Sevilla, hombres desesperados

Artículo publicado el 7 de Abril de 2014
Artículo publicado el 7 de Abril de 2014

¿Y si la cri­sis en An­da­lu­cía fuese la oca­sión para re­vo­lu­cio­nar un mo­de­lo de fa­mi­lia an­ti­cua­do? En Se­vi­lla, la ma­yo­ría de las mu­je­res asu­men gran parte de las ta­reas do­més­ti­cas y fa­mi­lia­res, sea cual sea su si­tua­ción pro­fe­sio­nal. Sin em­bar­go, el au­men­to del paro, que obli­ga cada vez a más hom­bres a vol­ver a casa, po­dría cam­biar las cosas.

Con más de 40 años, el ma­rro­quí Ahmed ha hecho de todo desde que llegó a Es­pa­ña en 2003: elec­tri­cis­ta, jar­di­ne­ro, ven­de­dor de fru­tas y ver­du­ras, obre­ro, ma­ni­pu­la­dor… Pero en­ton­ces llegó la cri­sis. Como mu­chos otros hom­bres, Ahmed está en casa sin nin­gu­na pers­pec­ti­va de em­pleo. Se en­car­ga de sus hijas de 4 y 6 años, pero se sien­te como un león en­jau­la­do. La si­tua­ción le afec­ta per­so­nal­men­te: "sé que esto da que ha­blar a la gente y no me gusta la ima­gen que da de mí". Ni ha­blar en­ton­ces de en­car­gar­se de las ta­reas do­més­ti­cas, pues es su mujer quien lo hace, a pesar de que tra­ba­ja­ba hasta hace poco en la res­tau­ra­ción.

Para Rocío y Te­re­sa, tra­ba­ja­do­ras so­cia­les, esta si­tua­ción es muy común. Por las sedes de CE­PAIM, una aso­cia­ción si­tua­da en las afue­ras de la ciu­dad, pasan todos los días hom­bres como Ahmed. "Cuan­do la cri­sis afec­tó al sec­tor de la cons­truc­ción, mu­chos hom­bres que se ga­na­ban muy bien la vida se vie­ron, de un día para otro, en el paro. Psi­co­ló­gi­ca­men­te, es muy duro para ellos, pues tie­nen la im­pre­sión de haber per­di­do su es­ta­tus en la so­cie­dad". Ahmed tam­bién sien­te esta pér­di­da de au­to­es­ti­ma y afir­ma que, más ade­lan­te, cuan­do vuel­va a su país, ya no que­rrá vi­si­tar a la fa­mi­lia de su mujer por­que sabe lo que pen­sa­rán de él.

Las mu­je­res son más "em­plea­bles"

En­ton­ces, ¿por qué no acep­tar un nuevo es­ta­tus de amo de casa? Pues, como ex­pli­ca Te­re­sa, "con la cri­sis es más fácil con­tra­tar a mu­je­res, ya que los sec­to­res más fe­mi­ni­za­dos son los menos afec­ta­dos".  Sin em­bar­go, a pesar de la vio­len­cia de la cri­sis, es di­fí­cil para mu­chos hom­bres ima­gi­nar un cam­bio de roles así. Ahmed in­sis­te en que el sim­ple hecho de ha­blar de ello ya es muy duro.

Es­sa­dia, una joven con voz dulce y asi­dua a CE­PAIM dice que su her­mano, de 47 años, tardó 6 años en acep­tar que era su mujer quien tra­ba­ja­ba mien­tras él es­tu­vie­ra en el paro; para él, era con­tra na­tu­ra. Aña­dió que la men­ta­li­dad no cam­bia cuan­do la si­tua­ción es in­so­por­ta­ble, sino que es cues­tión de su­per­vi­ven­cia.

Al­gu­nas pa­re­jas no aguan­tan tanto. El nú­me­ro de se­pa­ra­cio­nes está au­men­tan­do, pero no los di­vor­cios. "¡La gente ya no tiene di­ne­ro!", ex­cla­ma Te­re­sa. El re­sul­ta­do es que las si­tua­cio­nes ab­sur­das se mul­ti­pli­can: al­gu­nas pa­re­jas se­pa­ra­das con­ti­núan vi­vien­do bajo el mismo techo; otras se ven obli­ga­das a vol­ver a casa de sus pa­dres y vivir a costa de ellos. Según Rocío, Te­re­sa, Es­sa­dia y Ahmed, el mo­de­lo fa­mi­liar tra­di­cio­nal va to­da­vía para largo, in­clu­so si la so­cie­dad an­da­lu­za de­be­rá pa­gar­lo caro.

este ar­tícu­lo forma parte de una edi­ción es­pe­cial de­di­ca­da a SE­Vi­lla y rea­li­za­da en el marco del pro­yec­to 'eu-to­pia time to vote' ini­cia­da por ca­fé­ba­bel en co­la­bo­ra­ción con la fun­da­ción hip­po­cre­ne, la co­mi­sión eu­ro­pea y el mi­nis­te­rio de asun­tos ex­te­rio­res fran­cés.