jo si­tua­do en Ave­ni­da Tec­no­lo­gía y cons­truí­do justo antes de la cri­sis para al­ber­gar em­pre­sas se en­cuen­tra medio de­sier­to. Los dos so­cios de­ci­die­ron dar el paso a pesar de que sus tra­yec­to­rias eran com­ple­ta­men­te di­fe­ren­tes. Ana, de 40 años, fue una de las úl­ti­mas en dejar su agen­cia de co­mu­ni­ca­ción antes de que ésta echa­se el cie­rre de forma de­fi­ni­ti­va. A sus 27 años, Ale­jan­dro ya va por su se­gun­da coope­ra­ti­va.

Un ejem­plo de lo que pro­du­ce Mar­ke­ting On­li­ne.

Él siem­pre ha que­ri­do ser su pro­pio jefe, ella ha lle­ga­do a serlo casi por ca­sua­li­dad. Pero, en el mo­men­to de ti­rar­se a la pis­ci­na, una elec­ción pa­re­cía evi­den­te: la de un mo­de­lo coope­ra­ti­vo. No fue por idea­lis­mo, ex­pli­ca Ana: "Nues­tra elec­ción es prag­má­ti­ca. Te­nía­mos un pro­yec­to en común, y la coope­ra­ti­va es lo que más se ajus­ta a nues­tros ob­je­ti­vos eco­nó­mi­cos y hu­ma­nos". Y fun­cio­na: desde su crea­ción, el libro de pe­di­dos de Mar­ke­ting On­li­ne no deja de au­men­tar su vo­lu­men, con una clien­te­la que va desde un ga­bi­ne­te de psi­co­lo­gía a una fá­bri­ca de con­ser­vas.

Va­gi­nas de Cau­cho y te­ra­pia ecues­tre

Laura Cas­tro y Sa­lo­mé Gómez ven cada vez más pro­yec­tos como los de Ana y Ale­jan­dro. Como res­pon­sa­bles de la fe­de­ra­ción an­da­lu­za de las coope­ra­ti­vas en Se­vi­lla (FAEC­TA), con la cri­sis vie­ron evo­lu­cio­nar el per­fil de estos em­pre­sa­rios so­li­da­rios. "Vemos cada vez más em­pre­sas de ser­vi­cios, di­ri­gi­das por jó­ve­nes di­plo­ma­dos, muy bien for­ma­dos". En una re­gión donde la tasa de paro so­bre­pa­sa el 30%, la coope­ra­ti­va apa­re­ce como una al­ter­na­ti­va a la emi­gra­ción. "Em­pren­der se con­vier­te en una ne­ce­si­dad", re­su­men.

An­da­lu­cía es pio­ne­ra en la ma­te­ria. Con sus 3.500 coope­ra­ti­vas, el sec­tor re­pre­sen­ta va­rias de­ce­nas de miles de em­pleos. Entre los que se en­cuen­tra una ma­yo­ría de mu­je­res, in­sis­te Sa­lo­mé Gómez: "Esto se ex­pli­ca por el hecho de que son es­truc­tu­ras que fa­vo­re­cen la igual­dad. El prin­ci­pio es sim­ple e in­va­ria­ble: una per­so­na equi­va­le a un voto. Y en una so­cie­dad donde las mu­je­res con­ti­núan asu­mien­do la mayor parte de las ta­reas do­més­ti­cas, tra­ba­jar en una coope­ra­ti­va per­mi­te con­ci­liar más fá­cil­men­te la vida fa­mi­liar y pro­fe­sio­nal". Lo menos que po­de­mos decir es que los so­cios an­da­lu­ces tie­nen ima­gi­na­ción: Laura y Sa­lo­mé han visto de todo, o casi todo, en los pro­yec­tos apo­ya­dos por la FAEC­TA: de te­ra­pias ecues­tres a va­gi­nas de cau­cho, pa­san­do por ataú­des.

Audacia

Hace casi tres años que Mayte dejó su vida pri­va­da entre pa­rén­te­sis. Co­fun­da­do­ra de la li­bre­ría La ex­tra­va­gan­te, habla con ener­gía de aque­llos que quie­ren con­quis­tar el mundo. Sus ojos re­ve­lan, sin em­bar­go, las horas pa­sa­das ha­cien­do con­ta­bi­li­dad o cla­si­fi­ca­ción. "La gente cree que ser li­bre­ro es que­dar­se sen­ta­do le­yen­do, ¡pero no es ver­dad!", dice rien­do. En otra vida, Mayte fue pro­fe­so­ra de li­te­ra­tu­ra en Puer­to Rico, di­rec­to­ra de re­la­cio­nes pú­bli­cas de un tea­tro y des­pués... li­bre­ra en la FNAC. Fue este el tra­ba­jo que aban­do­nó para crear su li­bre­ría con tres ami­gos.

La vi­va­ra­cha Mayte se lanza a la aven­tu­ra de la "coop" con mu­chos sue­ños y qui­me­ras en los bol­si­llos. Hoy no se arre­pien­te de su elec­ción y asume la parte de lo­cu­ra in­he­ren­te al pro­yec­to. "Tenía mon­to­nes de ilu­sio­nes: todo me pa­re­cía po­si­ble y fácil. Pero, pre­ci­sa­men­te por el hecho de que todos par­tía­mos con el mismo nivel de ig­no­ran­cia, el pro­yec­to fun­cio­nó. Al lle­gar al des­pa­cho téc­ni­co no sabía ni si­quie­ra que podía crear una coope­ra­ti­va, no sabía nada. Los co­mien­zos siem­pre son di­fí­ci­les por­que, in­clu­so aun­que tenga alma de em­pre­sa­ria, ¡los nú­me­ros no son lo mío!".

Ale­jan­dro y Ana, como Mayte, reivin­di­can esa pizca de lo­cu­ra que les llevó a dar el gran salto. Y puede ser que sean estos locos los que le­van­ten poco a poco la eco­no­mía an­da­lu­za. Las ci­fras de la FAEC­TA mues­tran que las coope­ra­ti­vas re­sis­ten mejor a la cri­sis que las em­pre­sas clá­si­cas. Los so­cios, ape­ga­dos a su pro­yec­to, sólo con­tem­plan el cie­rre como úl­ti­mo re­cur­so. Esta di­men­sión so­li­da­ria cobra todo su sen­ti­do en un con­tex­to de cri­sis, donde la em­pre­sa in­di­vi­dual se con­vier­te en algo casi im­po­si­ble, no sólo por ra­zo­nes fi­nan­cie­ras. La otra cara de la mo­ne­da es que mu­chos son los que tra­ba­jan de­ma­sia­do por un sa­la­rio a me­nu­do in­su­fi­cien­te. Sólo queda lo esen­cial, a saber, un sen­ti­mien­to de li­ber­tad com­par­ti­da.

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Este ar­tícu­lo forma parte de una edi­ción es­pe­cial de­di­ca­da a Sevi­lla y rea­li­za­da en el marco del pro­yec­to 'eu-to­pia time to vote' ini­cia­da por ca­fé­ba­bel en co­la­bo­ra­ción con la fun­da­ción Hip­po­cre­ne, la Co­mi­sión Eu­ro­pea y el Mi­nis­te­rio de Asun­tos Ex­te­rio­res fran­cés.